Un gato.

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Ciencia

Los veterinarios coinciden: los propietarios de un gato deben tener el aire acondicionado programado este verano

Mantener agua fresca y renovar los bebederos varias veces al día ayuda a prevenir la deshidratación de los gatos en verano.

Más información: Los veterinarios coinciden: los propietarios de un gato no son personas inseguras sino que tienen autonomía emocional

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Los veterinarios advierten que los gatos son especialmente sensibles al calor, sobre todo si tienen sobrepeso o enfermedades.

Es fundamental mantener la temperatura del hogar entre 15 y 23 grados para evitar golpes de calor en los felinos.

El uso de ventiladores o aire acondicionado programado ayuda a prevenir riesgos cuando los propietarios se ausentan durante las horas de más calor.

Mantener agua fresca, cepillar con frecuencia y habilitar zonas sombreadas son claves para el bienestar del gato en verano.

Las altas temperaturas del verano no solo afectan a las personas. Los gatos también sufren las consecuencias del calor intenso y, cuando los termómetros se disparan, necesitan que sus propietarios adapten el hogar para garantizar su bienestar y evitar riesgos graves.

Los veterinarios recuerdan que los felinos son especialmente sensibles al calor, sobre todo aquellos que presentan sobrepeso o padecen alguna enfermedad. Aunque cuentan con mecanismos naturales para regular su temperatura corporal, estos pueden resultar insuficientes durante los episodios de calor extremo.

Cuando el ambiente supera los 30 grados, los gatos suelen reducir su actividad y buscar las zonas más frescas de la vivienda. Es habitual encontrarlos tumbados sobre baldosas frías, en cuartos de baño o incluso dentro de bañeras y fregaderos.

La temperatura ambiental ideal para un gato se sitúa entre los 15 y los 23 grados. A diferencia de las personas, apenas sudan, ya que sus glándulas sudoríparas se encuentran principalmente en las almohadillas de las patas. También recurren al jadeo ocasional y al lamido.

La temperatura corporal normal de estos animales oscila entre los 38 y los 39,5 grados. Cuando aumenta de forma significativa, puede indicar fiebre o un golpe de calor, una situación potencialmente peligrosa que requiere atención inmediata para evitar complicaciones.

Hidratación felina

Entre las señales más frecuentes de un golpe de calor destacan el jadeo excesivo, el aumento del consumo de agua, la respiración alterada, los temblores musculares, la salivación abundante, la debilidad extrema e incluso convulsiones o pérdida de conocimiento en los casos más graves.

Para prevenir estos problemas, los expertos aconsejan mantener una temperatura agradable dentro de casa. Durante las primeras horas del día resulta recomendable ventilar la vivienda, mientras que después conviene bajar persianas, cerrar cortinas y utilizar toldos para bloquear la radiación solar.

Cuando el calor se vuelve especialmente intenso, el uso de ventiladores o aire acondicionado puede marcar la diferencia. Los veterinarios recomiendan incluso programar estos sistemas durante las horas centrales del día si los propietarios van a permanecer fuera de casa durante varias horas.

La hidratación también desempeña un papel fundamental. Los gatos suelen beber poca agua, por lo que es importante colocar los bebederos en lugares frescos, renovar el agua varias veces al día y, si es necesario, añadir algunos cubitos para mantenerla agradable.

Además, el cepillado frecuente ayuda a retirar el pelo muerto acumulado, favoreciendo una mejor regulación térmica. Pasar suavemente un paño húmedo por determinadas zonas del cuerpo también puede contribuir a que el animal se sienta más cómodo.

Quienes dispongan de jardín, balcón o terraza protegida del sol pueden habilitar espacios sombreados donde el gato descanse. Una caja de cartón cubierta con una toalla húmeda o un recipiente con agua pueden convertirse en refugios ideales durante los días más calurosos.