El investigador del Real Instituto Elcano Manuel Hidalgo Pérez, junto con buques en el estrecho de Ormuz vistos desde Jasab (Omán).

El investigador del Real Instituto Elcano Manuel Hidalgo Pérez, junto con buques en el estrecho de Ormuz vistos desde Jasab (Omán). EFE

Ciencia

Un investigador advierte de las amenazas para España por el cierre de Ormuz y señala a la seguridad alimentaria

Los envases alimentarios requieren resinas puras de grado médico para evitar cualquier contaminación, garantizando la vida útil de los alimentos frescos.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

El cierre del estrecho de Ormuz amenaza la seguridad de suministro de hidrocarburos y materias petroquímicas esenciales para España y Europa.

La escasez de polímeros básicos afecta sectores clave como alimentación, automoción y construcción, poniendo en riesgo la logística y producción industrial.

España es especialmente vulnerable por su alta integración en cadenas europeas y la dependencia de suministros constantes de productos petroquímicos.

La falta de alternativas suficientes a los derivados fósiles obliga a la industria europea a afrontar ajustes y a buscar una mayor autonomía estratégica.

La petroquímica mundial afronta una tensión inédita. La dependencia estructural de Europa respecto a los hidrocarburos del Golfo Pérsico sitúa a la industria en una vulnerabilidad crítica, especialmente en un contexto de disrupción creciente en rutas energéticas estratégicas clave.

El estrecho de Ormuz, paso obligado para cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, se ha convertido en un cuello de botella geopolítico. Según el Real Instituto Elcano, su interrupción ya genera efectos sistémicos.

El informe advierte de un "riesgo de segunda generación", menos visible pero más disruptivo. No se trata solo del encarecimiento energético, sino del impacto directo sobre materias primas petroquímicas esenciales para múltiples cadenas industriales en Europa y España.

En términos científicos, la petroquímica transforma hidrocarburos ligeros como etano, propano o nafta en monómeros básicos. Estos compuestos, mediante procesos de polimerización, dan lugar a materiales como polietileno, polipropileno o PVC, fundamentales para la industria moderna.

Clave en sectores alimentarios

La interrupción del suministro de estos precursores detiene el funcionamiento de crackers y plantas químicas. Sin etileno o propileno, la síntesis de polímeros se paraliza, generando un efecto dominó que trasciende sectores aparentemente desconectados entre sí.

El packaging alimentario depende en gran medida de plásticos de grado alimentario. Polímeros como el PET o el polietileno garantizan conservación, seguridad sanitaria y transporte eficiente. Su escasez compromete directamente la logística alimentaria en supermercados y distribución.

En automoción, los polímeros representan hasta el 20% del peso de un vehículo. Componentes interiores, sistemas eléctricos o piezas estructurales dependen de plásticos técnicos. La falta de resinas básicas ralentiza la producción y amenaza cadenas just-in-time altamente optimizadas.

La construcción tampoco escapa. Materiales como tuberías de PVC, aislantes o recubrimientos dependen de derivados petroquímicos. La escasez eleva costes, retrasa obras y compromete proyectos de infraestructura, afectando tanto a vivienda como a desarrollo urbano.

Con un tejido industrial altamente integrado en cadenas europeas, España resulta especialmente expuesta. La industria auxiliar, clave en sectores como alimentación o automoción, depende de suministros constantes de polímeros básicos que ahora presentan signos de desabastecimiento.

El fenómeno responde a una lógica de interdependencia global. La concentración de producción petroquímica en regiones específicas amplifica el impacto de cualquier disrupción. El Golfo Pérsico no solo exporta energía, sino también los cimientos químicos de la economía moderna.

Fuentes de organismos internacionales como la Agencia Internacional de la Energía subrayan que la diversificación de suministros sigue siendo limitada. Las alternativas aún no alcanzan escala suficiente para sustituir plenamente a los derivados fósiles actuales.

A corto plazo, la industria europea afronta ajustes inevitables: reducción de producción, encarecimiento de materiales y tensiones logísticas. A medio plazo, el reto pasa por reconfigurar cadenas de valor y reforzar la autonomía estratégica en materias primas críticas esenciales.

El aviso es claro: la petroquímica, invisible para el consumidor, sostiene pilares básicos de la economía. Su fragilidad ante conflictos geopolíticos revela hasta qué punto la estabilidad industrial depende de moléculas simples que comienzan su viaje en enclaves remotos.