Vista general del Archipiélago Chinijo.

Vista general del Archipiélago Chinijo. iStock

Ciencia

El Geoparque mundial de la UNESCO en España perfecto para pasear: cuenta con más de 9.000 hectáreas

La Graciosa conserva un estilo de vida sin asfalto donde la pesca y la calma marcan el día a día en pleno entorno volcánico protegido.

Más información: China cambia su estrategia: quiere jubilar el petróleo y asegurar su autonomía industrial con las nucleares

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

El Archipiélago Chinijo, en el norte de Lanzarote, es Geoparque Mundial de la UNESCO y cuenta con más de 9.000 hectáreas de entorno protegido.

Alberga la mayor reserva marina de Europa y destaca por su biodiversidad, con cerca de 400 taxones de flora y numerosas especies de fauna marina y aves.

La Graciosa es la única isla habitada del archipiélago, donde se mantiene un estilo de vida tradicional y las calles carecen de asfalto.

El acceso restringido por mar y la ausencia de infraestructuras modernas han permitido conservar intactos sus paisajes y playas, ideales para senderismo y deportes acuáticos.

En el extremo más salvaje del Atlántico español se esconde un paisaje que parece detenido en el tiempo y es que en las islas Canarias se encuentra uno de los espacios naturales más fascinantes del país que ha sido reconocido por la UNESCO.

El Archipiélago Chinijo, situado al norte de Lanzarote, forma parte de un entorno protegido que supera las 9.000 hectáreas. Su singularidad geológica y ecológica lo ha convertido en Geoparque Mundial de la UNESCO, consolidando su relevancia internacional.

Este enclave, declarado Parque Natural en 1986, destaca por albergar la mayor reserva marina de Europa. La combinación de aguas cristalinas y origen volcánico da lugar a un laboratorio natural de extraordinario valor científico.

El archipiélago lo integran La Graciosa, Alegranza y Montaña Clara, junto a los roques del Este y del Oeste. A ellos se suma una franja del norte de Lanzarote con formaciones tan icónicas como Famara.

Bajo la superficie marina se extiende una plataforma de gran riqueza ecológica. Las praderas de algas y los fondos transparentes acogen una biodiversidad excepcional, con especies que encuentran aquí un hábitat privilegiado.

Biodiversidad abundante

La zona presume del mayor índice de biodiversidad de Canarias. Peces como meros o sargos conviven con numerosos invertebrados y cerca de 400 taxones de flora, algunos exclusivos de este territorio volcánico.

Más allá de su riqueza natural, el archipiélago es clave para la conservación de aves. Colonias de pardela cenicienta o paíño pechialbo encuentran aquí un refugio esencial para la nidificación y el tránsito migratorio.

También habitan especies amenazadas como el águila pescadora o el alimoche, lo que refuerza el interés científico del enclave. Diversos proyectos de investigación lo utilizan para estudiar biodiversidad y calidad del agua.

Entre todas las islas, La Graciosa es la única habitada. Con apenas 27 kilómetros cuadrados, conserva un estilo de vida tradicional donde la pesca y la tranquilidad marcan el ritmo cotidiano.

Sus núcleos urbanos, como Caleta del Sebo, destacan por sus calles de arena y la ausencia de asfalto. Este aislamiento ha sido clave para preservar un entorno natural prácticamente intacto.

El acceso a este paraíso se realiza exclusivamente por mar desde Órzola. Esta limitación contribuye a mantener la pureza de sus playas y aguas, consideradas entre las mejor conservadas de Canarias.

El paisaje combina acantilados imponentes, llanuras volcánicas y formaciones marinas únicas. Todo el conjunto funciona como un auténtico museo geológico al aire libre reconocido por la UNESCO.

Además de su valor científico, el entorno permite actividades como senderismo, ciclismo o deportes acuáticos. Siempre bajo estrictas normas, el visitante puede recorrer uno de los territorios más vírgenes de España.