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Antártida. Pexels

Ciencia

La Antártida cambia las normas: encuentran una gran estructura enterrada tras perforar 3.000 metros de hielo

El hallazgo bajo la Antártida Oriental relaciona antiguas fracturas de Gondwana con las proyecciones futuras sobre el nivel del mar.

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Las claves

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Un estudio ha identificado una gran estructura geológica en forma de abanico bajo la Antártida Oriental, sepultada por más de 3.000 metros de hielo.

La estructura, llamada Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental, agrupa grandes depresiones como las cuencas de Wilkes y Aurora y el entorno del lago Vostok.

El origen del abanico se relaciona con la ruptura del supercontinente Gondwana, mostrando antiguos movimientos tectónicos bajo el hielo antártico.

Este hallazgo permite mejorar los modelos sobre la dinámica del hielo antártico y su influencia en el nivel del mar y el drenaje subglacial.

La Antártida parece una superficie blanca e inmóvil, pero debajo del hielo hay un continente entero que no vemos. Sus valles, montañas y cuencas influyen en cómo se mueve el hielo y en lo que puede ocurrir con el nivel del mar.

Un estudio publicado en Nature Geoscience ha identificado bajo la Antártida Oriental una gran estructura geológica con forma de abanico. En algunas zonas, ese relieve queda sepultado bajo más de 3.000 metros de hielo.

Ese paisaje no puede observarse directamente. Los investigadores lo han reconstruido cruzando mapas del lecho antártico, radar aéreo, gravedad, magnetismo, sísmica y modelos de la corteza terrestre.

Los autores describen el sistema como una "unidad fisiográfica con forma de abanico y escala casi continental". La frase resume por qué el hallazgo cambia el mapa oculto de la Antártida Oriental.

El lugar ha recibido el nombre de Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental. Reúne grandes depresiones bajo el hielo, incluidas las cuencas de Wilkes y Aurora y el entorno del lago Vostok.

Un abanico nacido en Gondwana

Estas regiones ya eran conocidas por los científicos, pero se estudiaban como piezas separadas. Al juntar los datos, apareció un patrón más amplio. En palabras del estudio, la topografía "se parece a un abanico de mano".

El origen de esta forma se remonta a la historia profunda de la Tierra. Los investigadores la relacionan con la ruptura de Gondwana, el antiguo supercontinente que unió a la Antártida con Australia, África, Sudamérica e India.

Durante ese proceso, la corteza antártica habría sufrido un estiramiento rotacional. La imagen del abanico ayuda a entenderlo: desde una zona próxima al Polo Sur, grandes cuencas se orientan hacia el norte como nervios bajo el hielo.

Además de con estas depresiones enterradas, el estudio también lo vincula con la elevación de las montañas Gamburtsev, sepultadas bajo la capa helada, y con la evolución de parte de las montañas Transantárticas.

Para reconstruir el paisaje oculto, el equipo tuvo que corregir el efecto del peso del hielo. Si la Antártida Oriental perdiera esa carga, algunas zonas del terreno podrían elevarse hasta cerca de un kilómetro.

Ese cálculo permite imaginar mejor la forma real del continente enterrado. Lo que hoy aparece hundido por la presión glaciar conserva señales de antiguos movimientos tectónicos y de una corteza que se abrió durante millones de años.

El estudio identifica 30 cuencas dentro de esta provincia subglacial. Muchas tienen una forma aproximada de V y se orientan hacia el norte, reforzando la imagen de un abanico dibujado bajo la capa helada.

Las cuencas de Wilkes y Aurora destacan por su tamaño. Ambas se prolongan más de 1.500 kilómetros hacia el interior, lo que da una idea de la escala continental del sistema reconstruido por los investigadores.

Por qué importa para el hielo actual

La importancia de esta geología enterrada no está solo en el pasado. La forma del lecho rocoso marca por dónde fluye el hielo, dónde se acumula agua subglacial y qué rutas pueden seguir los glaciares hacia la costa.

Cuando el terreno tiene valles profundos, fallas y cuencas, el hielo puede concentrarse en corredores concretos. Esa información ayuda a mejorar los modelos que intentan anticipar la evolución de la capa helada.

La Antártida Oriental suele considerarse más estable que la Antártida Occidental, pero no por ello se convierte en una masa simple. Su base rocosa es compleja, antigua y decisiva para entender el comportamiento del hielo.

El estudio sitúa estas cuencas bajo aproximadamente la mitad de la capa de hielo de la Antártida Oriental. Los autores señalan que son "esenciales para los procesos glaciares e hidrológicos antárticos", por su papel en el hielo y el agua subglacial.

El hallazgo no significa que vaya a producirse un deshielo inmediato. Lo que aporta es un mapa de fondo mucho más preciso sobre el terreno que sostiene una de las mayores reservas de hielo del planeta.

Conocer ese relieve oculto puede mejorar las proyecciones sobre drenaje subglacial, lagos enterrados y glaciares de salida. También reduce incertidumbres en los modelos que estudian el nivel del mar a largo plazo.

La Antártida no es una planicie blanca esperando a derretirse o resistir sin más. Bajo la superficie hay una historia tectónica enorme que todavía influye en la forma en que el hielo se mueve.

La nueva estructura en abanico une dos tiempos muy distintos: la ruptura de un supercontinente hace millones de años y las preguntas actuales sobre la estabilidad del hielo antártico.

Cada mapa nuevo del subsuelo antártico permite leer mejor el pasado del continente y afinar las preguntas sobre su futuro. Esta vez, la pista estaba bajo kilómetros de hielo y tenía forma de abanico.