Un fenómeno invisible.
Miguel Andrés, investigador en España: "Existe una sequía que no es de agua, sino de falta de viento en la atmósfera"
Científicos españoles confirman que la "sequía de viento" existe y hablan sobre su impacto a nivel ambiental y también urbano.
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Desde el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, con un equipo científico español y el investigador Miguel Andrés Martín, se ha logrado medir y cuantificar por primera vez en la historia las llamadas "sequías de viento".
A través del desarrollo del Standardized Wind Speed Index, el primer índice estandarizado a nivel global para este fenómeno, los expertos han conseguido establecer una herramienta matemática capaz de registrar periodos prolongados donde la velocidad del aire se sitúa drásticamente por debajo de la media histórica en una región.
Este fenómeno invisible, que no está relacionado con la falta de agua sino con la ausencia de movimiento en la atmósfera, se produce principalmente por bloqueos atmosféricos. Situaciones de altas presiones e intensos anticiclones se estacionan de forma prolongada sobre un territorio, impidiendo la circulación habitual de las masas de aire.
El estudio confirma que la crisis climática está alterando la dinámica de las corrientes globales, lo que incrementa la frecuencia y la duración de estos periodos de calma total. Y lo cierto es que no es una sequía para tomarse a la ligera.
Una sequía de importante impacto
El impacto socioeconómico de este hallazgo es crítico, especialmente para el sector de la energía eólica. La falta de viento debilita de forma directa la generación de electricidad renovable, obligando a los países a depender de fuentes energéticas más caras o contaminantes para cubrir la demanda.
Del mismo modo, estas sequías atmosféricas paralizan la dispersión natural de semillas y polen, alteran los ciclos agrícolas y eliminan el efecto refrigerante que el aire ejerce sobre los cultivos durante las olas de calor.
A nivel medioambiental y urbano, la investigación advierte que la inmovilidad del aire agrava drásticamente la contaminación en las grandes ciudades, al impedir que los gases nocivos y las partículas en suspensión se disipen.
Al carecer de una ventilación natural, los núcleos urbanos sufren un aumento inmediato de problemas respiratorios en la población y un recrudecimiento del efecto "isla de calor".
Con la validación de este nuevo índice, los gobiernos y gestores energéticos disponen ahora de una métrica científica esencial para predecir estos escenarios y diseñar infraestructuras más resilientes ante un futuro con atmósferas cada vez más estáticas.
Es decir, que ahora los expertos del sector deben readaptarse a esta nueva situación para que la sequía en cuestión no derrumbe por completo las estructuras ya consolidadas dentro de los sectores energéticos, e incluso dentro del ámbito del campo.