Álvaro Morata
Los psicólogos coinciden: "A Álvaro Morata le preocupaban las críticas, pero no hasta condicionar su rendimiento"
El caso Morata muestra el trabajo invisible de la psicología deportiva: detectar cuándo la presión empieza a afectar al rendimiento.
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Las críticas forman parte del fútbol profesional, pero no todos los jugadores las reciben igual ni cualquier preocupación termina afectando al rendimiento. Ese matiz fue el que Joaquín Valdés quiso subrayar al hablar de Álvaro Morata después de la Eurocopa de 2021.
Valdés, psicólogo deportivo del cuerpo técnico de Luis Enrique en la selección española, había seguido de cerca al delantero durante un torneo en el que sus fallos se transformaron en memes, insultos y ataques personales.
“A Álvaro Morata le preocupaba, pero no hasta el punto de que le pudiese condicionar su rendimiento”, explicó Valdés en una entrevista concedida a miGijón tras aquella Eurocopa.
La frase introduce una diferencia importante. Morata no era indiferente a lo que se decía sobre él, pero el equipo psicológico no observó entonces que esa preocupación estuviera bloqueándolo sobre el campo.
El trabajo de Valdés consistía precisamente en valorar hasta qué punto podía estar afectado cada jugador. Una crítica puede resultar desagradable sin alterar el rendimiento; en otra persona, en cambio, puede perjudicar la confianza, la concentración o la toma de decisiones.
Miedo a volar
En esa misma entrevista, Valdés explicó que había que ver “en qué medida el jugador puede estar afectado” para decidir si era necesario intervenir. También defendió que lo ocurrido debía denunciarse públicamente.
Morata había contado en El Partidazo de COPE que su familia recibió amenazas durante aquella Eurocopa. Aquello ya no pertenecía al análisis legítimo de un partido, sino a una frontera mucho más grave: la del acoso personal.
El delantero explicó en esa entrevista con Juanma Castaño que entendía las críticas deportivas por no haber marcado, pero pidió ponerse en el lugar de quien recibe amenazas contra sus hijos.
La relación entre Morata y Valdés no se limitaba a los goles o a las ocasiones falladas. El propio futbolista contó en COPE que Joaquín Valdés le ayudaba y que podía hablar con él también de cuestiones personales, como su miedo a volar.
Ese enfoque encaja con una idea básica de la psicología deportiva: no todo lo que afecta a un jugador nace dentro del campo. Los miedos, el descanso, la familia, la exposición pública y el entorno también pueden formar parte del rendimiento.
Valdés entiende su trabajo desde la observación. Conocer al jugador permite detectar cambios, distinguir una preocupación normal de una señal de alarma y decidir cuándo conviene intervenir y cuándo basta con acompañar.
La investigación científica respalda esa cautela. El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre salud mental en deportistas de élite recuerda que los problemas psicológicos pueden afectar al bienestar, al rendimiento y a la recuperación, pero exige valorar cada caso de forma individual.
Sentirse molesto por una crítica no equivale automáticamente a presentar un trastorno. Tampoco significa que el rendimiento vaya a caer de inmediato. La clave está en observar cuánto espacio ocupa esa preocupación y si empieza a condicionar la conducta deportiva.
Las redes sociales añaden una presión difícil de controlar. Un estudio con 523 deportistas australianos de élite encontró que el abuso recibido en estas plataformas aparecía especialmente asociado con peor salud mental en los hombres analizados.
El propio diseño del estudio obliga a ser prudentes: era una investigación observacional y no demuestra por sí sola una relación de causa y efecto. Aun así, muestra que el abuso digital no es un ruido inocuo para los deportistas.
La exposición mediática también puede convertirse en una fuente específica de estrés. Un trabajo con futbolistas profesionales encontró que un clima centrado solo en el resultado se asociaba con más estrés, mientras que un entorno orientado al aprendizaje podía reducirlo.
Por eso el acompañamiento psicológico no busca convertir al futbolista en alguien impermeable a cualquier comentario. La finalidad es ayudarlo a distinguir lo que puede controlar de aquello que queda fuera de su alcance.
Un delantero puede controlar su preparación, su respuesta después del error, su descanso, sus rutinas y su manera de volver a intentarlo. No puede controlar cada tertulia, cada meme, cada silbido ni cada mensaje escrito desde una cuenta anónima.
La valoración de Valdés sobre Morata evita dos simplificaciones habituales. Ni las críticas le daban igual ni, en aquel momento, estaban necesariamente condicionando su juego. Entre una cosa y la otra existe una zona decisiva para la psicología deportiva.