Xavier Guix, psicólogo.

Xavier Guix, psicólogo.

Ciencia

Los psicólogos coinciden: a los 50 debes tener muy claro con quién debes ir por la vida, estás menos para perder el tiempo

La experiencia adquirida ayuda a comprender la necesidad de priorizarse frente a las exigencias externas con las que se venía lidiando hasta entonces.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

A los 50 años, los psicólogos recomiendan ser más selectivos con las relaciones personales para no perder tiempo en vínculos vacíos.

El psicólogo Xavier Guix destaca que esta etapa implica revisar el pasado sin culpa y mirar al futuro sin miedo, optando por relaciones que aporten.

La madurez a los 50 se asocia con priorizar la coherencia personal y elegir afectos de calidad por encima de la cantidad, optimizando el bienestar socioemocional.

A los 50 años, la vida deja menos margen para la improvisación y más necesidad de elegir bien las compañías. Es la idea que defienden los expertos que se refieren a esta etapa como un momento en el que ya no conviene perder tiempo con vínculos vacíos.

El psicólogo Xavier Guix lo plantea con una frase tan directa como rotunda: "A los 50 debes tener muy claro con quién debes ir por la vida, estás menos para perder el tiempo". Su reflexión parte de una mirada amplia sobre las crisis de edad.

Para el experto, los 50 marcan un punto de inflexión porque obligan a revisar el pasado sin quedarse atrapado en la culpa y a mirar el futuro sin caer en el miedo. "Si miras al pasado, culpa. Si miras al futuro, miedo", advierte, en una de sus ideas más reconocibles.

La tesis de Guix no se limita a una llamada a la selectividad afectiva. También apunta a una forma distinta de entender la madurez: menos sometida a expectativas ajenas y más atenta a lo que cada persona necesita para vivir con coherencia.

Distinguir las buenas relaciones

En su análisis, que ha explicado en el pódcast Tranquil·la ment, las crisis no aparecen solo a los 50. El psicólogo sitúa otros momentos de quiebra personal en torno a los 21 años, cuando arranca la vida adulta.

Por su parte, los 33 es cuando se activan decisiones ligadas a la maternidad o la paternidad, mientras que los 40 es aquella etapa en la que muchos se dicen que quieren empezar a ser ellos mismos. Pero es en la década de los 50 donde su diagnóstico se vuelve más tajante.

A esa edad, sostiene, la experiencia ya debería haber enseñado a distinguir entre las relaciones que suman y las que solo consumen energía, algo especialmente relevante en una sociedad que alarga la juventud como ideal permanente.

Guix también conecta esta reflexión con la presión social que sufren los más jóvenes, cada vez más expuestos a una sensación de urgencia vital. El problema, dice, aparece cuando alguien de 30 años ya se siente mayor, como si el tiempo se hubiera convertido en una amenaza constante.

Ese malestar se agrava, según el psicólogo, por la comparación continua con referentes juveniles en redes sociales y medios. Ver cómo los ídolos tienen menos edad que uno o escuchar que te llaman "señor" puede funcionar como un pequeño golpe de realidad, pero también como un síntoma de desajuste emocional.

La conclusión de Guix es clara: aceptar el paso del tiempo no significa resignarse, sino aprender a elegir mejor. Y a los 50, esa selección pasa también por decidir con quién merece la pena caminar, porque el tiempo, a partir de ahí, vale más y se tolera peor el desgaste.

Y es que esta reducción del círculo social no debe interpretarse como aislamiento ni soledad no deseada. Al contrario, se trata, según lo definen los psicólogos, de un proceso de optimización socioemocional, donde prima la calidad de los afectos frente a la cantidad numérica.