El calor será extremo en los próximos años.
Los meteorólogos avisan: en 20 años el verano en España durará cinco meses y se comerá a la primavera y al otoño
Dentro de un par de décadas los veranos en España pueden acabar siendo insoportables, con temperaturas extremas.
Más información: Los meteorólogos lo confirman: España se adentra en un nuevo veranillo que dejará temperaturas de más de 30 ºC.
Debido al cambio climático, el calendario estacional está quedando drásticamente alterado y los expertos advierten que, en un plazo aproximado de unos 20 años, el verano se extenderá hasta alcanzar los cinco meses de duración.
Lo peor es que, a pesar de que pueda parecer algo a muy largo plazo, lo cierto es que dos décadas pueden pasar volando y es una tendencia actual que se está acelerando de forma visible.
Los meteorólogos señalan que las temperaturas estivales comenzarán mucho antes y se retirarán más tarde, transformando el clima peninsular y balear en uno mucho más árido y cálido en toda la península -y también en gran parte del mundo-.
Esta preocupante expansión del verano se producirá directamente a costa de la transición climática, provocando la práctica desaparición de la primavera y el otoño. Ambas estaciones, caracterizadas tradicionalmente por temperaturas suaves y lluvias regulares, quedarán reducidas a breves periodos de apenas unas semanas.
¿Adiós al otoño y la primavera?
Además, el paso del frío invernal al calor sofocante se hará de manera más abrupta, eliminando los meses de tregua que permitían que los ecosistemas pudieran respirar un poco entre tantísimo calor, sobre todo la del último verano y los últimos años.
Las consecuencias de este desfase estacional tendrán un impacto crítico en la biodiversidad, la agricultura y los recursos hídricos del país. Los ciclos naturales de las plantas y los animales también se verán gravemente alterados, con floraciones prematuras y cambios en las rutas migratorias.
Y por supuesto, la prolongación del calor extremo durante más meses al año intensificará las sequías crónicas, disminuirá las reservas de agua en los embalses y elevará exponencialmente el riesgo de incendios forestales, que serán más destructivos y difíciles de controlar.
El nuevo panorama climático obligará a una profunda reconstrucción socioeconómica en sectores clave como el turismo y la sanidad, puesto que la población estará más expuesta a golpes de calor y deshidratación.
Los meses de julio y agosto, sin duda, serán los peores tanto para los mismos locales como para los visitantes, y puede que las temporadas altas y bajas acaben cambiando porque será complicado visitar ciudades mientras las olas de calor abrasan las principales urbes y puntos turísticos.
Todavía queda un trecho y hay tiempo para prepararse, pero este último verano puede haber sido solamente una muestra de todo lo que está por llegar, con más días de olas de calor al año y más altas temperaturas en todas partes.