Patricio Martínez, arquitecto y codirector de PMMT Arquitectura.

Patricio Martínez, arquitecto y codirector de PMMT Arquitectura. Cedida

Ciencia

Los arquitectos coinciden: "El ciclo circadiano es determinado por las 24 horas que corresponden a luz y oscuridad"

Los especialistas reclaman que en el diseño de edificios sanitarios se tengan en cuenta también las necesidades emocionales de los pacientes.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

El ciclo circadiano, basado en la alternancia de luz y oscuridad durante 24 horas, es clave para el bienestar y equilibrio del paciente en la arquitectura hospitalaria.

La arquitectura sanitaria debe priorizar la conexión, empatía y dignidad, evitando pasillos interminables y espacios sobresaturados de tecnología.

La luz natural se considera un material esencial en el diseño hospitalario, igual de importante que el hormigón o el acero, para regular hormonas, sueño y estado de ánimo.

Se recomienda garantizar el acceso real a la iluminación diurna y crear entornos hospitalarios que reduzcan el estrés y promuevan la privacidad y la inclusión.

La arquitectura sanitaria de Patricio Martínez sitúa el ciclo circadiano en el centro del diseño hospitalario, al entender que la alternancia de luz y oscuridad durante 24 horas es clave para el equilibrio del cuerpo y el bienestar del paciente.

El fundador, junto con Maximià Torruella, de la empresa PMMT sostiene que los edificios de salud no pueden limitarse a la belleza formal: deben responder a las necesidades emocionales de pacientes que rara vez están en su mejor estado físico o mental.

El arquitecto defiende que esa humanización se articula en torno a una tríada —conexión, empatía y dignidad— que obliga a replantear pasillos interminables, salas sin color y espacios sobresaturados de tecnología que históricamente han convertido los hospitales en lugares hostiles.

La conexión, explica Martínez en una entrevista a EFESalud, se entiende como el vínculo entre el cuerpo y el entorno construido, un diálogo continuo en el que el paciente percibe el espacio a través de sus sentidos, de la presencia de naturaleza y, sobre todo, de un ciclo de luz que respete sus ritmos biológicos.

Conexión, empatía y dignidad

En este marco, los ritmos circadianos se describen como cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas, estrechamente sincronizados con la alternancia natural entre el día y la noche que determina la organización interna del organismo.

Martínez sintetiza esa idea en una afirmación contundente: "El ciclo circadiano mantiene en equilibrio nuestro cuerpo y está determinado por esas 24 horas que corresponden a la luz y la oscuridad", una ecuación que la arquitectura sanitaria no puede permitirse ignorar.

La luz natural, subraya, se convierte así en un material de proyecto tan decisivo como el hormigón o el acero, porque regula hormonas, sueño y estado de ánimo; privar al paciente de ella equivale a romper el reloj interno que guía su recuperación.

Por eso, la guía de PMMT propone que habitaciones, pasillos y áreas de espera garanticen un acceso real a la iluminación diurna, recurriendo a grandes huecos, patios interiores o soluciones que acerquen el exterior incluso allí donde las vistas son imposibles.

Cuando no hay contacto visual con la naturaleza, el estudio recurre a imágenes, fotografías y recursos bioclimáticos que evocan lo natural, tratando de sostener esa conexión biofílica que el propio Martínez considera una necesidad intrínseca del ser humano enfermo.

Los sentidos completan esta ecuación: vista, oído, olfato, tacto y termorrecepción se utilizan de forma deliberada para diseñar experiencias hospitalarias menos agresivas, introduciendo texturas, colores y sonidos que reduzcan el estrés y acompañen terapéuticamente al paciente.

La empatía, segundo pilar de la tríada, implica proyectar desde la piel del enfermo, asumiendo que el diseño influye directamente en sus emociones y que un hospital que intimida o desorienta puede agravar la ansiedad en lugar de aliviarla.

Frente a las macroestructuras impersonales, PMMT recomienda fragmentar visualmente los espacios, reducir escalas, introducir color de forma estratégica y cuidar la señalética para que la experiencia espacial sea legible, manejable y menos intimidante.

El tercer eje, la dignidad, obliga a repensar privacidad, comunicación e inclusión, ámbitos donde los fallos de diseño se traducen a menudo en humillación cotidiana, ruidos indiscretos o conversaciones médicas expuestas ante otros pacientes.