Mujer mayor buscando dinero en su cartera.
La psicología dice que los mayores de 65 que dejan su dinero en manos de otros pierden autonomía y bienestar
No es solo dinero: decidir sobre los gastos del hogar también influye en el bienestar de los mayores.
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Dejar que un hijo, la pareja u otra persona de confianza se encargue de las decisiones económicas puede parecer una forma lógica de simplificar la vida cuando se llega a cierta edad. Sin embargo, perder por completo la capacidad de decidir sobre el propio dinero puede tener consecuencias que van más allá de las finanzas. Un estudio reciente apunta a que los mayores de 65 años con menos poder sobre las decisiones económicas del hogar presentan también peores indicadores de bienestar psicológico.
La investigación, publicada en 2026 en BMC Geriatrics, analizó información de 9.055 adultos de 65 años o más incluidos en el Chinese Longitudinal Healthy Longevity Survey, uno de los grandes estudios sobre envejecimiento realizados en China. En total, los investigadores trabajaron con 23.994 observaciones recogidas durante cinco oleadas entre 2005 y 2014.
Los participantes indicaban hasta qué punto intervenían en las decisiones económicas familiares. Los investigadores distinguieron diferentes grados de autonomía, desde quienes tomaban prácticamente todas las decisiones sobre los gastos del hogar hasta aquellos que no tenían capacidad alguna para decidir.
Después compararon esta información con cinco indicadores relacionados con la salud y el bienestar: resiliencia psicológica, bienestar subjetivo, satisfacción con la vida, percepción de la propia salud y soledad. El patrón fue progresivo: cuanto menor era el poder para decidir sobre el dinero familiar, peores tendían a ser los resultados en estas variables.
La diferencia era especialmente clara entre quienes habían perdido completamente esa capacidad. Frente a los mayores que conservaban plena autonomía financiera, los participantes sin poder de decisión mostraron una reducción de 0,31 puntos en resiliencia psicológica y de 0,51 puntos en bienestar subjetivo, después de aplicar los ajustes estadísticos utilizados por los investigadores.
Decidir sobre el dinero también es una forma de autonomía
Los autores plantean que el efecto no depende únicamente de disponer de más o menos recursos económicos. Lo relevante es también poder participar en las decisiones que afectan al propio dinero y a la vida cotidiana.
Mantener cierta capacidad para decidir qué se compra, en qué se gasta o cómo se utilizan los recursos familiares puede contribuir a conservar una sensación de independencia. Cuando esa participación desaparece completamente, puede reducirse también la percepción de control sobre otros aspectos de la vida.
Los investigadores encontraron además dos posibles mecanismos que ayudan a explicar esta relación. Uno es la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria, que explicaba entre aproximadamente el 13% y el 31,8% de la asociación observada dependiendo del indicador psicológico analizado. El otro era la participación en actividades de ocio, que explicaba entre el 10% y el 34,2%.
La relación fue particularmente importante en el caso de la soledad. Mantener la autonomía financiera puede estar vinculado indirectamente con una mayor participación social y con la posibilidad de seguir tomando decisiones sobre actividades cotidianas.
El efecto tampoco era idéntico en todos los participantes. Los beneficios asociados a conservar el poder de decisión económica resultaron más marcados entre las personas con menos recursos económicos, dependientes económicamente de otros, mujeres y dentro de los grupos de menor edad entre los adultos mayores.
Los resultados encajan con investigaciones anteriores. Un estudio publicado en 2021 y realizado con 9.141 adultos mayores en India encontró que quienes habían perdido peso dentro de las decisiones del hogar presentaban unas probabilidades alrededor de tres veces mayores de tener peor salud psicológica y más del doble de mostrar un bajo bienestar subjetivo respecto a quienes mantenían o aumentaban su papel en esas decisiones.
Otro trabajo longitudinal con adultos mayores chinos, publicado en 2025, observó incluso una asociación entre tener menos capacidad de decisión económica familiar y un mayor riesgo de mortalidad durante el seguimiento. Entre quienes únicamente podían decidir sobre sus gastos personales, el riesgo relativo observado fue un 22% superior, mientras que entre quienes no tenían ninguna capacidad de decisión fue un 24% mayor frente a quienes conservaban plena autoridad financiera. Los propios autores advierten, sin embargo, de que este tipo de estudios observacionales no permite demostrar una relación directa de causa y efecto.
Ese matiz también es importante para interpretar el nuevo estudio. Los datos no significan que delegar el pago de facturas o pedir ayuda para gestionar una cuenta bancaria vaya necesariamente a perjudicar el bienestar. Tampoco cuestionan que algunas personas necesiten apoyo por problemas de salud, deterioro cognitivo u otras circunstancias.
Lo que muestran es algo más específico: perder completamente la capacidad de participar en las decisiones económicas está asociado con peores indicadores psicológicos entre los mayores de 65 años. Ayudar a gestionar las finanzas y retirar toda capacidad de decisión no son necesariamente lo mismo.
Los autores sostienen por ello que las estrategias dirigidas al envejecimiento saludable deberían intentar preservar, siempre que sea posible, la participación de las personas mayores en las decisiones económicas de su hogar. Porque controlar el propio dinero no solo determina qué se puede comprar: también puede formar parte de algo mucho más amplio, la sensación de seguir teniendo capacidad para decidir sobre la propia vida.