Obrero bebiendo agua.
Santiago, albañil: “El calor del verano es lo más duro, a las 3 de la tarde no hay un alma en la calle y nosotros seguimos ahí”
El calor extremo golpea a la construcción: trabajar al sol aumenta el cansancio, los errores y el riesgo de accidente.
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Santiago Carpintero tiene 22 años y trabaja como albañil en un sector donde buena parte de la actividad continúa desarrollándose a la intemperie. Entre todas las dificultades del oficio, no duda al señalar cuál soporta peor: las jornadas estivales bajo el sol.
“El calor del verano, sin duda. A las tres de la tarde no hay un alma en la calle y nosotros seguimos ahí”, explicó el joven al describir la parte más dura de su trabajo. En invierno, añade, ocurre lo contrario y deben afrontar el frío exterior.
Su experiencia permite visualizar una diferencia que desaparece cuando la temperatura se consulta únicamente desde una vivienda o una oficina climatizada. Mientras una parte de la población evita salir durante las horas centrales, muchas obras mantienen tareas que exigen esfuerzo físico y exposición ambiental.
Carpintero trabaja desde hace años junto a su padre y comparte en redes sociales parte de sus reformas. Antes cursó un grado medio de Telecomunicaciones, pero terminó inclinándose por un oficio manual en el que asegura encontrar satisfacción al entregar un trabajo terminado.
El riesgo no depende exclusivamente de los grados indicados por el termómetro. El estrés térmico está condicionado también por la humedad, la radiación solar, el viento, la ropa utilizada y la intensidad de la actividad que realiza cada trabajador.
Transportar materiales, mezclar mortero, demoler una pared o subir repetidamente por un andamio genera calor dentro del propio organismo. Cuando el ambiente impide eliminarlo mediante el sudor y la circulación sanguínea, la temperatura corporal puede comenzar a elevarse peligrosamente.
Las primeras señales pueden confundirse con el cansancio habitual de una jornada exigente. Dolor de cabeza, mareos, debilidad, calambres, náuseas, sed intensa o pérdida de concentración indican que el cuerpo puede estar teniendo dificultades para mantener su equilibrio térmico.
La pérdida de atención resulta especialmente peligrosa en una obra. Una reducción de la coordinación, la percepción o la destreza manual aumenta la posibilidad de cometer errores cuando se utilizan herramientas, se trabaja en altura o se desplazan materiales pesados.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recuerda que los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor. La construcción figura, junto con la agricultura y otros trabajos exteriores, entre las actividades especialmente expuestas.
La consecuencia más grave es el golpe de calor, una emergencia médica que puede provocar confusión, alteraciones del comportamiento, pérdida de conciencia y daños en diferentes órganos. No debe esperarse a que aparezcan síntomas severos para modificar la jornada o detener una tarea.
Beber agua resulta imprescindible, pero no transforma automáticamente una situación extrema en segura. Una persona puede mantenerse hidratada y continuar acumulando calor si el esfuerzo, la radiación solar y la temperatura ambiental superan la capacidad de refrigeración de su organismo.
La prevención debe comenzar en la organización de la obra. Entre las medidas recomendadas aparecen trasladar los trabajos más exigentes a las primeras horas, aumentar los descansos, buscar zonas de sombra, evitar el trabajo en solitario y reducir el esfuerzo durante los momentos más calurosos.
La legislación española obliga a adoptar medidas frente a las temperaturas extremas en los trabajos al aire libre. Estas pueden incluir incluso la prohibición de desarrollar determinadas tareas durante las horas en las que exista un peligro que no pueda controlarse adecuadamente.
Cuando AEMET o el servicio meteorológico autonómico emite un aviso naranja o rojo y las precauciones disponibles no garantizan la protección, resulta obligatorio adaptar las condiciones laborales. La norma contempla expresamente reducir o modificar las horas previstas de la jornada.
Esto no implica que cualquier aviso meteorológico paralice automáticamente todas las obras. La respuesta debe basarse en la evaluación concreta del riesgo, teniendo en cuenta la ubicación, el trabajo realizado, la exposición solar y las condiciones particulares de quienes participan.
Santiago admite que la albañilería puede estar bien remunerada y ofrecer la satisfacción de contemplar una construcción terminada. Sin embargo, también cree que sus condiciones físicas explican por qué numerosos jóvenes prefieren buscar empleos desarrollados en espacios climatizados.
Su frase de las tres de la tarde resume una escena habitual durante el verano: calles casi vacías para evitar las horas más duras y trabajadores que continúan levantando, reparando o reformando edificios. La prevención debe impedir que esa resistencia se confunda con la obligación de aguantar cualquier temperatura.