Imagen de archivo de un gato.

Imagen de archivo de un gato. El Español

Ciencia

Entró en vigor: el Gobierno ya multa a los propietarios de gatos que no le pongan un microchip con hasta 50.000 euros

Esta normativa no ofrece ninguna excepción y obliga a que todos los felinos cuenten con un dispositivo para poder identificarlo.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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La Ley de Bienestar Animal obliga a identificar a todos los gatos con microchip, sin excepciones para los que viven en interiores.

No poner el microchip a un gato se considera infracción grave y puede acarrear multas de entre 10.001 y 50.000 euros.

El microchip facilita la devolución de animales extraviados, el control sanitario y la lucha contra el abandono y la sobrepoblación felina.

Las autoridades están intensificando los controles para localizar gatos no registrados y evitar la informalidad en la tenencia de mascotas.

La Ley de Bienestar Animal ha convertido en obligación lo que durante años muchos dueños de gatos seguían tratando como una recomendación: identificar a sus mascotas con microchip. La norma no distingue entre felinos que salen a la calle y los que viven siempre dentro de casa.

Ese detalle ha pasado a tener consecuencias económicas serias. No colocar el chip a un gato se considera una infracción grave y puede acarrear sanciones que oscilan entre 10.001 y 50.000 euros, según el marco sancionador vigente.

El aviso afecta a miles de hogares que todavía creen que un gato doméstico, por no abandonar nunca el piso, queda fuera de la obligación. La ley, sin embargo, no contempla excepciones para los animales que permanecen encerrados en viviendas privadas.

La razón de fondo es práctica y también sanitaria. El microchip permite devolver con rapidez a un animal extraviado a su familia, además de facilitar el control administrativo, la trazabilidad y la lucha contra el abandono y la sobrepoblación felina.

Un control más estricto

Los veterinarios recuerdan que basta un descuido mínimo para que un gato se escape por una ventana o una puerta mal cerrada. En ese escenario, la ausencia de identificación complica de forma notable localizar a su propietario legítimo.

La ley sitúa la responsabilidad directamente sobre el cuidador del animal. Por eso, más allá del coste del procedimiento —relativamente bajo en comparación con la sanción—, la omisión del chip puede convertirse en un expediente administrativo muy caro.

Las autoridades están intensificando los controles y cruzando datos para localizar animales no registrados. Ese refuerzo responde al objetivo de cerrar el paso a la informalidad y de mejorar el seguimiento de gatos domésticos y colonias felinas en toda España.

En paralelo, el sistema sancionador de la Ley de Bienestar Animal contempla otros supuestos graves y muy graves, con multas que pueden llegar mucho más lejos. Pero, en el caso del microchip, el margen ya basta para poner en alerta a cualquier propietario.

La implantación del chip, que se realiza bajo la piel y queda asociada a una base de datos, ofrece una identificación única del animal. Ese registro es la herramienta que permite vincular a cada gato con sus datos de custodia.

El mensaje de la norma es inequívoco: tener un gato implica también cumplir con su identificación legal. Para la Administración, no se trata de una formalidad menor, sino de una medida de protección animal y de orden público.

Por eso, la advertencia se repite con insistencia en clínicas, ayuntamientos y medios especializados. Quien aún no haya regularizado la situación de su gato se expone a una multa elevada por una infracción que la ley ya da por cerrada.

La legislación española actual no contempla excepciones para los gatos que habitan permanentemente en viviendas cerradas. Cumplir este requisito técnico evita el inicio de expedientes sancionadores cuya cuantía máxima se sitúa actualmente en los 50.000 euros.