Imagen de archivo de un tiburón nadando cerca de la costa

Imagen de archivo de un tiburón nadando cerca de la costa Europa Press

Ciencia

Un gran análisis de los ataques de tiburón revela el único mes en el que son más probables: "Es cuando ocurren encontronazos"

Los investigadores, que analizaron tres décadas de incidentes con escualos, han hallado que esta concentración tiene protagonista principal: el tiburón tigre.

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Las claves

Un estudio de la Universidad de Hawái revela que octubre concentra el 20% de los incidentes con tiburones en Hawái durante las últimas tres décadas.

El 63% de los ataques confirmados en octubre se atribuyen al tiburón tigre, cuya presencia cerca de la costa aumenta por razones reproductivas.

El pico de mordiscos no se debe a un mayor número de bañistas, sino a la migración estacional de hembras adultas de tiburón tigre para dar a luz.

Aunque octubre es el mes de mayor riesgo relativo, la probabilidad de sufrir un ataque sigue siendo muy baja en términos absolutos.

En Hawái, octubre tiene un apodo que suena a campaña de sociales: Sharktober. La diferencia es que, esta vez, no hablamos de una etiqueta pegadiza, sino de un patrón que acaba de pasar por el filtro más frío que existe: el de los datos.

Un nuevo trabajo de la Universidad de Hawái, en Manoa, ha revisado tres décadas de incidentes con escualos (1995–2024) y ha encontrado algo difícil de ignorar incluso para quien nunca pisa el agua: uno de cada cinco mordiscos registrados ocurre en octubre. Ni julio, ni agosto, ni "vacaciones": octubre.

La investigación, firmada por el biólogo marino Carl G. Meyer y publicada en Frontiers in Marine Science, no se queda en la anécdota estadística. También busca la causa. Y apunta a una protagonista muy concreta: el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier).

En el conjunto del periodo analizado, esta especie aparece con frecuencia en los registros, pero el foco se estrecha aún más cuando se mira solo octubre: al menos el 63% de los incidentes confirmados ese mes se atribuyen a tiburón tigre.

Por qué en octubre

El primer impulso es culpar al calendario social: más gente al agua, más roces, más sustos. Pero el estudio pone el dedo en otro sitio.

Al comparar la distribución mensual de mordiscos con indicadores de uso recreativo del océano, los autores sostienen que el pico no encaja con un aumento de bañistas o surfistas. En otras palabras: el mar no se llena más en octubre; lo que cambia es quién está más cerca de la costa.

Aquí entra en juego la biología, que suele ser una guionista más eficaz en un thriller como este. El artículo vincula el "Sharktober" con una fase crítica del ciclo reproductivo del tiburón tigre: el parto, que en Hawái se concentra en la ventana septiembre–octubre.

El razonamiento se apoya en dos mecanismos que, juntos, hacen que octubre sea un mes con más "presencia" y, potencialmente, más encuentros.

Primero: durante esas semanas aumenta temporalmente la abundancia de hembras adultas grandes en hábitats costeros de las islas principales, incluida una migración parcial desde el noroeste del archipiélago hacia zonas más próximas a la gente.

Segundo: parir una camada numerosa es un gasto energético enorme; las hembras en posparto pueden quedar en peor condición corporal y mostrarse más motivadas a buscar comida para recuperar reservas.

Lo interesante es que esta idea no nace de la nada. Ya había pistas de que algunas hembras maduras cambian de "barrio" cuando el verano acaba.

Un estudio previo basado en telemetría y modelos de movimiento, publicado en Ecology, estimó que aproximadamente una cuarta parte de las hembras maduras podría desplazarse desde French Frigate Shoals (los restos de un atolón medio sumergido en las islas de Sotavento de Hawái) hacia las islas principales a finales de verano y principios de otoño, potencialmente para dar a luz.

Es el tipo de descubrimiento que, años después, encaja con otra y ayuda a explicar por qué un mes concreto se ilumina en los gráficos.

A esa "migración parcial" se suma una señal que llega por una vía inesperada: el turismo. El nuevo estudio señala que el pico de mordiscos coincide con un máximo de avistamientos de tiburón tigre en ciertos puntos vinculados al ecoturismo, un indicador indirecto de abundancia en áreas accesibles.

No es una prueba perfecta —los avistamientos también dependen de condiciones del mar, esfuerzo de observación y otros sesgos—, pero funciona como una línea independiente que refuerza el relato biológico: octubre es temporada de hembras grandes cerca de la costa.

Ahora bien, si "Sharktober" existe, la otra mitad de la historia es menos viral: el riesgo absoluto sigue siendo bajo. El propio trabajo insiste en ese matiz, y es un detalle importante porque cambia el tono social del debate.

"Entender cuándo el riesgo es ligeramente mayor ayuda a las personas a tomar decisiones informadas, no decisiones basadas en el miedo", apunta Meyer.

Además, Hawái cuenta con un registro público de incidentes mantenido por el 'Department of Land and Natural Resources' (DLNR), que deja claro qué se considera "incidente" y qué casos quedan fuera por falta de confirmación o por no encajar en definiciones estándar de "no provocado". Esa transparencia es clave para no convertir cada historia en mito.

El siguiente paso científico

En paralelo, conviene no perder de vista el contexto global: la inmensa mayoría de encuentros entre humanos y tiburones no termina en mordisco, y las cifras mundiales de ataques "no provocados" se mueven en decenas al año, no en miles, según los resúmenes anuales que publica el International Shark Attack File (ISAF) del Florida Museum.

Esa fotografía internacional ayuda a colocar Hawái en perspectiva: un lugar con presencia real de grandes depredadores marinos, sí, pero también con una probabilidad individual muy pequeña.

La próxima fase del trabajo, según la Universidad de Hawái, irá justo donde ahora hay más hipótesis que mediciones: seguir de cerca a hembras adultas durante la temporada de cría, rastrear movimientos con mayor resolución y usar herramientas no invasivas para evaluar estado reproductivo y condición corporal.

Y así, además, evitar encontronazos entre humanos y escualas.