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Paco Nicolás, albañil: "Cuando hay que trabajar con calor a las 2 de la tarde no debes esperar a tener sed para beber agua"

Los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor y las empresas deben modificar el trabajo cuando la prevención no basta.

Más información: Los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor y las empresas deben modificar el trabajo cuando la prevención no basta.

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Las claves

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Paco Nicolás, albañil con 30 años de experiencia, destaca la importancia de hidratarse constantemente durante jornadas de calor extremo en la construcción.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recomienda beber agua regularmente, ya que la sed no es un indicador fiable de deshidratación.

El calor intenso en obras aumenta el riesgo de accidentes laborales y exige adaptar horarios, tareas y pausas para proteger la salud de los trabajadores.

La normativa española obliga a modificar o paralizar tareas en exteriores durante olas de calor cuando las medidas preventivas habituales resultan insuficientes.

A las nueve y media de la mañana, los termómetros ya marcaban 34,5 grados. En una escena que podría darse en cualquier obra de España, Paco Nicolás acababa de mojarse la cabeza con una manguera para seguir trabajando bajo un calor que apenas acababa de empezar.

Paco Nicolás, con tres décadas de experiencia en la construcción, contó a La Razón cómo afronta las jornadas de calor. "Hidratarse y beber mucha agua es la única manera de llevarlo" explicó mientras seguía trabajando.

Uno de sus compañeros describía como "impresionante" el calor de las dos o las tres de la tarde. A esas horas, el esfuerzo físico se suma a la radiación solar y a unas superficies que llevan toda la mañana acumulando temperatura.

La experiencia de Paco está en línea con una recomendación del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. "No esperes a tener sed, bebe frecuentemente agua", recuerda el organismo a quienes desarrollan su actividad a la intemperie.

Beber con regularidad resulta imprescindible, pero una botella de agua no resuelve por sí sola el riesgo. Las tareas, los horarios, las pausas y las zonas de descanso también deben adaptarse cuando el calor amenaza la salud de la plantilla.

Cuando una persona trabaja al sol, su organismo necesita eliminar el calor del ambiente y el que produce el propio esfuerzo. Para conseguirlo, aumenta el flujo de sangre hacia la piel y activa la sudoración.

El sudor ayuda a enfriar el cuerpo al evaporarse, pero provoca una pérdida continua de agua y electrolitos. El INSST advierte de que la sed no es un indicador fiable de la deshidratación, especialmente durante actividades físicas intensas o prolongadas.

Esperar a sentir la boca seca puede retrasar la reposición de líquidos. Conviene disponer de agua fresca cerca del puesto y beber pequeñas cantidades a intervalos regulares, aunque todavía no hayan aparecido unas ganas claras de beber.

La cantidad necesaria cambia según la temperatura, la humedad, la intensidad del trabajo, la ropa y las características de cada persona. La hidratación debe formar parte de la organización de la jornada y no depender únicamente de que el trabajador encuentre un momento libre.

Una obra acumula más calor

Las bebidas alcohólicas dificultan la hidratación y las comidas muy copiosas pueden aumentar el malestar durante las horas más calurosas. Cuando la sudoración es intensa y se mantiene durante horas, también puede ser necesario reponer las sales perdidas.

La temperatura ambiental se relaciona con solo una parte del riesgo. En una obra influyen también la radiación solar, la humedad, el viento, la ropa y el esfuerzo físico que requiere cada tarea.

Cargar materiales, trabajar sobre un andamio o manejar herramientas genera calor dentro del propio cuerpo. Si el ambiente impide disiparlo, la temperatura interna puede seguir aumentando aunque el trabajador esté acostumbrado a los veranos duros.

El calor también afecta a la atención, la coordinación y la destreza manual. En la construcción, un mareo o una pequeña pérdida de concentración puede tener consecuencias graves al utilizar maquinaria, moverse en altura o trabajar cerca de huecos.

El INSST recuerda que los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor. El cansancio, la pérdida de reflejos y la dificultad para mantener la concentración se añaden al riesgo directo de sufrir agotamiento o un golpe de calor.

Más de cinco millones y medio de trabajadores en España afirman haber estado expuestos a calor extremo dentro o fuera de su lugar de trabajo. La construcción figura entre los sectores que necesitan una prevención especialmente cuidadosa.

Adaptar horarios y tareas

También importa la aclimatación. Quien acaba de incorporarse, regresa después de unas vacaciones o empieza a trabajar en una zona más calurosa puede necesitar varios días para adaptarse. La carga de trabajo debería aumentar de forma gradual.

La responsabilidad no puede recaer únicamente sobre quien sostiene la herramienta. La empresa debe evaluar el riesgo térmico teniendo en cuenta la previsión meteorológica, el esfuerzo necesario y las circunstancias conocidas de cada trabajador.

Las tareas más pesadas pueden adelantarse a las primeras horas, cuando el ambiente todavía resulta más soportable. También ayudan las rotaciones, las pausas frecuentes, los espacios de sombra y el acceso cercano a agua potable y fresca.

Trabajar solo aumenta el peligro. Un compañero puede detectar antes una respuesta incoherente, una pérdida de equilibrio o una debilidad repentina. La vigilancia mutua se convierte en una medida preventiva cuando las temperaturas alcanzan valores extremos.

La normativa española obliga a incluir medidas frente a los fenómenos meteorológicos adversos en los trabajos al aire libre. La evaluación puede llevar a prohibir determinadas tareas durante las horas más peligrosas cuando no exista otra forma de garantizar la protección.

Si Aemet emite un aviso naranja o rojo y las medidas habituales resultan insuficientes, deben adaptarse las condiciones del trabajo. La norma contempla expresamente la reducción o modificación de las horas previstas de la jornada.

Entregar agua no permite mantener cualquier tarea a cualquier temperatura. Cuando el riesgo sigue siendo alto, habrá que modificar el horario, reducir el esfuerzo, ampliar los descansos, sustituir el trabajo previsto o paralizarlo temporalmente.

El INSST y Aemet presentaron en 2026 un proyecto para anticipar mejor estas situaciones. La herramienta combinará temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del aire, cuatro factores que ofrecen una imagen más completa que el termómetro por sí solo.

Compañerismo

El agotamiento por calor puede comenzar con sudoración intensa, debilidad, mareo, dolor de cabeza, náuseas o calambres. Ante esos síntomas, hay que detener la actividad, buscar un lugar fresco y empezar a enfriar el cuerpo.

La confusión, el habla alterada, las convulsiones, el desmayo o una temperatura corporal muy elevada pueden indicar un golpe de calor. Es una emergencia médica capaz de dañar el cerebro, el corazón, los riñones y otros órganos.

Ante una sospecha, debe llamarse al 112 y trasladar a la persona a la sombra mientras llega la ayuda. Conviene retirar el exceso de ropa y refrescarla con agua, paños húmedos o ventilación. Si está inconsciente, nunca debe recibir líquidos.

El propio afectado puede no darse cuenta de la gravedad de su estado. Una conducta extraña, una respuesta desorientada o una pérdida repentina de coordinación deben tomarse en serio. Esperar a que se recupere sin detener el trabajo puede empeorar la situación.

Paco Nicolás conoce por experiencia lo que supone levantar una obra cuando el calor aprieta desde primera hora. Su consejo sobre la hidratación es necesario, aunque trabajar con seguridad exige mucho más que beber agua y resistir.