Fotografía de la Luna.

Fotografía de la Luna. Flickr

Ciencia

La NASA no da crédito: la Luna ha encogido 50 metros y pone en riesgo misiones espaciales como Artemis

La contracción de la Luna no frena Artemis, pero sí obliga a medir mejor el riesgo de fallas, sismos y terreno inestable en el polo sur.

Más información: El regreso del humano a la Luna se retrasa: la NASA cambia su misión Artemis para probar su tecnología

Publicada

Las claves

La Luna ha perdido unos 50 metros de diámetro debido a la contracción de su interior, generando arrugas y fallas en la corteza.

Estudios recientes detectaron fallas y deformaciones en el polo sur lunar, zona clave para el aterrizaje de la misión Artemis III.

La actividad sísmica lunar, con terremotos que pueden alcanzar cinco grados Richter, obliga a la NASA a evaluar cuidadosamente la estabilidad del terreno para futuras misiones y asentamientos.

La presencia de hielo de agua en los cráteres del polo sur refuerza el interés estratégico de esta región, aumentando la importancia de analizar riesgos geológicos en la selección del lugar de aterrizaje.

La Luna ha perdido alrededor de 50 metros de diámetro a lo largo de los últimos cientos de millones de años mientras su interior se enfría lentamente. Esa contracción genera arrugas tectónicas y fallas de empuje en la corteza.

La clave es que ese encogimiento no se detectó ayer. La NASA ya se dio cuenta de que algo pasaba en mayo de 2019, cuando un trabajo relacionó la contracción global con escarpes de falla relativamente jóvenes repartidos por la superficie lunar. Desde entonces, el fenómeno forma parte del consenso geológico lunar.

Lo verdaderamente nuevo llegó en enero de 2024, cuando otro estudio, difundido por la NASA, puso el foco en el polo sur lunar. Allí encontró evidencias de fallas y deformaciones en o cerca de algunas de las regiones candidatas para el aterrizaje de Artemis III.

Eso no significa que la agencia vaya a cancelar sus planes ni a rediseñarlos desde cero. Lo que sí dice la NASA es que la distribución de fallas jóvenes, su posible actividad y la estabilidad del terreno deben tenerse en cuenta al elegir ubicaciones de aterrizaje y futuros asentamientos permanentes.

El motivo de esa cautela son los llamados moonquakes, o terremotos lunares. Algunos pueden durar horas y, aunque la Luna no tenga tectónica de placas como la Tierra, esas sacudidas pueden movilizar regolito y favorecer deslizamientos en pendientes inestables, especialmente en el accidentado polo sur.

Podría afectar a estructuras

La amenaza no es que la Luna se encoja de repente, sino que ciertos sectores del terreno lunar podrían ser menos estables de lo que parecía. Para una misión tripulada, eso cambia bastante el cálculo de riesgos.

Su mensaje oficial es que estos resultados deben servir para evaluar la seguridad de las zonas candidatas, estudiar la estabilidad de laderas y pensar con más cuidado dónde colocar infraestructuras, instrumentos y, a largo plazo, hábitats.

Estos terremotos, de hecho, pueden alcanzan cinco grados en la escala de Richter. En realidad, la referencia procede de sismos registrados por la red Apollo hace décadas y reinterpretados en contexto lunar.

El polo sur sigue siendo prioritario porque concentra cráteres permanentemente sombreados donde podría haber hielo de agua, un recurso clave para futuras estancias humanas. Precisamente por ese interés estratégico, cualquier información sobre fallas, sacudidas y pendientes gana un peso enorme en la selección final del sitio.

La Luna no es una roca muerta y completamente quieta, sino un cuerpo que todavía conserva una historia tectónica activa a escala geológica. Y eso obliga a tratar su superficie con más respeto ingenieril.