Akiyama junto a dos cosmonautas de la CCCP.

Akiyama junto a dos cosmonautas de la CCCP.

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La increíble historia del primer periodista que viajó al espacio

Toyohiro Akiyama se convirtió en 1990 en el primer japonés y periodista que salía de nuestro planeta, todo a través de un programa de televisión.

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¿Quién no ha soñado de pequeño con convertirse en astronauta y viajar al espacio durante su edad adulta? Lógicamente, esos deseos normalmente son remplazados por otros más alcanzables, aunque hay quién, finalmente, con la dedicación y el empeño adecuados, termina por conseguirlo.

Para ello es necesaria una formación inicial, tanto a nivel físico como intelectual, pues la gran mayoría de astronautas han cursado previamente estudios de física, ingeniería y otras muchas ramas científicas.

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Sin embargo, resulta muy diferente el caso de Toyohiro Akiyama, un periodista japonés que en 1.990 se convirtió en el primer nipón y el primer periodista que conseguía viajar al espacio, todo ello con motivo de un programa de televisión. Y por causas políticas, por supuesto.

De la tele al espacio

Corría el año 1.989 cuando los últimos coletazos de la Guerra Fría comenzaron también a acentuar el deterioro que finalmente terminó con la disolución de la URSS, haciendo peligrar todos los avances que ésta había desarrollado en materia aeroespacial.

Conscientes del problema que supondría para el panorama científico el derrumbe de la Unión Soviética, el canal japonés de televisión TBS, en colaboración con el propio gobierno de los Estados Unidos, ideó un programa de ocio televisivo cuyo protagonista sería un periodista, que sería enviado hasta la estación espacial MIR, bajo la atenta mirada de miles de espectadores.

El elegido para ello fue Toyohiro Akiyama, un periodista de 47 años que había trabajado como reportero en la Guerra de Vietnam e incluso había pasado un tiempo en la BBC de Londres, pero que no tenía absolutamente ningún tipo de preparación para desempeñar el papel de astronauta.

Y quizás ése era su principal atractivo, pues podría ofrecer mucho más espectáculo que alguien de otras características.

Una vez seleccionado, recibió durante todo un año la preparación adecuada, tanto física como  intelectual, y finalmente el 2 de diciembre de 1.990 subió a bordo de la nave Soyuz TM-11, acompañado de cuatro ranas y dos cosmonautas que más tarde afirmaron no haber visto antes a nadie vomitar como él lo hizo durante los dos  días que duró el viaje hacia la Estación Espacial Internacional.

Investigación con ranas

Hacía tres décadas del viaje de la perrita Laika hasta el espacio, pero desde entonces habían sido muchos los animales astronautas que sirvieron para estudiar cómo afectan ciertas características de este tipo de viajes al organismo de los seres vivos.

Por ese motivo, aunque Akiyama y sus compañeros decidieron viajar junto a un grupo de ranas por el simple hecho de ser animales simpáticos, que supondrían un interesante aliciente para el programa de televisión, después de su aterrizaje de nuevo en la Tierra, ochos días después de su salida, los cuatro anfibios fueron a parar a un laboratorio cercano, donde fueron diseccionadas con el fin de investigar si la ingravidez había causado algún tipo de efecto sobre la secreción de algunas sustancias, relacionadas con el control de la presión arterial en humanos.

Una vida de retiro después de la fama

Una vez en Tierra, Akiyama atendió a los medios mientras pedía un café y un cigarrillo, sin perder en ningún momento el sentido del humor.

Muchísima gente había seguido su historia y la hazaña le valió para ascender en la cadena de televisión en la que trabajaba, pero cinco años después decidió abandonar su puesto y retirarse a vivir de la agricultura, en un terreno cerca de Fukushima.

Lamentablemente, el accidente nuclear de 2.011 le obligó a abandonar su nueva vida, por lo que se convirtió en profesor de la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto, donde enseña agricultura con una visión muy negativa hacia las técnicas modernas.

Sin duda viajar al espacio le convirtió en otra persona y, en realidad, no es para menos. A veces los seres humanos necesitan mirar su vida con perspectiva para decidir si es realmente la que quieren que sea. Y otra cosa no, pero hay que reconocer que este hombre perspectiva le puso muchísima.