Sara García Alonso

Sara García Alonso Sara Fernández

Ciencia

Sara García, astronauta: “Las gafas de sol u otros métodos caseros no son seguros para observar un eclipse solar”

Mirar el eclipse sin gafas homologadas puede dañar la retina sin dolor inmediato y dejar secuelas visuales duraderas.

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Las claves

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Sara García, astronauta de la ESA, advierte que las gafas de sol y métodos caseros no son seguros para observar el eclipse solar.

Solo las gafas certificadas bajo la norma ISO 12312-2 protegen adecuadamente la vista durante un eclipse, y deben revisarse antes de usar.

Mirar directamente al Sol sin protección específica puede causar retinopatía solar, una lesión ocular que no produce dolor inmediato pero puede ser irreversible.

El Gobierno y la ONCE repartirán gratuitamente dos millones de gafas homologadas para garantizar una observación segura del eclipse del 12 de agosto.

España se prepara para observar el eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto, un fenómeno astronómico excepcional que también plantea un riesgo fácilmente evitable: mirar directamente al astro sin utilizar una protección ocular específicamente diseñada para ello.

Sara García Alonso, integrante de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea, ha aprovechado la proximidad del acontecimiento para lanzar una advertencia clara a través de sus redes sociales. “Las gafas de sol convencionales u otros métodos caseros sin base científica no son seguros para observar un eclipse solar”.

El problema no depende de que las gafas parezcan suficientemente oscuras. Incluso los modelos de alta montaña o con una gran capacidad para reducir el deslumbramiento dejan pasar mucha más radiación de la que resulta segura al dirigir la vista hacia el Sol.

Las gafas para eclipses son miles de veces más oscuras que unas gafas solares convencionales. Deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2 y proceder de fabricantes o distribuidores fiables, porque una inscripción impresa no garantiza por sí sola que un producto esté correctamente certificado.

Tampoco sirven radiografías, negativos fotográficos, discos compactos, cristales ahumados, envoltorios metalizados ni combinaciones de varias gafas de sol. Estos materiales pueden reducir la luz visible y, aun así, permitir el paso de radiación capaz de lesionar la retina.

Una lesión sin dolor

El daño recibe el nombre de retinopatía solar. La energía luminosa se concentra sobre la mácula, la zona responsable de la visión central detallada, y puede provocar lesiones fotoquímicas y térmicas en los fotorreceptores y el epitelio pigmentario de la retina.

Una de sus principales trampas es que no necesariamente causa dolor inmediato. La retina carece de receptores dolorosos, de manera que una persona puede continuar observando el eclipse sin percibir que la luz está dañando estructuras fundamentales para la visión.

Los síntomas pueden aparecer horas después e incluir visión borrosa, manchas oscuras en el centro del campo visual, deformación de las líneas, dificultad para distinguir colores o mayor sensibilidad a la luz. Algunos pacientes mejoran, pero otros mantienen alteraciones durante años.

Antes de utilizar unas gafas homologadas conviene revisar sus filtros por ambas caras. Si presentan arañazos, perforaciones, desprendimientos o zonas deterioradas, deben desecharse. También hay que colocarlas antes de levantar la mirada y retirarlas únicamente después de apartarse del Sol.

Las gafas de eclipse tampoco pueden combinarse directamente con prismáticos, cámaras o telescopios. La concentración de la radiación puede dañar el filtro y alcanzar los ojos. Estos instrumentos necesitan filtros solares específicos instalados delante del objetivo, nunca detrás del ocular.

Existe una única excepción: quienes estén dentro de la franja de totalidad podrán retirar la protección cuando la Luna cubra completamente la superficie brillante del Sol. En cuanto reaparezca el primer punto luminoso, será imprescindible volver a colocársela inmediatamente.

Fuera de esa franja no habrá ningún momento seguro para mirar directamente sin protección. Aunque el Sol parezca reducido a una fina media luna, la parte que continúa visible conserva intensidad suficiente para provocar una lesión ocular.

Quienes no dispongan de gafas pueden recurrir a métodos indirectos, como una cámara estenopeica que proyecte la imagen sobre una superficie. La clave es observar esa proyección sin mirar nunca a través del orificio ni orientar hacia el Sol instrumentos sin filtros adecuados.

Los menores necesitan especial supervisión para evitar que se quiten las gafas antes de tiempo o miren por encima del filtro. La protección debe cubrir completamente ambos ojos y mantenerse correctamente colocada durante todas las fases parciales.

El Gobierno y el Grupo Social ONCE han anunciado el reparto gratuito de dos millones de gafas seguras: 1,7 millones mediante la ONCE y otras 300.000 a través del Ministerio de Ciencia y la FECYT.

La advertencia de García busca evitar que un acontecimiento extraordinario deje una lesión permanente. Un eclipse no vuelve más peligroso al Sol, pero sí consigue que millones de personas intenten mantener la mirada sobre una fuente de luz que nunca debe observarse sin un filtro específico.