El águila imperial ibérica ha pasado de 39 a 1.000 parejas en 50 años.

El águila imperial ibérica ha pasado de 39 a 1.000 parejas en 50 años.

Ciencia

Ni Monfragüe ni Ordesa: el último refugio del águila imperial ibérica en España donde ya hay 1.000 parejas

Esta región se ha consolidado como el motor de recuperación de la rapaz más amenazada de Europa, con 24 territorios ocupados y 27 pollos volados en 2024.

Más información: Águila imperial ibérica: el renacer de la rapaz que Rodríguez de la Fuente veía extinguirse en España

P. G. Santos
Publicada

Las claves

El águila imperial ibérica ha pasado de 39 parejas en los años 70 a más de 1.000 repartidas entre España y Portugal.

Córdoba se ha consolidado como el principal refugio de la especie, concentrando el 43% de la producción regional de pollos.

El éxito reproductor se enfrenta a amenazas como electrocuciones, cebos envenenados, perturbaciones humanas y proyectos eólicos sin protección específica.

Innovaciones como el uso de drones para inspección de nidos y la colaboración con propietarios de fincas han sido claves para su conservación.

El águila imperial ibérica estuvo a punto de desaparecer en los años 70 del siglo pasado. Según un censo realizado por el naturalista Jesús Garzón, en aquella época sólo quedaban 39 parejas. Ahora, ya hay más de 1.000 parejas repartidas entre España y Portugal.

Aunque la especie se distribuye a lo largo de estos dos países, hay una zona en la que se ha consolidado la rapaz más amenazada de Europa. Se trata de la provincia de Córdoba. Los datos oficiales no dejan margen para la duda.

Según el último informe de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Agencia de Medio Ambiente y Agua (AMAYA), en colaboración con SEO/BirdLife, se han registrado 24 territorios ocupados. De ellos, 20 tenían parejas reproductoras.

La productividad media se situó en 1,35 pollos por pareja, muy por encima del umbral mínimo de viabilidad —fijado en 0,75— y superior también a los 25 pollos registrados en 2023. La tendencia al alza se sostiene año tras año en todos los parámetros clave.

Un liderazgo aplastante

El liderazgo de Córdoba sobre el resto de Andalucía es aplastante. Mientras Jaén contabilizó 15 pollos y Sevilla apenas 10, la provincia cordobesa concentró el 43% de toda la producción regional, una cifra que la sitúa en una categoría propia dentro de la conservación española.

Los técnicos destacan a Córdoba por su papel geoestratégico para unir los subnúcleos de Sierra Morena occidental, en el entorno de Hornachuelos, y oriental, cerca de Cardeña-Andújar. El valle del Guadalmellato y Los Pedroches actúan como puentes biológicos de enorme importancia.

Esta conectividad territorial resulta fundamental para la diversidad genética de la población. La provincia no solo retiene sus parejas históricas, sino que atrae a jóvenes dispersantes procedentes de Castilla-La Mancha o Doñana, que buscan nuevos territorios donde asentarse y criar.

El éxito reproductor no debe ocultar los riesgos que persisten sobre la especie.

En 2024 se documentaron dos muertes por electrocución, se localizó un cebo envenenado en una zona activa y al menos dos nidos sufrieron perturbaciones humanas, alguna causada por fotógrafos que operaban sin autorización oficial.

A estas amenazas se suma la tramitación de un parque eólico proyectado en las inmediaciones de Hornachuelos, que avanza sin contemplar medidas específicas de protección para la rapaz. La preocupación entre los conservacionistas crece a medida que el proyecto gana forma.

La respuesta técnica a estos desafíos incluye innovaciones sin precedentes en Andalucía. Por primera vez en la comunidad se utilizó un dron silencioso para inspeccionar nidos inaccesibles, y seis pollos fueron anillados y equipados con marcas GPS para monitorizarlos con precisión.

La colaboración con propietarios privados de fincas ha sido otro factor clave en esta historia de éxito. Muchas explotaciones cinegéticas han compatibilizado el uso del monte con la protección activa del águila, demostrando que conservación y actividad rural no son incompatibles.

La clave, como concluyen en el citado informe, reside en combinar seguimiento riguroso, control de amenazas y una sensibilización activa de las comunidades rurales que conviven a diario con la especie.