Imagen del yacimiento de un cementerio islámico.

Imagen del yacimiento de un cementerio islámico.

Ciencia

España cambia la historia: descubre un cementerio islámico de hace 1.100 años que confirma un gran mestizaje

ADN de 13 enterramientos (950–1150) revela una Ibiza islámica diversa: mezcla de ancestrías europeas, norteafricanas y subsaharianas.

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Las claves

Un estudio de ADN antiguo en un cementerio islámico de Ibiza revela un notable mestizaje entre poblaciones europeas, norteafricanas y subsaharianas hace más de 1.000 años.

Los análisis genéticos indican que Ibiza era un nodo de interacción y movilidad social dentro de las redes políticas y comerciales del Mediterráneo islámico.

Al menos dos individuos presentaban ascendencia subsahariana de diferentes regiones africanas, evidenciando conexiones humanas a larga distancia.

El hallazgo de patógenos como la lepra sugiere que las personas afectadas no eran segregadas socialmente, ya que eran enterradas según el rito islámico habitual.

Cuando se piensa en la Ibiza medieval, cuesta apartar la imagen de una isla periférica, pequeña y alejada de los grandes centros de poder. El ADN antiguo acaba de desmontar esa idea con bastante contundencia.

Un equipo internacional ha analizado los genomas y perfiles metagenómicos de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza fechado entre 950 y 1150 d. C. Los resultados se han publicado el 26 de marzo en Nature Communications.

La conclusión de fondo es muy clara: aquella comunidad insular no era homogénea ni aislada. Presentaba componentes de ascendencia europea, norteafricana y subsahariana, a menudo mezclados en una misma persona, algo difícil de encajar con una única llegada puntual de población.

Ese patrón apunta más bien a un proceso continuado de movilidad, mestizaje e integración social dentro de las redes políticas y comerciales del Mediterráneo islámico. Ibiza había sido incorporada al emirato omeya de Córdoba en 902 y siguió bajo dominio islámico hasta 1235.

Los autores estiman además que parte del flujo genético norteafricano se produjo entre unas 2,5 y 7,8 generaciones antes de la vida de los individuos estudiados. Eso encaja con una transformación relativamente rápida tras la integración de la isla en al-Ándalus.

Dos de los casos más reveladores son los de individuos con ascendencia subsahariana marcada, pero no procedente del mismo lugar. Uno muestra afinidades con Senegambia, en África occidental, y otro con poblaciones del entorno del Chad, en África central.

Ese detalle resulta especialmente importante porque aporta una evidencia biológica directa de conexiones humanas a larga distancia que hasta ahora conocíamos sobre todo por fuentes históricas. Las rutas transaharianas no movían solo mercancías, también trasladaban personas.

El estudio también introduce un matiz histórico muy valioso: la identidad cultural o religiosa no puede reducirse al origen genético. Al menos uno de los individuos enterrados con rito islámico presenta muy poca ascendencia norteafricana, lo que encaja con procesos de conversión e integración.

La investigación no se quedó en la ascendencia. El equipo examinó además patógenos antiguos presentes en los restos y detectó infecciones como hepatitis B, parvovirus B19 y Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra.

Ese último hallazgo tiene un peso especial. Según el estudio, el individuo infectado por lepra fue enterrado siguiendo las prácticas funerarias islámicas habituales, sin señales evidentes de exclusión, lo que sugiere que la enfermedad no implicó necesariamente segregación social en ese contexto.

Lo más interesante del hallazgo quizá sea que devuelve a Ibiza a su escala histórica real. No como una periferia inmóvil en el borde de Europa, sino como un nodo insular dentro de un mundo intensamente conectado entre la península ibérica, el Magreb y el Sahel.