Imagen de archivo de un perro y un gato.

Imagen de archivo de un perro y un gato. E.E.

Ciencia

Los veterinarios recomiendan: "No podemos dejar que nuestras mascotas nos chupen la cara porque corremos este riesgo"

El riesgo de las bacterias que pueden portar los animales en la boca aumenta especialmente entre los niños, las personas mayores y con las defensas bajas.

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P. G. Santos
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El veterinario Israel Pérez advierte de que permitir que las mascotas nos laman la cara puede entrañar riesgos debido a la presencia de bacterias en la saliva del animal.

Organismos como los CDC recomiendan evitar que los perros laman la boca, la cara o heridas abiertas para prevenir infecciones por microorganismos como 'Capnocytophaga'.

El riesgo de complicaciones es mayor en personas inmunodeprimidas, ancianos y niños pequeños, por lo que se pide extremar las precauciones en estos colectivos.

Los expertos aclaran que no se trata de alarmar, sino de mantener la higiene habitual, lavarse las manos y realizar las revisiones veterinarias correspondientes.

Los lametones de una mascota forman parte del día a día de miles de familias en España. Para muchos dueños son una demostración de afecto, pero el veterinario Israel Pérez advierte de que este gesto puede tener determinados riesgos concretos que conviene conocer.

Pérez insiste en que su intención no es generar alarma ni pedir a los propietarios que renuncien a ese contacto. En la mayoría de ocasiones, explica en un vídeo publicado en su perfil de TikTok, recibir un lametón no provoca consecuencias y forma parte de una relación normal.

El motivo de su advertencia está en algo tan sencillo como la boca del animal. Los perros, como las personas, tienen bacterias de forma natural, pero además pueden incorporar microorganismos procedentes de su entorno y hábitos cotidianos habituales.

Un perro puede lamerse el cuerpo, entrar en contacto con restos de comida, heces u orina y después acercarse a la cara de su dueño. Eso no convierte automáticamente su saliva en peligrosa, pero sí explica mejor la exposición.

Qué precauciones son necesarias

Las autoridades sanitarias estadounidenses recomiendan evitar que los perros laman la boca, la cara o las heridas abiertas.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) recuerdan que los animales pueden transportar microorganismos capaces de causar enfermedades en determinadas circunstancias, aunque el contacto cotidiano suele ser seguro.

Uno de ellos es Capnocytophaga, un grupo de bacterias habitual en la boca de perros y gatos. Según los CDC, las infecciones humanas son poco frecuentes, aunque pueden aparecer cuando la saliva entra directamente en una herida abierta.

El riesgo no es igual para todo el mundo. Las personas con el sistema inmunitario debilitado presentan mayor probabilidad de desarrollar complicaciones ante determinadas infecciones. También requieren prudencia los adultos mayores y los niños pequeños durante el contacto cotidiano.

En estos casos, la recomendación pasa por mantener precauciones básicas sin necesidad de evitar la convivencia con la mascota. Conviene impedir que el perro lama heridas, mucosas o directamente la boca, además de extremar la higiene después de manipularlo.

El cuidado de la mascota también forma parte de la prevención. Mantener al perro con revisiones veterinarias periódicas, vacunación y medidas adecuadas de higiene permite detectar problemas de salud y reducir vías de transmisión de microorganismos entre animales y personas.

La higiene de las manos resulta especialmente importante después de tocar al animal, sus alimentos, juguetes o excrementos. Los CDC señalan además que los niños deben estar supervisados y aprender a lavarse correctamente tras interactuar con mascotas.

Esto no significa que un beso canino vaya a terminar en una infección. La mayoría de personas que mantienen contacto con perros no desarrollan enfermedades por esa exposición. El contexto y las condiciones individuales determinan el riesgo.

Por eso, el mensaje de Pérez se sitúa entre los dos extremos: ni considerar inocuo cualquier contacto con saliva del perro ni convertir un gesto afectivo cotidiano en motivo de preocupación. Conocer las circunstancias permite adoptar precauciones cuando son necesarias.

Dejar o no que un perro lama la cara es una decisión personal, pero conviene evitar especialmente la boca y las heridas abiertas. Como resume Pérez, no se trata de tener miedo, sino de conocer los riesgos y decidir.