Planta desalinizadora en Chile.

Planta desalinizadora en Chile. Invertia

Ciencia

El golfo Pérsico apuesta por las desalinizadoras: producen cerca del 90% de su agua, pero se han convertido en objetivo de guerra

La crisis hídrica interna de Irán agrava su fragilidad económica y social, con protestas y riesgo de racionamientos en grandes ciudades como Teherán.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

El 90% del agua que consumen los países del golfo Pérsico procede de plantas desalinizadoras, fundamentales para su supervivencia hídrica.

Estas infraestructuras se han convertido en objetivos potenciales en el contexto de las tensiones y conflictos regionales, especialmente con Irán.

Los ataques o amenazas a desalinizadoras pueden generar pánico social inmediato y desestabilizar a los gobiernos de la región.

Irán también sufre escasez de agua, lo que convierte al recurso hídrico en un factor estratégico y vulnerable para todas las partes implicadas.

El equilibrio geopolítico en Oriente Medio no depende solo del petróleo. En pleno aumento de la tensión regional, otro recurso esencial emerge como factor decisivo: el agua, cada vez más escasa y estratégica.

Los países del golfo Pérsico han convertido la desalinización en la base de su supervivencia hídrica. Sin embargo, esta solución tecnológica, clave para sostener su desarrollo, se ha transformado también en un punto débil.

La región apenas dispone del 2% de las reservas mundiales de agua dulce renovable. Esta limitación histórica se agravó desde mediados del siglo XX, cuando el auge petrolero disparó la demanda hídrica en todos los sectores.

Actualmente, la dependencia es total en algunos casos. Kuwait obtiene el 90% de su agua de plantas desalinizadoras, Omán el 86%, Arabia Saudí el 70% y Emiratos Árabes Unidos el 42%, según BBC.

La magnitud del sistema impresiona: en 2021, estas instalaciones produjeron más de 20 millones de metros cúbicos diarios, equivalente a llenar unas 8.000 piscinas olímpicas cada jornada en toda la región.

Objetivos críticos

No sólo el consumo urbano depende de esta tecnología. La producción de alimentos también se sostiene gracias al agua desalinizada, tras el agotamiento de las reservas subterráneas destinadas al riego.

Este escenario convierte las plantas desalinizadoras en infraestructuras críticas. En el contexto del conflicto con Irán, pasan a ser objetivos potenciales dentro de una estrategia de presión indirecta o "escalada horizontal".

Expertos como Marc Owen Jones advierten a la BBC de que atacar el suministro de agua genera pánico social inmediato. Además, podría empujar a los gobiernos del golfo Pérsico a exigir a Estados Unidos un freno en la guerra.

Los incidentes recientes reflejan esta amenaza latente. Bahréin ha acusado a Irán de atacar una planta, mientras Teherán denuncia daños en Qeshm tras acciones estadounidenses en el estrecho de Ormuz.

También se han registrado impactos cercanos a infraestructuras clave en Dubái, Fujairah o Kuwait, aunque en algunos casos los daños han sido indirectos o las instalaciones han seguido operando con normalidad.

Para el experto Kaveh Madani, estas acciones forman parte de un "juego de señales". Irán demostraría así su capacidad de presión sin cruzar ciertas líneas rojas marcadas por el derecho internacional.

El Artículo 45 de la Convención de Ginebra prohíbe atacar infraestructuras civiles, lo que explicaría la contención en ataques directos. Aun así, ambas partes se acusan mutuamente de vulnerar este principio.

Irán tampoco está a salvo. Sufre una grave crisis hídrica por sequías, sobreexplotación y mala gestión, lo que aumenta su propia vulnerabilidad. El agua se perfila así como el recurso más decisivo del futuro.