Una mujer poniendo orden en su mesa de trabajo.

Una mujer poniendo orden en su mesa de trabajo. iStock istock

Ciencia

La psicología confirma que los adultos que tienen el escritorio desordenado no son perezosos, sino que son más creativos

Un estudio publicado en la revista 'Psychological Science' ha demostrado que los ambientes desordenados pueden llegar a favorecer las ideas originales.

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P. G. Santos
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Un estudio de la Universidad de Minnesota concluye que un escritorio desordenado favorece la creatividad, la innovación y la búsqueda de soluciones originales.

Los experimentos mostraron que los entornos ordenados fomentan la tradición, el autocontrol y el cumplimiento de las normas, mientras que los caóticos invitan a romper con lo convencional.

Cada tipo de entorno activa una mentalidad distinta: el orden es útil para tareas que requieren disciplina y el desorden funciona como aliado al momento de idear o experimentar.

Los expertos recomiendan no obsesionarse con un solo estilo, sino adaptar el espacio de trabajo en función del tipo de tarea que se vaya a realizar.

Un escritorio cubierto de papeles, tazas y notas no refleja necesariamente una mente caótica. Según la psicología, el desorden visual puede favorecer la creatividad, romper rutinas mentales y empujar a algunas personas a encontrar soluciones más originales y sorprendentes.

La conclusión procede de una investigación publicada en Psychological Science por Kathleen D. Vohs, Joseph P. Redden y Ryan Rahinel, de la Universidad de Minnesota. El título anticipa el hallazgo: el orden favorece la convención; el desorden, la creatividad.

Los autores realizaron tres experimentos para comprobar cómo influye el entorno físico en las decisiones y el pensamiento laboral. Su hipótesis era que los espacios ordenados conducen a la tradición, mientras que los desordenados invitan a romper con ella.

En uno de los experimentos, los participantes debían proponer usos nuevos para una pelota de ping-pong. Quienes trabajaron en una sala desordenada no generaron más ideas, pero sus propuestas fueron calificadas como más creativas y originales por jueces independientes.

No siempre es positivo

"La creatividad se ve favorecida cuando uno se aleja de la tradición, el orden y las convenciones, y un entorno desordenado parece ayudar a las personas a hacer precisamente eso", explican los investigadores. La creatividad se beneficia de abandonar la tradición, el orden y la convención.

El estudio no sostiene que el desorden sea siempre positivo. En la primera prueba, quienes estaban en un ambiente ordenado donaron más dinero y eligieron con mayor frecuencia una manzana en lugar de chocolate, señal clara de mayor autocontrol.

La clave está en que cada entorno activa una mentalidad distinta. Los autores señalan que las señales ambientales "activan diferentes formas de pensar, lo que a su vez da lugar a diferentes resultados": activan mentalidades distintas que siempre benefician resultados muy diversos según la tarea.

En una prueba, los voluntarios eligieron entre un producto clásico y otro descrito como nuevo. Los participantes situados en la sala ordenada prefirieron la opción clásica; los del espacio desordenado eligieron claramente con mucha más frecuencia la opción novedosa.

Para los científicos, el caos aparente puede liberar a la persona de la presión de hacer lo esperado. "Los entornos caóticos parecen inspirar a romper con la tradición, lo que puede dar lugar a nuevas perspectivas.", concluye así Vohs en el estudio científico.

Por el contrario, los espacios impecables favorecen la prudencia. "Los entornos ordenados, por el contrario, fomentan el cumplimiento de las normas y la actitud conservadora.", añade la investigadora. El orden también empuja a seguir convenciones y jugar sobre seguro cuando se exige precisión o disciplina.

Esto no convierte a quien tiene la mesa llena de papeles en un genio creativo. En este sentido, investigaciones posteriores no han replicado de forma consistente el efecto y sugieren que, si existe, sería pequeño y dependería del contexto.

Aun así, el trabajo ofrece un argumento útil contra la culpabilización estética en el ámbito laboral. Un escritorio desordenado puede ser el escenario de alguien que explora ideas, conecta materiales dispares o busca respuestas fuera de los carriles habituales.

La recomendación más razonable no es elegir entre caos absoluto y orden obsesivo, sino adaptar el espacio a la tarea. Para planificar o revisar conviene ordenar; para idear, experimentar o escribir, el desorden puede ser, sorprendentemente, un aliado inesperado.