Perro bebiendo agua en verano.
Los veterinarios coinciden: a partir de 24 ºC muchos perros sufren sobrecalentamiento durante los paseos
Pasear al perro con calor no depende solo del termómetro: raza, peso, edad y tipo de suelo cambian mucho el riesgo.
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Pasear al perro con 24 ºC puede parecer una decisión razonable. Para muchas personas, esa temperatura ni siquiera suena a calor extremo, pero los veterinarios recuerdan que algunos perros ya pueden empezar a sobrecalentarse.
La cifra no funciona como una frontera exacta para todos. ManyPets sitúa los 24-26 ºC como una franja demasiado arriesgada y recomienda salir solo si es imprescindible, durante muy poco tiempo y por zonas sombreadas.
El matiz es clave. El Royal Kennel Club recuerda que muchos perros están cómodos entre 15 y 25 ºC, pero esa tolerancia depende de raza, edad, tamaño, pelaje, salud, forma física y ejercicio.
Un paseo no es una situación pasiva. El perro camina, olfatea, tira de la correa, se excita, cruza asfalto caliente y puede elevar su temperatura corporal más rápido de lo que parece desde el otro extremo.
El Royal Veterinary College ha insistido en esa idea con datos. Su investigación VetCompass encontró que el ejercicio era el desencadenante más frecuente de enfermedad relacionada con el calor, presente en casi tres cuartas partes de los casos.
Peor para perros con obsesidad
Eso cambia la imagen clásica del golpe de calor. No ocurre solo cuando un perro queda encerrado en un coche. También puede aparecer durante una caminata normal, especialmente si hay sol, humedad, suelo caliente o vulnerabilidad previa.
La fisiología canina explica parte del riesgo. Los perros no sudan como los humanos, salvo de forma limitada por las almohadillas. Su principal forma de enfriarse es el jadeo, que pierde eficacia con humedad o esfuerzo sostenido.
Los perros braquicéfalos son especialmente vulnerables. Bulldog francés, bulldog inglés, carlino o bóxer tienen vías respiratorias menos eficientes, lo que dificulta expulsar calor cuando caminan, se excitan o respiran con dificultad en ambiente cálido.
El peso también importa. Un perro con obesidad carga más articulaciones y disipa peor el calor. La grasa actúa como aislante, el esfuerzo aumenta y el estrés térmico puede llegar antes aunque el paseo parezca suave.
El asfalto añade otro riesgo silencioso. Aunque el aire marque 24 ºC, el pavimento puede estar mucho más caliente si recibe sol directo. La regla práctica es tocar el suelo: si quema la mano, no es seguro.
Las señales tempranas no deben esperar al colapso. Jadeo intenso, respiración ruidosa, babeo, lengua muy roja, inquietud, búsqueda de sombra, debilidad, vómitos, diarrea, tambaleo o confusión pueden indicar que el perro se está sobrecalentando.
La respuesta debe ser rápida. La British Veterinary Association insiste en enfriar primero y transportar después: llevar al animal a una zona fresca, mojarlo con agua fresca, ventilarlo y contactar con un veterinario cuanto antes.
La prevención es mucho más sencilla. A partir de 24 ºC conviene reducir el paseo, evitar horas centrales, buscar sombra, llevar agua, elegir césped o tierra y cambiar la caminata larga por salidas breves.