Embalse y presa de tierra de Youssef Ibn Tachfin en Agadir, Marruecos.
Marruecos cambia de estrategia: invierte 14,7 millones de euros en la siembra de nubes para protegerse de la sequía extrema
Marruecos intenta exprimir cada nube útil contra la falta de agua, por eso el programa Al Ghait vuelve al centro de su estrategia hídrica.
Más información: Los veterinarios coinciden: los propietarios de un gato que son empáticos logran que tengan conductas menos agresivas
Marruecos lleva años buscando agua donde antes solo miraba al cielo. Después de siete años de sequía, embalses bajo mínimos y agricultura expuesta al calor, ha recuperado una herramienta llamativa: la siembra artificial de nubes.
El país, de hecho, ha invertido 160 millones de dírhams, unos 14,7 millones de euros, entre 2021 y 2023.
Esa inversión se destinó a ampliar Al Ghait, un programa que el país puso en marcha hace décadas para intentar aumentar las precipitaciones mediante técnicas de modificación meteorológica, ahora recuperadas por el agravamiento de la sequía.
La idea no consiste en crear nubes de la nada, sino en actuar sobre nubes que ya existen. La siembra introduce partículas capaces de favorecer la condensación o la formación de hielo dentro de masas nubosas concretas.
El objetivo es que una nube con condiciones adecuadas descargue más lluvia o nieve de la que habría producido de forma natural. Si no hay humedad, nubes útiles o atmósfera favorable, no hay milagro posible.
Golpeado por el calor extremo
Ese matiz es clave para entender la apuesta marroquí. La Organización Meteorológica Mundial define la modificación del tiempo como una intervención deliberada sobre la atmósfera local, pero no promueve ni desaconseja esta práctica.
Marruecos la utiliza dentro de una estrategia más amplia contra la escasez. No sustituye a presas, desaladoras, reutilización de aguas residuales ni redes de transporte, sino que funciona como herramienta adicional cuando la atmósfera permite operar.
La ampliación también tuvo una lectura territorial. Medios marroquíes situaron nuevas actuaciones en zonas como Jenifra, Taza, Tensift-Al Haouz y Souss-Massa, regiones donde la falta de lluvia golpea agricultura, acuíferos y abastecimiento.
El país incluso ha intensificado operaciones. En 2024, Nizar Baraka afirmó que Marruecos había realizado 70 operaciones de siembra de nubes durante ese año, frente a un ritmo menor en ejercicios anteriores.
La cifra más repetida habla de incrementos de precipitación de entre el 14% y el 17% en zonas objetivo. Conviene tratarla con prudencia, porque medir cuánta lluvia procede realmente de la siembra resulta muy difícil.
La ciencia va justo por ahí. La Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos recogió en 2024 estimaciones muy variables: los estudios revisados calculaban aumentos de precipitación entre el 0% y el 20%.
La Sociedad Meteorológica Americana recuerda que la siembra se basa en dispersar aerosoles o materiales muy fríos dentro de nubes concretas, pero su evaluación sigue siendo compleja.
Además, durante una sequía severa hay menos oportunidades de sembrar nubes, porque precisamente faltan sistemas nubosos adecuados. Por eso funciona mejor como apoyo continuo de gestión hídrica que como rescate milagroso de emergencia.
Aun así, Marruecos entiende que cualquier aumento puede importar. La sequía de siete años vació presas, redujo la cosecha de trigo, afectó al ganado y empujó al país a acelerar planes de desalación.
El contexto cambió en enero de 2026, cuando Baraka declaró el final de la sequía tras un invierno lluvioso. Las precipitaciones habían subido un 95% respecto al año anterior y un 17% frente a la media estacional.
Pero ese alivio no cancela el problema de fondo. El país sigue expuesto a largos periodos secos, lluvias concentradas, inundaciones repentinas y temperaturas más altas, que aumentan la evaporación en embalses y suelos agrícolas.
También hay controversia. Las lluvias torrenciales registradas en varias zonas alimentaron teorías sobre la siembra de nubes, aunque Baraka negó que esas operaciones se hubieran realizado en las regiones afectadas por inundaciones.
En un país golpeado por el calor extremo, la técnica funciona como símbolo de una nueva etapa. Marruecos intenta convertir cada nube aprovechable en recurso, cada embalse en reserva estratégica y cada lluvia en ventaja futura.