Nerea, albañila en España.
Nerea, albañila: “Me han tenido 5 horas con el martillo neumático de arriba a abajo; se me caen los brazos”
Trabajar con un martillo neumático no es solo cuestión de fuerza: vibraciones, impactos y fatiga castigan brazos y hombros.
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Utilizar un martillo neumático durante varias horas puede convertir una jornada de obra en una auténtica prueba física. Nerea lo comprobó durante una de sus primeras experiencias trabajando como albañila en Australia, después de aceptar una tarea para la que inicialmente ni siquiera sabía exactamente qué herramienta iba a tener que utilizar.
La joven española, de 27 años y conocida en redes sociales como @nereaexplora, había llegado a la obra esperando trabajar como operaria. Cuando sus responsables le comunicaron inicialmente que no necesitaban más trabajadores, insistió en quedarse y finalmente recibió una oportunidad con una condición: utilizar un jackhammer, el nombre inglés empleado para referirse a diferentes martillos rompedores.
“Les dije que por supuesto sabía usar uno, aunque no sabía ni lo que era eso”, reconoce al recordar aquel momento. Después llegó la parte complicada. “Cinco horas me han tenido con el jackhammer de arriba abajo. Se me caen los brazos, se me desarman los hombros”.
Nerea decidió continuar. Según explica, sentía que abandonar después de haber asegurado que podía realizar el trabajo iba a dejarla en una posición especialmente complicada. “Si no podía hacer el trabajo iba a quedar, aparte de inútil y de floja, de boca chancla”, recuerda. Después todavía tuvo que recoger y reorganizar escombros.
El esfuerzo acabó teniendo recompensa. Al terminar la jornada, el jefe de obra se acercó para preguntarle si podía volver al día siguiente. Finalmente, le ofrecieron acudir durante toda la semana.
Su descripción de los brazos agotados no resulta extraña desde un punto de vista fisiológico. Un martillo neumático no exige únicamente sostener una herramienta pesada. El trabajador debe controlar constantemente sus movimientos mientras recibe miles de impactos y vibraciones transmitidas desde la máquina hacia manos, brazos y hombros.
Las vibraciones también son un riesgo laboral
Safe Work Australia incluye expresamente los jackhammers entre las herramientas capaces de producir vibraciones mano-brazo. La exposición repetida puede afectar a la circulación y provocar daños en nervios, tendones, músculos, huesos y articulaciones.
El riesgo aumenta además con el tiempo de exposición. WorkSafe Queensland señala que una tarea en la que existen vibraciones, movimientos repetitivos, posturas incómodas o aplicación de fuerza durante periodos prolongados incrementa el riesgo de trastornos musculoesqueléticos.
Eso no permite concluir que las cinco horas relatadas por Nerea fueran necesariamente una exposición peligrosa. Para determinarlo habría que conocer el modelo concreto de martillo, su nivel de vibración, cuánto tiempo estuvo funcionando realmente, las pausas realizadas y la manera en que se utilizó.
La intensidad puede variar enormemente entre herramientas. Precisamente por eso las autoridades de prevención no establecen el riesgo únicamente contando las horas de trabajo, sino combinando duración e intensidad de la vibración.
SafeWork NSW advierte de que una exposición prolongada puede acabar provocando dolor, pérdida de fuerza muscular y lesiones en distintas estructuras de manos y brazos. Cuando la exposición se mantiene durante suficiente tiempo, algunos efectos pueden llegar a ser permanentes.
El problema tampoco es exclusivo de Australia. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo español relaciona las vibraciones transmitidas al sistema mano-brazo con alteraciones musculares, neurológicas, vasculares y osteoarticulares. Entre los posibles síntomas aparecen dolor, entumecimiento, rigidez y disminución de la fuerza muscular.
La construcción es precisamente uno de los sectores donde este tipo de herramientas sigue siendo habitual. En Australia emplea actualmente alrededor de 1,37 millones de personas, pero solo un 13% son mujeres, según Jobs and Skills Australia.
Ese desequilibrio explica también parte del contexto de la experiencia de Nerea. Ella misma ha relatado que varias empresas dejaron de contestarle cuando descubrían que era mujer y ha insistido en separar falta de experiencia y sexo: “Si soy lenta no es porque sea mujer, sino porque soy principiante”.
Su primer día terminó demostrando precisamente eso. Comenzó creyendo que iban a mandarla de vuelta a casa, pasó varias horas controlando una de las herramientas físicamente más exigentes de una obra y terminó recibiendo una propuesta para regresar durante el resto de la semana.