Un gato pequeño jugando.

Un gato pequeño jugando. Freepik

Ciencia

Los veterinarios coinciden: jugar siempre a lo mismo con tu gato no fortalece más vuestra relación, necesitan variación

Ni más caricias ni más vínculo: los gatos necesitan poder decidir cuándo termina el contacto.

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Repetir siempre el mismo juego hace que los gatos pierdan interés por habituación al estímulo, no por falta de ganas de jugar.

Asociaciones de medicina felina recomiendan rotar los juguetes para evitar el aburrimiento y satisfacer su instinto de caza.

Un estudio en Reino Unido reveló que el 57% de los cuidadores de gatos no rota los juguetes de sus mascotas al menos una vez por semana.

Variar los movimientos del objeto y permitir que la mascota capture la presa son claves para estimular su bienestar y reforzar el vínculo.

Jugar todos los días con un gato es una de las mejores formas de estimularlo y compartir tiempo con él. Pero repetir siempre exactamente el mismo juego, con el mismo juguete y de la misma manera, no necesariamente fortalece más el vínculo. Los gatos pueden habituarse rápidamente a un estímulo repetido y perder interés aunque sigan teniendo ganas de jugar.

Las guías de la American Association of Feline Practitioners y la International Society of Feline Medicine recomiendan precisamente rotar los juguetes para evitar habituación y aburrimiento. El objetivo no es llenar la casa de objetos nuevos continuamente, sino alternar los que ya existen y variar la forma de utilizarlos.

La razón tiene mucho que ver con el comportamiento depredador del gato. Jugar con una caña, perseguir una pelota o buscar un juguete escondido permite reproducir partes de la secuencia de caza: observar, perseguir, abalanzarse y capturar. Pero cuando el estímulo se vuelve completamente predecible, deja de provocar la misma respuesta.

Un experimento clásico publicado en Applied Animal Behaviour Science lo demostró de forma especialmente clara. Los investigadores sometieron a gatos adultos a varias sesiones consecutivas con el mismo juguete. Después de tres sesiones, la respuesta de juego había disminuido hasta casi desaparecer. Sin embargo, cuando en una cuarta sesión sustituyeron ese juguete por otro con características visuales diferentes, los animales volvieron a jugar intensamente.

No pierde las ganas de jugar

Este resultado es importante porque demuestra que la reducción de actividad no significaba necesariamente que los gatos estuvieran cansados o hubieran perdido su motivación general.

Lo que había ocurrido era un proceso de habituación: el estímulo repetido había dejado de resultar novedoso. Al cambiar algunas de sus características, la conducta reapareció inmediatamente.

Esta capacidad explica por qué un juguete nuevo puede resultar fascinante durante unos días y terminar después olvidado debajo de un mueble. Por eso, guardarlo durante un tiempo y volver a introducirlo más adelante puede hacer que recupere parte de su atractivo.

Las recomendaciones veterinarias plantean precisamente utilizar los juguetes de forma rotatoria, en lugar de mantener todos disponibles continuamente. También aconsejan variar el tipo de juego: objetos que se puedan perseguir, juguetes que el gato pueda morder o golpear, escondites donde buscar y cañas que imiten el movimiento de una presa.

Una encuesta publicada en 2025 sobre el manejo de 565 gatos domésticos en Reino Unido encontró además que el 57% de los cuidadores no rotaba los juguetes al menos una vez por semana. Los autores recuerdan que los gatos pueden acostumbrarse a los objetos de juego y dejar de sentirse motivados si permanecen siempre iguales.

Los juguetes interactivos con el cuidador pueden presentar una ventaja adicional. Una caña o pluma no tiene por qué desplazarse siempre de la misma manera: la persona puede modificar su velocidad, dirección y trayectoria. Por eso, los investigadores señalan que la habituación puede ser menor cuando existe interacción humana y movimiento variable. Esto tiene también importancia para la relación entre gato y cuidador.

Las guías veterinarias consideran las interacciones humanas positivas, consistentes y predecibles uno de los pilares del bienestar felino. Compartir sesiones de juego permite ofrecer ejercicio y estimulación al mismo tiempo que el animal relaciona a su cuidador con una experiencia positiva.

Pero “consistente” no significa idéntico.

Se puede mantener una rutina —por ejemplo, jugar todos los días a una hora similar— y variar dentro de ella qué juguete se utiliza, dónde aparece o cómo se mueve. De esta forma, el gato conserva cierta previsibilidad sobre cuándo tendrá la oportunidad de jugar, pero la actividad continúa presentando novedad.

La investigación sobre enriquecimiento ambiental recomienda además permitir que el gato capture finalmente la supuesta presa. Una caña que siempre desaparece antes de que pueda alcanzarla reproduce únicamente una parte de la secuencia de caza. Dejarle abalanzarse y atrapar el juguete permite completar mejor la actividad.

También pueden incorporarse pequeñas recompensas después del juego, esconder juguetes para que tenga que buscarlos o utilizar puzles alimentarios que combinen actividad física y obtención de comida.

No todos los gatos necesitan exactamente la misma variedad ni intensidad. Los jóvenes suelen mostrar una mayor necesidad de actividad, mientras que los mayores pueden seguir queriendo jugar pero necesitar sesiones más suaves o adaptadas a posibles limitaciones físicas.

También existen diferencias individuales. Un animal puede preferir juguetes que se desplazan por el suelo como un pequeño roedor, mientras que otro responderá especialmente a objetos que se mueven en el aire.

Por eso, si un gato deja de reaccionar a un juego que antes le fascinaba, no significa necesariamente que haya perdido interés por interactuar con su cuidador. Puede haberse acostumbrado simplemente a ese estímulo.

La recomendación veterinaria es sencilla: mantener las sesiones de juego, pero introducir variación. Cambiar juguetes, alternarlos, modificar movimientos y permitir que el gato persiga, busque y capture ayuda a conservar su interés.

Porque para fortalecer la relación no hace falta repetir cien veces exactamente el mismo juego. En un animal diseñado para responder a movimientos inesperados y oportunidades de caza, una pequeña dosis de novedad puede mantener mucho mejor las ganas de seguir jugando contigo.