Un gato.

Un gato. Istock

Ciencia

Los veterinarios coinciden: los gatos saben cómo manipularnos para que siempre estemos pendientes de ellos

La imprevisibilidad y los pequeños gestos de cariño de los gatos activan mecanismos cerebrales asociados al placer y la motivación.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

Los gatos utilizan el "refuerzo intermitente", una estrategia psicológica que intensifica el vínculo con sus dueños al ofrecer afecto de forma impredecible.

Cada gesto de cariño inesperado de un gato provoca en el cerebro humano una descarga de dopamina, generando sensación de placer y felicidad.

La alternancia entre independencia y cercanía hace que las personas estén constantemente pendientes de sus gatos, alimentando una relación emocionalmente intensa.

Además del refuerzo intermitente, el aspecto físico, las expresiones y las hormonas que generan los gatos también refuerzan la conexión emocional con sus dueños.

Basta un maullido o una mirada para que toda la atención termine puesta en él. Detrás de ese comportamiento aparentemente inocente, los veterinarios aseguran que existe una explicación científica relacionada con el funcionamiento del cerebro humano y los mecanismos de recompensa.

El veterinario Carlos Gutiérrez sostiene que los gatos han desarrollado una forma muy eficaz de mantenernos pendientes de ellos. Según explica, utilizan una estrategia conocida en psicología como "refuerzo intermitente", un fenómeno que genera respuestas emocionales mucho más intensas que las recompensas constantes y previsibles.

Este sistema funciona de manera sencilla. Cuando una persona recibe siempre la misma recompensa tras una acción, el cerebro termina acostumbrándose y pierde interés. Sin embargo, si la recompensa aparece solo algunas veces, la expectativa aumenta y el estímulo se vuelve mucho más potente. Precisamente ahí es donde los gatos destacan gracias a su carácter independiente e imprevisible.

Los felinos no siempre responden cuando se les llama, ni buscan atención continuamente. Esa mezcla de distancia y cercanía provoca que cada pequeño gesto afectivo tenga un enorme impacto emocional. Un simple ronroneo, tumbarse junto a su dueño o acercarse inesperadamente desencadena una reacción de satisfacción muy intensa en nuestro cerebro.

Carlos Gutiérrez explica que, en esos momentos, se produce una descarga de dopamina, el neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y la felicidad. El cerebro interpreta esa interacción positiva casi como un premio inesperado. Por eso muchas personas sienten una enorme alegría cuando su gato decide prestarles atención después de horas ignorándolas.

Enganchados a nuestro gato

La clave está en la incertidumbre. Nunca se sabe exactamente cuándo el gato buscará contacto o mostrará cariño. Esa imprevisibilidad mantiene activados los mecanismos de recompensa del cerebro humano y genera una sensación parecida a la que producen otros estímulos considerados altamente adictivos desde el punto de vista psicológico.

El veterinario asegura además que los gatos parecen "administrar" cuidadosamente esas muestras de afecto. Según explica, alternan momentos de cercanía con periodos de independencia, algo que mantiene a sus dueños emocionalmente pendientes de ellos. El resultado es una relación donde el animal consigue captar continuamente la atención de las personas que conviven con él.

Aunque la dopamina y el refuerzo intermitente son fundamentales para entender este vínculo, Gutiérrez señala que no son los únicos factores. El aspecto físico de los gatos, sus expresiones y las hormonas que generan en el organismo humano también contribuyen a fortalecer una conexión emocional que, para muchos dueños, termina convirtiéndose en una auténtica obsesión cotidiana.