Cueva de Liang Bua.
Marruecos da una lección a España: un hallazgo de 773.000 años supera a Atapuerca y cambia la historia humana
Un hallazgo en Casablanca mueve el tablero de la evolución humana: Marruecos gana peso frente a la hipótesis clásica centrada en Atapuerca.
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Marruecos acaba de entrar con fuerza en uno de los grandes debates de la evolución humana: dónde vivía la población que precedió a Homo sapiens, neandertales y denisovanos. La respuesta, durante años, miró hacia Atapuerca; ahora vuelve a mirar hacia África.
El hallazgo procede de la Grotte à Hominidés, en Thomas Quarry I, un yacimiento situado en Casablanca. El equipo internacional describe en Nature nuevos fósiles humanos datados en torno a 773.000 años, una edad excepcionalmente precisa para este periodo.
La clave está en la datación. Los sedimentos registran la inversión Brunhes-Matuyama, el último gran cambio de polaridad del campo magnético terrestre, ocurrido hace unos 773.000 años. Esa señal funciona como un reloj geológico global.
El material recuperado no es menor: incluye mandíbulas, dientes, vértebras y un fémur. Estos pertenecían a dos adultos y a un niño pequeño, y que fueron hallados en una cueva usada sobre todo por carnívoros.
Ahí empieza la comparación inevitable con España. Los fósiles marroquíes tienen una edad cercana a la de Homo antecessor, hallado en Gran Dolina, en Atapuerca, pero presentan una morfología distinta, según resume Science Media Centre España.
Herramientas y huesos de animales
Lo cierto es que Marruecos no borra a Atapuerca ni la supera necesariamente en antigüedad absoluta. Lo que cambia es el peso del norte de África en el relato sobre el origen profundo de nuestra línea evolutiva.
Durante años, Homo antecessor fue una pieza clave del debate por su posible cercanía al ancestro común de sapiens, neandertales y denisovanos. Estudios paleoproteómicos reforzaron su posición como especie muy próxima a esa raíz evolutiva.
Los restos de Casablanca introducen otra ventana, al otro lado del Mediterráneo. Nature señala que combinan rasgos primitivos con características derivadas que recuerdan a humanos posteriores, incluidos Homo sapiens y homininos arcaicos euroasiáticos.
Esa mezcla es lo que hace tan potente el descubrimiento. No estamos ante sapiens modernos, pero tampoco ante una pieza fácil de encajar en categorías antiguas. Los autores los sitúan cerca de una línea africana ancestral a nuestra especie.
El contexto del yacimiento añade una escena casi incómoda. La cueva parece haber funcionado como guarida de depredadores, y el fémur humano conserva marcas compatibles con consumo por un gran carnívoro, probablemente una hiena.
También aparecieron herramientas líticas y miles de huesos animales, lo que dibuja un paisaje donde los humanos fabricaban tecnología, pero no dominaban siempre el territorio. Eran cazadores, sí, aunque también podían convertirse en presa.
Aunque algunos expertos advierten que las mandíbulas no bastan para descartar el papel de la morfología facial de Homo antecessor, Oriente Próximo sigue siendo una región clave.