Santiago Carpintero en su Instagram.

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Ciencia

Los albañiles coinciden: “Los jóvenes prefieren estar en una oficina con aire acondicionado y no al aire libre”

La construcción busca relevo entre calor, frío y esfuerzo físico: el oficio paga, pero cada vez cuesta más atraer jóvenes.

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Las claves

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La construcción enfrenta una falta de relevo generacional, con una edad media de 45 años y solo el 11,1% de trabajadores menores de 30 años.

Santiago Carpintero, joven albañil, destaca que muchos jóvenes prefieren trabajos en oficinas por evitar el esfuerzo físico y las duras condiciones al aire libre.

El sector de la construcción sufre un 17,4% más de accidentes laborales durante olas de calor, lo que agrava la percepción de dureza del oficio.

A pesar de las dificultades, la albañilería puede ofrecer salarios competitivos, aunque la remuneración final depende de varios factores y los costes no son solo salario neto.

Santiago Carpintero tiene 22 años y trabaja en un sector donde su edad sigue siendo poco habitual. Mientras una parte de los jóvenes busca empleos menos expuestos al frío, el calor o el esfuerzo físico, él decidió seguir los pasos de su padre y dedicarse a la albañilería.

El joven explicó su visión en una entrevista con La Vanguardia,. Allí defendió que la construcción puede estar bien pagada, pero que muchos prefieren trabajos más cómodos.

Carpintero no habla desde una oposición a la formación académica. Él mismo estudió un grado medio de Telecomunicaciones antes de reconocer ante su familia que prefería trabajar en la obra, un oficio al que se sentía unido desde pequeño.

Su aprendizaje comenzó acompañando a su padre. Con el tiempo pasó de observar y ayudar en tareas pequeñas a trabajar de manera autónoma. También empezó a compartir reformas y consejos en redes sociales bajo el nombre de El albañil de TikTok.

La comparación con una oficina no pretende negar la dureza de otros trabajos. Santiago se refiere sobre todo a las condiciones físicas de la construcción: jornadas a la intemperie, polvo, esfuerzo, materiales pesados y temperaturas muy distintas entre invierno y verano.

Un 17,4% de accidentes laborales

Cuando le preguntaron por la parte más dura de su oficio, no dudó: “El calor del verano, sin duda”. Explicó que a las tres de la tarde puede no haber nadie en la calle mientras los albañiles siguen trabajando al aire libre.

Esa exposición no es solo una incomodidad. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recuerda que agricultura, pesca y construcción figuran entre los sectores más afectados por la radiación solar intensa y las altas temperaturas.

El calor extremo puede provocar fatiga, golpes de calor, agotamiento e insolaciones. También reduce la destreza manual y afecta a capacidades como la concentración, la coordinación, la memoria a corto plazo o la percepción visual.

Ese deterioro importa especialmente en una obra. Trabajar en altura, manejar herramientas, transportar materiales o moverse entre estructuras inacabadas exige precisión. Un despiste causado por el calor puede convertirse en un accidente grave.

El INSST recuerda además que los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor. Por eso la prevención no puede limitarse a beber agua: también implica reorganizar horarios, introducir descansos y reducir la exposición en las horas más peligrosas.

A pesar de esas condiciones, Carpintero defiende que la albañilería puede proporcionar ingresos competitivos. Según explicó en la entrevista, un peón puede ganar entre 1.500 y 1.600 euros mensuales, y un oficial entre 1.800 y 2.000.

Son cifras aportadas por él, no una tabla salarial aplicable automáticamente a toda España. El sueldo real depende del convenio, la provincia, la experiencia, la categoría profesional, el tipo de contrato y si se trabaja por cuenta ajena o como autónomo.

El joven también sostiene que muchos clientes cambian su percepción sobre los albañiles cuando reciben el presupuesto de una reforma. Sin embargo, el precio de un trabajo no equivale al salario limpio del profesional: incluye materiales, herramientas, desplazamientos, seguros, impuestos y gastos de actividad.

Su preocupación por el futuro sí encaja con los datos del sector. En 2025, la edad media de los ocupados en la construcción fue de 45,1 años, casi tres más que en 2015, y el 22% tenía 55 años o más.

El Observatorio Industrial de la Construcción estima que más de 139.425 profesionales podrían jubilarse en cinco años. En una década, la salida podría alcanzar aproximadamente al 22% de los trabajadores actuales.

La presencia juvenil está creciendo, pero todavía no despeja el problema. En el primer trimestre de 2026, los menores de 30 años sumaban 172.525 ocupados y representaban el 11,1% del sector, el porcentaje más alto de los últimos cinco años.

Ese dato supone un avance del 16,9% respecto a 2025. Aun así, la Fundación Laboral de la Construcción considera que la incorporación de jóvenes sigue siendo insuficiente para compensar la pérdida prevista de trabajadores veteranos.

El problema no es solo sustituir personas. Aprender a levantar una pared, alicatar, enlucir, rematar una obra o detectar un fallo estructural exige formación, práctica y tiempo junto a profesionales que ya dominan el oficio.

La tecnología puede cambiar muchas fases de una obra, pero no elimina de golpe la necesidad de manos expertas. Carpintero lo resume con una idea sencilla: las casas no se levantarán únicamente con robots o inteligencia artificial.

La construcción necesita mejorar condiciones, reforzar la prevención y ofrecer itinerarios atractivos, pero también convencer a una nueva generación de que un oficio duro puede ser una carrera estable, cualificada y con futuro.