La Presa de Aldeadávila está situada en el municipio de Aldeadávila de la Ribera.

La Presa de Aldeadávila está situada en el municipio de Aldeadávila de la Ribera. iStock

Ciencia

El embalse español con casi 140 metros de altura: produce el 10% de la producción hidroeléctrica nacional

Pese a ser uno de los países más aventajados en energías renovables, no solo la eólica y solar forman parte de nuestro sistema energético.

Más información: La energética suiza Alpiq invierte en bombeo reversible hidroeléctrico en España.

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Las claves

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La presa de Aldeadávila, ubicada en los Arribes del Duero, alcanza casi 140 metros de altura y es una de las infraestructuras más importantes del sistema energético español.

Esta central hidroeléctrica produce el 10% de la energía hidroeléctrica nacional y puede abastecer a 700.000 hogares al año.

Su sistema de bombeo reversible permite almacenar y regular la energía, actuando como una batería gigante y estabilizando la red eléctrica.

A pesar de su impacto positivo en la reducción de emisiones de CO2, la presa ha generado debates sobre su influencia en los ecosistemas y el paisaje.

En pleno corazón de los Arribes del Duero, donde el río se encajona entre paredes de granito, se levanta una de las estructuras más imponentes, a la par que menos conocidas, del sistema energético español: la presa de Aldeadávila.

Aunque a simple vista parece un enorme monumento de hormigón, en realidad es una de las piezas clave de la transición energética de nuestro país, la cual fue levantada mucho antes de que este concepto se pusiese de moda.

Con casi 140 metros de altura, esta presa no solo impresiona por sus dimensiones, sino también por su capacidad para transformar la energía potencial del agua en electricidad distribuible a gran escala.

De hecho, por sí solo, este coloso aporta alrededor del 10% de la energía hidroeléctrica de España. La central hidroeléctrica asociada a Aldeadávila alcanza una potencia instalada cercana a los 1.200 MW y genera unos 2.400 GWh anuales.

60 años de historia

En otras palabras: la presa es capaz de abastecer las necesidades energéticas de 700.000 hogares cada año. Y, sin embargo, su relevancia no radica tan solo en la enorme cantidad de energía que es capaz de producir, sino también en cómo la produce.

A diferencia de otras fuentes renovables más intermitentes, como la energía solar o la eólica, las centrales hidroeléctricas como la de Aldeadávila permiten regular la generación energética en función de la demanda.

Por ello, este tipo de presas funcionan como un elemento estabilizador del sistema eléctrico. Además, su sistema de bombeo reversible disponible en una de sus centrales también permite almacenar energía: cuando existe sobrante eléctrico, se utiliza para elevar agua.

Cuando falta, se deja caer de nuevo para generar energía. Es, en esencia, una batería gigante, la cual ya existía mucho antes de que se hablase sobre las baterías a gran escala.

Recordemos que esta presa fue inaugurada en octubre de 1964, a cargo del dictador Francisco Franco y el líder portugués Salazar, dada la disposición de este coloso entre Castilla y León con Portugal.

Asimismo, podría decirse que esta infraestructura es un ejemplo paradigmático de cómo la ingeniería hidráulica clásica sigue siendo esencial en el mix energético español actual: su diseño arco-gravedad optimiza la resistencia estructural aprovechando la propia geografía del cañón del Duero.

De hecho, la presa forma parte del sistema conocido como "Saltos del Duero", un conjunto de aprovechamientos hidroeléctricos que explotan el gran desnivel del río en su tramo fronterizo con Portugal.

Este sistema no solo maximizó el rendimiento energético del río, sino que transformó completamente la economía de la región durante el pasado siglo XX. Y hoy, décadas después, sigue siendo la instalación hidroeléctrica más productiva de nuestro país.

Respecto a su sostenibilidad, desde el punto de vista climático, el impacto es claramente positivo: el uso de la presa evita la emisión de más de un millón de toneladas de CO2 al año.

Sin embargo, como toda gran obra hidráulica, no está exenta de críticas y controversia: la regulación de caudales, el impacto sobre los ecosistemas fluviales o la alteración del paisaje son algunos factores que han sido causa de debate.

La realidad es que el equilibrio entre producción energética y conservación ambiental, como ya sucede hoy en día con los casos de los paneles solares o los molinos de energía eólica, es uno de los grandes retos de las energías renovables.

La presa suele apodarse como "la catedral de hormigón", no solo por su tamaño, sino por su papel casi invisible pero esencial. A diferencia de otras infraestructuras, como los parques solares o eólicos, y pese a que contribuye a la necesaria estabilidad del sistema energético español, no suele ocupar titulares.

En un momento en el que Europa en general, y España en particular, buscan la independencia energética y la reducción de emisiones, es importante recordar cómo este tipo de infraestructuras fueron en su momento el primer peldaño de la larga escalera que es la transición energética.