Naufragio en Fontanelles Bahía de Palma, Mallorca.

Naufragio en Fontanelles Bahía de Palma, Mallorca. Instituto de Arqueología de la Universidad de Barcelona

Ciencia

España da con uno de los mayores tesoros del mar Mediterráneo: un barco romano de 1.600 años en Mallorca

Extraen en Palma el pecio romano de Ses Fontanelles, con más de 300 ánforas selladas: un almacén del siglo IV bajo la arena.

Más información: Encuentran en perfecto estado un barco hundido en el Ártico hace 168 años

Publicada

Las claves

Hallado un barco romano de 1.600 años en la playa de Palma, Mallorca, a solo 65 metros de la orilla y a poca profundidad.

La embarcación, de 12 metros de eslora, transportaba más de 300 ánforas, muchas selladas, con restos de vino, aceite y garum.

El barco fue detectado en 2019 por un buceador tras un temporal que removió la arena, preservando el pecio casi intacto.

El hallazgo permitirá estudiar las rutas comerciales romanas y los métodos de estiba, y se prevé una exposición pública en Palma.

A pocos metros de la orilla más turística de Palma, donde cada verano el mar se llena de flotadores y música, un barco romano ha pasado 1.600 años escondido bajo un “sarcófago” de arena. Ahora, Ses Fontanelles vuelve a respirar.

El Consell de Mallorca ha activado el operativo de extracción del pecio, a unos 65 metros de la playa y en apenas 2–2,5 metros de profundidad. La intervención, extremadamente delicada, se alargará alrededor de cuatro meses, condicionada por el mar y el viento.

La embarcación mide aproximadamente 12 metros de eslora y cinco de manga, y se data en el siglo IV d. C., una época de cambios acelerados en el Mediterráneo tardorromano. Que un casco de este periodo llegue tan entero ya sería noticia.

Pero lo que convierte el hallazgo en una pieza mayor es la carga: más de 300 ánforas, muchas de ellas selladas, con restos de vino, aceite y garum, además de otros productos conservados. Es un almacén romano con etiquetas, no un naufragio vacío.

La historia moderna del pecio también tiene algo de azar. El barco fue detectado en 2019 por un ciudadano que buceaba y avisó a las autoridades, después de que temporales y corrientes removieran la arena lo suficiente como para delatar el tesoro.

Repleto de ánforas aún selladas

Desde entonces, el reto ha sido conservarlo sin tocarlo demasiado. La paradoja del yacimiento es su milagro: estar tan cerca de la orilla y no haber sido expoliado, porque el mismo sedimento que lo enterró lo protegió del oxígeno y de los organismos que devoran madera.

El proyecto tiene una pata científica muy clara. El Institut d’Arqueologia de la Universitat de Barcelona (IAUB) detalla que la recuperación del cargamento permite reconstruir con precisión qué se transportaba y cómo, gracias a la conservación y al registro sistemático.

Ahí entran los tituli picti, inscripciones pintadas sobre ánforas que funcionaban como albaranes: origen, contenido, a veces intermediarios o marcas de control. En arqueología del comercio romano, pocas cosas son tan valiosas como un texto que viaja con la mercancía.

Las primeras lecturas sitúan el punto de partida en el sureste peninsular: el barco habría salido del entorno de Cartagena, un nodo clave en las rutas de Hispania. Que un pecio del siglo IV con carga de esa región aparezca tan completo es excepcional.

El naufragio, según las reconstrucciones más prudentes, no fue una tragedia lenta. La hipótesis repetida es un golpe de mar durante un episodio de mal tiempo, con el barco cerca de un refugio natural en la bahía. Esa rapidez explicaría la “fotografía” intacta del cargamento.

Los arqueólogos subrayan además la microhistoria que preserva el pecio: el modo de estibar, los materiales vegetales usados como amortiguación, y el detalle de recipientes cerrados como si el último marinero hubiera salido hace un rato. Son pistas sobre logística, no solo sobre lujo.

En paralelo, el Consell insiste en la dimensión pública: el objetivo no es solo excavar, sino preparar una exposición en Palma para el próximo otoño, integrando conservación, relato histórico y la pedagogía necesaria para que el hallazgo no se quede en anécdota turística.