El Ayuntamiento llegó a solicitar en una ocasión tapiar accesos ante noticias de peste en territorios cercanos.

El Ayuntamiento llegó a solicitar en una ocasión tapiar accesos ante noticias de peste en territorios cercanos. EFE Raúl Sanchidrián

Ciencia

La ciudad española Patrimonio de la Humanidad que puedes recorrer a pie: usó su muralla medieval para frenar epidemias

Su función trascendía la defensa militar, puesto que sus puertas regulaban la entrada de personas para evitar la llegada de nuevas enfermedades.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

La muralla medieval de Ávila, Patrimonio de la Humanidad, fue clave para frenar epidemias controlando el acceso a la ciudad.

Durante la peste de 1157 y otros brotes, se implementaron confinamientos perimetrales, cierre de puertas y estrictas medidas sanitarias.

El Ayuntamiento de Ávila solicitó a Felipe II autorización para tapiar entradas y evitar la entrada de posibles infectados.

La muralla protegió a la población intramuros y anticipó conceptos actuales como el distanciamiento social y la gestión sanitaria preventiva.

Las murallas medievales no siempre han servido como baluarte defensivo contra invasores. En ocasiones también han permitido que las ciudades puedan controlar mejor los movimientos de la población y evitar así la propagación de enfermedades.

Una de las más reconocidas en España se encuentra en la ciudad de Ávila, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985. Su muralla, erigida entre los siglos XI y XIV, es un claro ejemplo de cómo una construcción de este tipo puede servir como herramienta sanitaria.

El control que ofrecían sus puertas fue clave para frenar contagios en momentos de crisis, como el que se produjo durante la peste de 1157. Bajo el reinado de Sancho III, una epidemia asoló Ávila mientras luchaban contra almohades.

Las medidas sanitarias humanas se complementaban con intervenciones divinas ante la insuficiencia de los tapiados. En los siglos XV y XVI, algunos brotes llevaron a confinamientos perimetrales, cierre de puertas al atardecer y control de caminos.

Los regidores abulenses arbitraban estos controles rutinarios, priorizando a la población intramuros sobre arrabales habitados por pecheros, financiando tapiados con impuestos locales.

En 1597, de hecho, el Ayuntamiento pidió, ante las noticias de peste que llegaban desde los territorios cercanos, a Felipe II autorización para tapiar entradas usando parte de los impuestos, impidiendo paso a sospechosos de contagio.

Con esta decisión se buscaba impedir la entrada de posibles infectados, lo que refleja ya entonces una gestión consciente del riesgo sanitario. La muralla permitía distinguir entre un interior protegido y un exterior potencialmente peligroso.

Este monumental complejo arquitectónico salvó innumerables vidas gracias a su sólida estructura perimetral. Algunos estudios han demostrado que las urbes que estaban amuralladas por completo soportaron mejor el impacto causado por virulentas pandemias que asolaron aquellos siglos.

Aquella estrategia preventiva anticipó los conceptos epidemiológicos con los que se cuentan a día de hoy respecto al distanciamiento social para evitar nuevos contagios. Paralizar temporalmente el comercio generaba pérdidas económicas, pero garantizar la salud pública resultaba prioritario.

Dentro del recinto amurallado, estrictas normativas regulaban minuciosamente la higiene urbana para evitar contagios internos. También se prohibía terminantemente arrojar inmundicias a las estrechas vías públicas.

La normalidad regresaba poco a poco, pero los centinelas mantenían siempre una estricta vigilancia preventiva para lograr bloquear inmediatamente cualquier nuevo y letal brote.

Hoy admiramos esta espectacular construcción románica principalmente como un valioso elemento del rico patrimonio cultural. Sin embargo, resulta imprescindible recordar su trascendental papel médico como escudo protector indispensable que garantizó históricamente la pura supervivencia humana en esta bella localidad.

Comprender esta extraordinaria doble función militar y sanitaria transforma completamente nuestro habitual paradigma histórico establecido. Las piedras milenarias abulenses guardan memorias imborrables sobre antiguos confinamientos, demostrando cómo la arquitectura monumental siempre estuvo profundamente ligada a la vital salud humana.