Grieta submarina.

Grieta submarina. OpenAI

Ciencia

Los geólogos coinciden: una grieta de 75 km bajo el Pacífico divide la Tierra y cambia el mapa de las placas tectónicas

Cascadia revela una subducción en proceso de apagarse: la placa oceánica se rompe por dentro y abre la puerta a nuevas microplacas.

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Las claves

Las claves

Geólogos han detectado una fractura de 75 km bajo el Pacífico, frente a Vancouver, que muestra una placa oceánica partiéndose mientras la subducción se apaga.

El fenómeno ocurre en la zona de Cascadia, donde las placas Juan de Fuca y Explorer se hunden bajo la placa norteamericana, una región de alto riesgo sísmico.

El proceso no es instantáneo: algunas partes de la fractura siguen activas sísmicamente, mientras otras ya no producen terremotos, señalando una reorganización interna.

Este hallazgo ayuda a entender cómo pueden formarse microplacas y reescribe la forma en que los científicos ven la dinámica de las placas tectónicas.

Bajo el Pacífico nororiental, frente a la isla de Vancouver, los geólogos han observado algo que normalmente se reconstruye millones de años después: una zona de subducción que empieza a apagarse mientras una placa oceánica se rompe por partes.

El hallazgo procede de la zona de subducción de Cascadia, donde las placas de Juan de Fuca y Explorer se hunden bajo la placa norteamericana. Es una de las grandes fronteras tectónicas del planeta y concentra un riesgo sísmico conocido.

La clave está en una fractura de unos 75 kilómetros de longitud. No es una grieta abierta como una herida visible en el fondo marino, sino un desgarro profundo que corta la placa mientras sigue descendiendo bajo Norteamérica.

El equipo liderado por Brandon Shuck, de la Universidad Estatal de Luisiana, ha descrito el proceso en Science Advances. La imagen científica es potente: una subducción captada en el acto de apagarse, pieza a pieza.

Ese apagado no ocurre de golpe. Los investigadores explican que algunos sectores de la fractura siguen activos sísmicamente, mientras otros han quedado en silencio. Esa ausencia de pequeños terremotos también funciona como pista geológica.

Un desplazamiento de unos cinco kilómetros

La razón es sencilla: cuando un fragmento termina de separarse, las rocas dejan de permanecer enganchadas entre sí y ya no producen la misma actividad sísmica. El silencio, en este caso, también cuenta una ruptura.

El trabajo describe un proceso por episodios. Los límites transformantes actúan como tijeras naturales, cortando la placa oceánica y favoreciendo la aparición de microplacas. No es un colapso inmediato, sino una reorganización lenta del sistema.

Ahí está el cambio de mapa. No significa que la Tierra se esté partiendo en dos ni que vaya a aparecer una nueva costa mañana. Lo relevante es que una frontera de placas puede reorganizarse desde dentro.

Los datos proceden del experimento sísmico CASIE21, realizado en 2021. Los científicos enviaron ondas al subsuelo marino y registraron sus ecos con una línea de sensores submarinos de unos 15 kilómetros.

El método funciona como una ecografía del planeta. Permite reconstruir fallas y fracturas ocultas bajo el lecho oceánico, allí donde la observación directa es imposible y la tectónica trabaja a escalas que superan cualquier vida humana.

La gran sorpresa fue detectar un desplazamiento de unos cinco kilómetros en una parte de la placa. Esa caída revela que el sistema no solo está deformado, sino en una fase avanzada de ruptura interna.

La percha científica va más allá de Cascadia. Este mecanismo podría ayudar a explicar microplacas fósiles observadas frente a Baja California, restos de antiguos sistemas tectónicos que se apagaron y dejaron fragmentos atrapados en el océano.

El hallazgo, aun así, no elimina el riesgo sísmico del noroeste de Norteamérica. Lamont-Doherty advierte que Cascadia sigue siendo capaz de generar grandes terremotos y tsunamis en escalas relevantes para la población.

Lo que cambia es la forma de mirar el planeta. Las placas no son bloques perfectos que solo chocan o se hunden: también pueden desgarrarse por dentro, crear nuevos límites y reescribir lentamente la arquitectura de la Tierra.