Persona mayor haciendo sentadillas.

Persona mayor haciendo sentadillas. Freepik

Ciencia

Los expertos coinciden: a partir de los 65 años, el equilibrio dice más sobre la longevidad que la flexibilidad

La capacidad física que más conviene cuidar después de los 65 no es la flexibilidad, sino el equilibrio.

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Las claves
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A partir de los 65 años, el equilibrio es un mejor indicador de longevidad que la flexibilidad, según un estudio con más de 13.000 personas mayores.

Quienes obtuvieron mejores resultados en pruebas de equilibrio sobre una pierna tuvieron la mitad de riesgo de mortalidad que quienes tuvieron peores resultados.

El equilibrio refleja la coordinación de varios sistemas corporales y su deterioro puede indicar problemas musculares, neurológicos o de percepción.

Mantener y practicar el equilibrio, además de la fuerza y la agilidad, puede ayudar a conservar la autonomía y reducir el riesgo de caídas en la vejez.

Cumplir años suele asociarse con perder elasticidad y encontrar más dificultades para agacharse o alcanzar determinados objetos. Sin embargo, a partir de los 65 años existe otra capacidad física que puede ofrecer más información sobre la salud y la longevidad: mantener el equilibrio.

Un amplio estudio publicado en JAMA Network Open ha analizado qué pruebas físicas están más relacionadas con el riesgo de morir entre los adultos mayores. Los resultados sitúan el equilibrio y la agilidad por delante de los ejercicios utilizados para medir la flexibilidad.

La investigación incluyó a 13.423 personas de Taiwán con 65 años o más. Su edad media era de 72,9 años y aproximadamente el 62% eran mujeres. Todas ellas realizaron una batería de siete pruebas estandarizadas antes de comenzar el seguimiento.

Los participantes tuvieron que permanecer sobre una pierna, levantarse de una silla repetidamente, caminar una distancia corta, realizar pasos durante dos minutos y completar ejercicios de flexibilidad. Los científicos también registraron su actividad física habitual, enfermedades, peso y características socioeconómicas.

Durante una mediana de siete años fallecieron 1.631 participantes, equivalentes al 12,2% de la muestra. Al comparar los resultados, las diferencias más claras aparecieron en las pruebas de equilibrio, agilidad, fuerza de las piernas y capacidad cardiorrespiratoria.

Quienes se encontraban en el grupo con mejor rendimiento en la prueba de equilibrio sobre una pierna presentaron aproximadamente la mitad de riesgo de mortalidad que las personas situadas en el nivel más bajo, después de ajustar diferentes factores personales y sanitarios.

Una capacidad que reúne varios sistemas

El equilibrio no depende únicamente de tener unas piernas fuertes. Para mantenerse estable, el cuerpo debe coordinar la información proporcionada por la vista, el oído interno, el cerebro, las articulaciones, los músculos y el sistema encargado de percibir dónde se encuentra cada parte corporal.

Por esta razón, un mal resultado puede reflejar el deterioro simultáneo de varias funciones. También puede estar relacionado con menor fuerza muscular, problemas neurológicos, pérdida de sensibilidad, efectos secundarios de medicamentos o dificultades para reaccionar rápidamente ante un tropiezo.

En el estudio publicado en 2026, la prueba combinada de equilibrio y agilidad fue la que mostró las asociaciones más intensas con la supervivencia. La flexibilidad, aunque continúa siendo importante para la movilidad, ofreció una señal menos clara.

Esto no significa que estirar o conservar una buena amplitud de movimiento carezca de utilidad. La flexibilidad permite vestirse, agacharse, alcanzar objetos y realizar numerosas tareas cotidianas sin compensaciones ni dolor. Incluso existen investigaciones que la relacionan con un menor riesgo de mortalidad.

Un trabajo publicado en Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports siguió durante una media de 12,9 años a 3.139 adultos de entre 46 y 65 años. Las personas con peores resultados globales de flexibilidad presentaron una supervivencia menor.

Sin embargo, la comparación adquiere otro significado después de los 65. El equilibrio está directamente relacionado con la posibilidad de caminar con seguridad, evitar caídas y conservar la autonomía, tres aspectos que pueden determinar si una persona mantiene una vida independiente.

Las caídas afectan cada año aproximadamente al 28-35% de las personas mayores de 65 años, según los datos recopilados en investigaciones internacionales. Sus consecuencias pueden incluir fracturas, hospitalización, pérdida de movilidad y un deterioro acelerado de la salud general.

Otro estudio con 1.702 adultos de entre 51 y 75 años encontró que quienes no podían mantenerse sobre una pierna durante 10 segundos presentaban un riesgo de mortalidad un 84% mayor durante el seguimiento. El trabajo apareció en el British Journal of Sports Medicine.

Estas cifras describen asociaciones estadísticas, no una relación inevitable de causa y efecto. Fallar la prueba no permite predecir cuánto vivirá una persona ni significa que exista una enfermedad concreta. Puede servir, en cambio, como una señal para solicitar una valoración profesional.

La prueba doméstica consiste en colocar un pie detrás de la pierna de apoyo y mantener la posición durante 10 segundos, con los brazos junto al cuerpo y la mirada al frente. Debe realizarse cerca de una pared o superficie estable para evitar una caída.

Por lo que practicar el equilibrio también puede mejorar esta capacidad. Ejercicios de fuerza, caminar en diferentes direcciones, levantarse de una silla, el taichí o determinadas rutinas sobre una pierna ayudan a trabajar la estabilidad, siempre adaptando la dificultad al estado físico individual.