Ollie Jay, investigador de la Universidad de Sydney especializado en calor.

Ollie Jay, investigador de la Universidad de Sydney especializado en calor. The Physiological Society

Ciencia

Ollie Jay, investigador experto en calor: "Un ventilador por sí solo puede no ser suficiente y empeorar el estrés térmico"

Con las repetitivas olas de calor que está sufriendo España, no son pocos los que echan mano de un ventilador para reducir la temperatura.

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Las claves

Las claves

El uso del ventilador puede no ser suficiente y, en ciertos casos, agravar el estrés térmico, especialmente si la temperatura interior supera los 40-42 ºC y la humedad es elevada.

La efectividad del ventilador depende de factores como la temperatura, humedad, hidratación, ropa, actividad física y estado de salud de la persona.

En personas deshidratadas, el ventilador puede aumentar la sudoración y la carga cardíaca, por lo que es fundamental mantener una buena hidratación.

Se recomienda combinar el ventilador con otras estrategias de enfriamiento, como duchas frías o paños húmedos, y ajustar el aire acondicionado a 25-27 ºC si está disponible.

Dada la temporada de exceso de calor que está sufriendo España y otros países de Europa, no es raro que el ventilador se convierta en el primer recurso para soportar las altas temperaturas.

Se trata de un dispositivo económico, de bajo consumo eléctrico en comparación al aire acondicionado, y con el potencial de proporcionar una sensación casi inmediata de alivio.

Sin embargo, no siempre llega a enfriar realmente el organismo, y puede llegar incluso a ser contraproducente en ciertos casos. Así lo advierten los investigadores del Heat and Health Research Centre de la Universidad de Sídney, dirigido por el profesor Ollie Jay.

Y es que la utilidad de un ventilador no depende únicamente de la temperatura ambiental, sino que también deben tenerse en cuenta la humedad, la radiación solar, el movimiento del aire, la actividad física, la ropa, la hidratación y el estado de salud de la persona.

Cuándo usar un ventilador

El organismo humano elimina calor principalmente mediante la convección y la evaporación. Cuando el aire está más frío que la piel, el movimiento generado por el ventilador facilita la pérdida de calor hacia el ambiente.

Además, acelera la evaporación del sudor, siendo este nuestro principal sistema de refrigeración cuando la temperatura exterior es excesiva. Sin embargo, el problema aparece cuando la temperatura del aire es superior a la de la piel, la cual se sitúa habitualmente entre los 33-35 ºC.

En esta situación, la corriente generada por el ventilador puede aumentar la transferencia de calor ambiental hacia el cuerpo. El ventilador solo será beneficioso si la evaporación adicional del sudor compensa la ganancia de calor.

No existe un único límite térmico válido para todas las situaciones. Por ejemplo, un estudio publicado en The Lancet Planetary Health sugirió que los umbrales seguros dependerían de la humedad, edad y capacidad de sudoración.

En ambientes cálidos y húmedos, la ventilación puede favorecer la evaporación y resultar útil a temperaturas relativamente elevadas. Por contra, en ambientes extremadamente cálidos y secos, la ventilación puede incluso incrementar la entrada de calor y acelerar la pérdida de agua.

En este caso, los expertos de la Universidad de Sídney sitúan la principal precaución alrededor de los 40-42 ºC de temperatura interior, siempre dependiendo de la humedad ambiental. A partir de este rango, un ventilador puede ser insuficiente e incluso empeorar el estrés térmico.

En estas circunstancias se debe buscar un espacio climatizado, como una biblioteca, un centro comercial o un edificio público adaptado. Asimismo, la hidratación también modifica sustancialmente el efecto del ventilador.

En otro estudio publicado el pasado año 2025 en la revista JAMA, 20 jóvenes permanecieron durante tres horas en una cámara a 39,2ºC y un 49% de humedad, con y sin ventilador, tanto hidratados como deshidratados.

En este caso, en aquellos que se encontraban correctamente hidratados, el ventilador mejoró la sensación térmica y redujo su malestar; por contra, en situación de deshidratación se objetivó un aumento de la frecuencia cardíaca de unos 5 latidos por minuto, además de no objetivarse mejoras en el confort y elevar el sudor en unos 125 gramos por hora.

En resumen, el ventilador llegaba a aumentar la sudoración en un 60% en personas deshidratadas, agravando además la carga cardiovascular. Esto no significa que debamos prescindir del uso de ventiladores.

De hecho, siguen constituyendo una intervención eficiente y útil si se usan pronto y si se combinan con otras estrategias: pulverizar la piel con agua fresca, tomar una ducha fría o emplear paños húmedos potencia este enfriamiento por evaporación.

Como ejemplo, otro trabajo publicado en The New England Journal of Medicine comprobó que estrategias como estas, junto al uso de un ventilador, reducirían la carga cardíaca especialmente en personas mayores expuestas al calor extremo.

Además, si se dispone de aire acondicionado, no es necesario convertir la vivienda en un frigorífico. La conocida como estrategia fan-first cooling recomienda empezar usando el ventilador y, cuando sea necesario, combinarlo con aire acondicionado ajustado a 25-27 ºC, logrando así un ambiente protector con un menor consumo energético.

Como conclusión, Ollie Jay y su equipo dejan un mensaje claro: el ventilador puede ser un gran aliado, pero no es un escudo infalible.

Ante una ola de calor, la humedad ambiental, la hidratación personal y la vulnerabilidad individual, junto a la temperatura real interior de la vivienda, determinan hasta qué punto el ventilador puede ayudarnos o, por contra, empeorar la situación. Todos estos factores deben tenerse en cuenta.