Hombre haciendo pesas.

Hombre haciendo pesas. Freepik

Ciencia

Darryl Leong, experto en cambios físicos: “La fuerza de agarre de una persona predice el riesgo de muerte”

La fuerza de la mano puede decir más de lo que parece: un gran estudio vincula agarre débil, envejecimiento y mortalidad prematura.

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Las claves

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La fuerza de agarre de la mano es un indicador sencillo y fiable del riesgo de muerte prematura, según un estudio internacional liderado por Darryl Leong.

Por cada descenso de cinco kilos en la fuerza de agarre, el riesgo de morir por cualquier causa aumenta un 16%, y también sube el riesgo de infarto e ictus.

El estudio, que analizó a casi 140.000 adultos de 17 países, afirma que la fuerza de agarre refleja el estado muscular, neuromuscular y funcional general.

Conservar la fuerza muscular mediante ejercicio regular es clave para mantener la autonomía y reducir riesgos asociados al envejecimiento, según recomendaciones de la OMS.

La fuerza con la que una persona aprieta la mano puede parecer un dato menor, casi anecdótico. Sin embargo, uno de los grandes estudios internacionales sobre envejecimiento y salud la sitúa como señal sencilla del riesgo de muerte prematura.

La conclusión procede del estudio PURE, publicado en The Lancet y liderado por Darryl Leong, investigador del Population Health Research Institute y la Universidad McMaster. Analizó a 139.691 adultos de 35 a 70 años en 17 países.

El dato que sostiene el titular es claro: por cada descenso de cinco kilos en la fuerza de agarre, el riesgo de morir por cualquier causa aumentaba un 16%. También subía el riesgo de muerte cardiovascular y no cardiovascular.

La frase de Leong resume la utilidad clínica: “La fuerza de agarre podría ser una prueba fácil y barata para evaluar riesgo”. No habla de adivinar el futuro, sino de detectar una señal física reveladora con muy pocos recursos.

La medición se hizo con un dinamómetro, un aparato que registra la fuerza máxima al apretar la mano. Es rápido, barato y más simple que muchas pruebas de función muscular, pero aporta información que va más allá de los dedos.

Cada caída de cinco kilos se asoció con un 7% más de riesgo

El estudio encontró que un agarre débil se asociaba con menor supervivencia y mayor riesgo de infarto o ictus. Incluso resultó ser un predictor de muerte más potente que la presión arterial sistólica en esa muestra internacional.

La clave está en que la fuerza de agarre no mide solo la mano. Funciona como marcador global de fuerza muscular, salud neuromuscular, capacidad funcional y estado físico general, dimensiones que se deterioran progresivamente con la edad.

Por eso encaja tan bien dentro de los cambios físicos del envejecimiento. A partir de la mediana edad, muchas personas pierden masa muscular, potencia, coordinación y capacidad para realizar tareas cotidianas sin darse cuenta de golpe.

Una mano más débil puede ser la señal visible de un cuerpo que está perdiendo fuerza en conjunto. No significa que apretar una pelota salve vidas, sino que esa pérdida refleja un deterioro más amplio.

El trabajo también detectó aumentos más modestos, pero relevantes, en eventos concretos: cada caída de cinco kilos se asoció con un 7% más de riesgo de infarto y un 9% más de riesgo de ictus.

La explicación fisiológica tiene sentido. La fuerza depende de músculos, nervios, circulación, metabolismo, inflamación y actividad física habitual. Cuando varios de esos sistemas empiezan a fallar, la capacidad de apretar con potencia también puede resentirse.

El mensaje práctico no es convertir la vida en un entrenamiento de antebrazo. TIME recogía otra frase de Leong: “Necesitamos una estrategia de ejercicio completa”, con fuerza general, resistencia, equilibrio y movimiento diario sostenido en el tiempo.

Lo importante es conservar fuerza general. Caminar cuida el sistema cardiovascular, pero el trabajo de resistencia protege músculo, hueso, equilibrio y autonomía, justo las capacidades que sostienen una vida diaria sin dependencia cuando llegan los años de mayor vulnerabilidad.

Además, las guías de la OMS recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos o más días por semana para grandes grupos musculares en adultos sanos.