China consolida su estrategia frente a la escasez hídrica.

China consolida su estrategia frente a la escasez hídrica.

Ciencia

China cambia de estrategia: quiere el control total del agua uniendo megacanales y satélites meteorológicos

China pone en marcha su estrategia dual para combatir la crisis de agua que asfixia a sus provincias septentrionales con una gran infraestructura terrestre.

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Las claves

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China impulsa el mayor proyecto hidráulico del mundo, desviando agua del Yangtsé hacia el norte para abastecer a más de 150 millones de personas.

El país utiliza técnicas avanzadas de modificación climática, como la siembra de nubes con yoduro de plata, para generar lluvias artificiales en regiones agrícolas.

Satélites meteorológicos de última generación monitorizan la atmósfera y coordinan el despliegue de estas tecnologías para controlar cuándo y dónde llueve.

El ambicioso control del agua despierta preocupaciones internacionales por su posible impacto ecológico y la alteración de los patrones de lluvia en la región.

China quiere poner fin a la crisis del agua con un ambicioso proyecto que desafía a la ingeniería. El pilar central de este esfuerzo es el Proyecto de Desviación de Agua Sur-Norte, la obra hidráulica más grande del planeta.

A través de una red de canales y túneles, este megaproyecto ya trasvasa miles de millones de metros cúbicos anuales desde el caudaloso río Yangtsé hacia los centros urbanos e industriales del norte, incluyendo Pekín, beneficiando directamente a más de 150 millones de habitantes.

El gobierno chino, además, tiene también en marcha el programa de modificación climática más avanzado hasta la fecha para generar precipitaciones artificiales en sus cinturones agrícolas.

Esta curiosa técnica, que a priori puede parecer imposible, consiste en inyectar partículas de yoduro de plata en la atmósfera mediante drones automáticos, aviones y estaciones de combustión terrestre.

El objetivo de todo esto es forzar la condensación de la humedad en zonas prioritarias, complementando el flujo de los canales superficiales y mitigando las prolongadas sequías que amenazan la producción de alimentos.

China quiere el control del agua

El elemento diferenciador de esta ofensiva climática es el uso de satélites meteorológicos artificiales de última generación, los cuales actúan como el centro de control del sistema.

Dichas plataformas espaciales monitorean la atmósfera en tiempo real, identificando con precisión matemática las formaciones de nubes que poseen el mayor potencial hidrológico. Una vez detectadas, el sistema coordina de forma automatizada el despliegue de las tecnologías de siembra de nubes, optimizando los recursos y maximizando el volumen de lluvia caída.

Es decir, es un control total sobre la lluvia a efectos prácticos: China con esto puede llegar a decidir cómo y cuándo llueve, regulando intensidades si es necesario según los objetivos o lo que se busque.

A pesar de los beneficios que esto supone para los suministros urbanos y agrícolas, no obstante, la intervención de los ciclos naturales genera intensos debates a nivel internacional y pone al gobierno chino en una posición complicada.

Diversos científicos y expertos en el campo, así como países vecinos, han expresado su preocupación por el impacto ecológico a largo plazo y la alteración de los patrones de lluvia en la región, especialmente en la meseta tibetana.

No obstante, y pese a esos comentarios, Beijing mantiene su apuesta por esta soberanía hídrica que se tacha de medida de seguridad nacional para hacer frente a los efectos del cambio climático a corto y largo plazo.