Foto de una taza café.
Los científicos lo confirman: tomar de 2 a 3 tazas de café diarias reduce el riesgo de demencia y mejora la memoria
Un análisis a 130.000 personas vincula el consumo moderado de café con hasta un 18% menos de probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo.
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Una investigación publicada en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) concluye que consumir de 2 a 3 tazas diarias de café con cafeína o de 1 a 2 tazas de té, se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia a largo plazo.
El estudio, uno de los más amplios realizados hasta la fecha sobre esta cuestión, ha seguido durante más de cuatro décadas a 131.821 profesionales sanitarios en Estados Unidos.
A lo largo del seguimiento, más de 11.000 personas desarrollaron demencia, lo que permitió comparar la incidencia de la enfermedad según los distintos patrones de consumo de café y té.
Tras ajustar variables como edad, nivel educativo, tabaquismo, actividad física o enfermedades previas, los investigadores observaron que quienes consumían de forma habitual café con cafeína presentaban hasta un 18% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes apenas lo consumían.
Tanto el café como el té son bebidas que contienen ingredientes coactivos como los polifenoles y la cafeína, componentes que se ha demostrado que reducen la inflamación y el daño celular, protegiendo contra el deterioro cognitivo.
En cambio, el café descafeinado no mostró la misma relación protectora. De manera que se refuerza el dato de que la cafeína, o su interacción con otros compuestos coactivos, podría desempeñar un papel relevante a la hora de preservar la función cognitiva.
No obstante, los propios autores subrayan que se trata de un estudio observacional. Es decir, detecta una asociación estadística, pero no puede establecer una relación directa entre la causa y el efecto.
Foto de archivo de dos cafés.
El problema es que existen factores difíciles de medir, como determinados hábitos sociales o cognitivos asociados al consumo de café, que podrían influir también en los resultados.
Desde el punto de vista biológico, diversas investigaciones apuntan a que la cafeína podría tener efectos antiinflamatorios y antioxidantes, mejorar la función vascular cerebral o influir en la acumulación de proteínas relacionadas con enfermedades neurodegenerativas.
Sin embargo, estos mecanismos aún se investigan y no permiten convertir el café en una herramienta preventiva por sí sola.
Los expertos insisten en que el mensaje no es empezar a beber café para proteger el cerebro, sino entender que, dentro de un patrón de vida saludable, su consumo moderado no parece perjudicial e incluso podría asociarse a beneficios.
La prevención de la demencia sigue dependiendo, sobre todo, de factores como: hacer ejercicio regularmente, mantener una dieta equilibrada, controlar la presión arterial, estimular la mente y tener una vida socialmente activa.