Una generación en crisis.

Una generación en crisis. E.E.

Ciencia

La psicología dice que los adultos que nacieron entre 1980 y 1990 sufren por intentar ser padres y profesionales perfectos

La generación millennial no llega a todo y sufre de una profunda crisis provocada por una feroz autoexigencia.

Más información: La psicología dice que las personas que se disculpan demasiado suelen tener aversión al conflicto con otros.

Publicada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores
LO ESENCIAL
Generado con IA

Los adultos nacidos entre 1980 y 1990 sufren una crisis de agotamiento y frustración por la autoexigencia de alcanzar la perfección tanto en el ámbito profesional como en la crianza.

La precariedad económica y la cultura hipercompetitiva empujan a esta generación al burnout laboral tras haber ingresado al mercado en medio de continuas crisis globales.

La crianza intensiva, alimentada por las redes sociales y la sobreinformación, sobrecarga la salud mental de los padres al anular su espacio personal.

Los psicólogos advierten de la imposibilidad de abarcarlo todo y recomiendan redefinir el concepto de éxito, aprender a delegar y apoyarse en un entorno sólido.

Los adultos nacidos entre 1980 y 1990, los considerados millennials, se enfrentan a una profunda crisis de identidad y agotamiento provocada por la autoexigencia. Al haber crecido, en líneas generales, bajo la premisa de que podían alcanzar el éxito en todas las áreas de su vida, se ven atrapados en la trampa de las expectativas poco realistas.

Este fenómeno se manifiesta en un intento constante por cumplir con estándares desmedidos tanto en sus carreras laborales como en la crianza de sus hijos, lo que genera altos niveles de frustración y fatiga crónica de la que es muy complicado salir, y a la larga lleva a otros problemas más graves.

Si nos enfocamos en los márgenes de lo laboral, la generación mencionada está inmersa en una cultura hipercompetitiva y precaria: han entrado al mercado en medio de varias crisis económicas globales y eso lleva a los adultos a tener la necesidad de demostrar su valía mediante jornadas duras, día tras día.

No se puede llegar a todo

La presión por destacar, ascender y asegurar una estabilidad económica, los empuja al burnout, convirtiendo el trabajo en una fuente constante de estrés en lugar de satisfacción: y ahí empieza parte de la crisis general que impera y atormenta a gran parte de esta generación.

Y a esto se suma el hecho de convertirse en padres. Según los expertos, esta generación ha adoptado un modelo de crianza intensiva e hiperpresente, lo que les obliga a estar constantemente ligados a la casa y a los pequeños.

Influenciados por la sobreinformación en internet y la idealización de las dinámicas familiares en redes sociales, los millennials intentan ser los padres perfectos que pueden controlarlo todo, y eso a su vez también genera una expectativa falsa que lleva a un estrés considerable, porque es complicado llegar a todo.

El deseo de ofrecer una infancia impecable, libre de frustraciones para los hijos y repleta de actividades extracurriculares, anula su propio espacio personal y sobrecarga la salud mental, llevando a creer que nunca se hace lo suficiente.

Los psicólogos, con todo, advierten que el verdadero peligro de esta crisis radica en el punto de colapso, porque ser un profesional impecable y un padre o madre perfecto es prácticamente imposible debido al tiempo de dedicación que requiere tanto el trabajo como la familia.

Los profesionales, por ello, señalan que lo mejor es encontrar una red de apoyo sólida y redefinir el concepto de éxito para aprender a delegar y priorizar, puesto que el estrés que puede generar toda esta situación podría acabar siendo negativo para el entorno familiar y también el laboral.