Ni en Ávila ni en los Monegros: el 'fósil viviente' de 220 millones de años que conquista las charcas de toda España
Ni en Ávila ni en los Monegros: el 'fósil viviente' de 220 millones de años que conquista las charcas de toda España
España alberga uno de los tesoros biológicos más fascinantes del planeta: el Triops cancriformis, un pequeño crustáceo muy antiguo.
Más información: Ni Picos de Europa ni Sistema Ibérico: el nuevo territorio del oso pardo en España donde ya rondan más de 400 ejemplares.
En España podemos encontrar uno de los animales más antiguos del mundo, pero no es fácil detectarlo. El Triops cancriformis es considerado el ser vivo más antiguo de la Tierra y habita en charcas temporales de agua dulce en diversas regiones de la península ibérica.
Lo más curioso es que, al contrario que otras especies del planeta, su diseño biológico apenas ha sufrido cambios morfológicos desde el periodo Triásico, hace aproximadamente 220 millones de años, lo que significa que su composición y sistema son de los más eficaces y "perfectos" que se han visto: tres ojos y un caparazón que lo protege.
El pequeño crustáceo branquiópodo convivió con los primeros dinosaurios y sobrevivió a múltiples extinciones masivas, demostrando con ello una impecable capacidad adaptativa y una resistencia insólita: hay muy pocos seres vivos que hayan logrado esta hazaña con éxito.
220 millones de años de historia
Si bien es cierto que tiene grandes capacidades para aclimatarse a entornos realmente extremos, su verdadero "superpoder" está en sus huevos: pueden entrar en un estado de latencia extrema llamado criptobiosis, lo que les permite permanecer enterrados en el lodo seco durante décadas.
Una vez que las lluvias vuelven a llenar las charcas, los huevos eclosionan en cuestión de horas, completando su ciclo vital antes de que el agua se evapore de nuevo. Es decir, que tienen una capacidad prácticamente infinita para reproducirse sin límites en entornos, por supuesto, que sean mínimamente favorables para sus características.
Este crustáceo braquiópodo ha sobrevivido varias extinciones masivas.
Aunque su presencia es discreta, este animal se distribuye por gran parte de la geografía española. Se han documentado poblaciones estables en zonas como los Monegros en Aragón, diversas comarcas de Castilla y León, así como en humedales de la Comunidad Valenciana y Andalucía, donde se está expandiendo con éxito con más núcleos.
Su reaparición suele ser noticia tras periodos de lluvias intensas, cuando estas criaturas prehistóricas emergen del suelo seco tras años de espera bajo la tierra. Y no es para menos teniendo en cuenta que aparecen en cantidades bastante abundantes y siempre aportan más conocimiento sobre el mundo antiguo, puesto que proceden de él.
Lo mejor de todo es que descubrir su presencia es un indicador de la salud de los ecosistemas de charcas temporales, unos hábitats a menudo olvidados pero vitales para la biodiversidad.
Proteger estos entornos es fundamental no solo para conservar a este ser ancestral, sino para entender mejor los mecanismos de resistencia biológica que han permitido a una especie burlar el paso de los millones de años.