La Esfinge y las grandes pirámides, en Egipto.

La Esfinge y las grandes pirámides, en Egipto.

Ciencia

Un investigador español cambia las reglas sobre la Gran Pirámide: no la construyeron los egipcios y tiene 12.000 años

El autor plantea que las grandes pirámides preceden al Egipto dinástico; los egiptólogos responden con contexto histórico, canteras y registros de obra.

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Las claves

Un investigador español propone que la Gran Pirámide de Guiza fue construida hace 12.000 años por una civilización desconocida, no por los egipcios faraónicos.

La comunidad científica sigue situando la construcción de la pirámide en torno al 2600 a.C., respaldada por evidencias arqueológicas, textos y dataciones físicas.

Las pruebas actuales, como los papiros de Wadi al-Jarf y análisis de materiales, apoyan la cronología tradicional y contradicen la hipótesis alternativa.

Los argumentos sobre erosión hídrica y alineaciones astronómicas son considerados marginales o insuficientes por la mayoría de expertos.

La idea suena irresistible: que la Gran Pirámide no sea hija del Egipto faraónico, sino el fósil monumental de una civilización avanzada perdida hace 12.000 años. Esa es la hipótesis que difunde el investigador independiente António Ambrósio en un texto no revisado por pares en Academia.edu.

El problema es que, cuando una propuesta pretende mover la cronología milenios hacia atrás, no basta con enumerar anomalías. Necesita pruebas positivas, acumulativas y situadas en estratigrafía: materiales fechables, herramientas, asentamientos, cadenas de suministro y contexto arqueológico que encajen con ese 10.000 a.C. Y ahí, hoy, cojea.

El consenso académico sitúa el complejo de Guiza en la IV dinastía, alrededor del 2600 a.C., apoyado por un mosaico de evidencias: canteras, poblados de trabajadores, logística y textos de administración. No es una fecha sacada de un sombrero, y además se ha contrastado con dataciones físicas.

En radiocarbono, el gran programa de monumentos del Reino Antiguo y Medio reunió cientos de muestras orgánicas asociadas a morteros y materiales de obra. Sus resultados encajan en el rango esperado para las pirámides de Guiza, aunque con el famoso “old wood effect” que puede desplazar fechas algo hacia lo antiguo.

Esa desviación no es un atajo para saltar a 12.000 años. Lo que explica es algo más prosaico: quemas con leña vieja, reutilización de madera o carbón de distinta edad, y calibraciones que obligan a ser prudentes con el año exacto, no con el milenio. Reanalizaciones posteriores ajustan y discuten esas discrepancias sin romper el marco dinástico.

Pilares que no casan

Luego están los papiros de Wadi al-Jarf, que son dinamita… pero contra la teoría alternativa. El “Diario de Merer”, hallado en 2013, describe el transporte de piedra caliza desde Tura hacia Guiza en tiempos de Keops y menciona el “Akhet-Khufu”, el nombre antiguo de la Gran Pirámide.

Una hipótesis de civilización anterior tendría que explicar por qué una administración del Reino Antiguo documenta barcos, turnos y entregas vinculadas a esa obra, y por qué el paisaje arqueológico alrededor del complejo —infraestructura, canteras, asentamientos— cuadra con esa economía estatal. No es imposible, pero eleva muchísimo el listón probatorio.

Ambrósio apoya su inversión cronológica en cuatro puntos recurrentes: ausencia de momias reales, precisión constructiva, erosión “hídrica” en la Esfinge y alineaciones astronómicas. El primer punto es débil como evidencia: las tumbas faraónicas fueron saqueadas durante siglos y el vacío no demuestra un origen alternativo.

El argumento de la precisión también es tramposo si se plantea como “o cobre o tecnología perdida”. Sabemos que las sociedades antiguas lograron tolerancias altísimas con métodos de control geométrico, mano de obra especializada y logística masiva. Además, la calidad variable entre pirámides refleja política, recursos, prisa y cambios de gestión, no necesariamente amnesia tecnológica.

La Esfinge es el campo de batalla favorito, pero el estado del debate importa. La hipótesis de erosión por lluvias intensas es considerada marginal por buena parte de la egiptología y también recibe críticas geológicas: sales, humedad, enterramientos, fracturas previas y erosión diferencial pueden explicar patrones verticales sin datar el monumento en un Egipto predinástico.

Queda Orión. La Teoría de la Correlación de Orión se ha popularizado mucho, pero en el ámbito académico suele clasificarse como hipótesis fringe: las correspondencias geométricas dependen de qué estrellas eliges, cómo rotas el mapa y qué época astronómica tomas como “ideal”. Astrónomos como Ed Krupp han señalado problemas de orientación y ángulos.

La historia de la arqueología premia las ideas verificables, no las más llamativas. Y, hoy por hoy, el peso de la evidencia sigue anclando a Keops en el tercer milenio a.C