El matemático Andréi Kolmogórov (en la foto) inspira la fórmula de Francisco Hernández.

El matemático Andréi Kolmogórov (en la foto) inspira la fórmula de Francisco Hernández.

Ciencia

Francisco, ingeniero, sobre su fórmula para acertar la quiniela: "La combinación a distancia 5 garantiza los aciertos"

El uso de esta particular estrategia, inspirada en la teoría de códigos, permite separar las columnas y maximizar la probabilidad real de alcanzar doce aciertos.

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Las claves

Francisco Hernández, ingeniero, propone aplicar combinatoria matemática a la Quiniela usando el concepto de 'distancia 5' para optimizar las apuestas.

La estrategia de distancia 5 asegura que cualquier pareja de columnas en una combinación difiere, como mínimo, en cinco partidos, evitando apuestas similares.

Este método maximiza las probabilidades de acertar una columna con 12 partidos sin aumentar excesivamente el número de apuestas ni duplicar resultados equivalentes.

Hernández destaca que, aunque no elimina el azar, su fórmula reduce errores estructurales y permite jugar con mayor criterio matemático.

Cada domingo, desde hace décadas, la escena se repite en miles de hogares españoles con una liturgia casi inalterable. Hoy convive con apps, notificaciones y plataformas de apuestas deportivas en tiempo real. Aun así, el ritual persiste: la radio encendida, el boleto sobre la mesa y la sensación de que el fútbol todavía se juega en papel.

Ese contraste entre tradición y tecnología resume bien la paradoja de la Quiniela. Mientras el sector del juego se ha sofisticado con algoritmos y datos masivos, este formato clásico sigue apelando a la intuición y al recuerdo. Para Francisco Hernández Hernández, alias PacoHH3, ingeniero de formación, ahí reside precisamente el error más común del apostador.

Según plantea Hernández, la Quiniela no es un vestigio romántico del pasado, sino un problema matemático mal planteado por la mayoría de jugadores. Frente al “olfato” futbolístico o la lectura emocional de la jornada, él propone una aproximación basada en ingeniería combinatoria, donde cada columna responde a una lógica estructural precisa.

El fallo habitual, explica, es repetir columnas casi idénticas. Cambian uno o dos signos, pero el núcleo del pronóstico se mantiene. Cuando ese eje falla, todas las apuestas caen en bloque. La probabilidad real no se multiplica, solo se reparte mal. La solución pasa por introducir distancia entre las apuestas.

Ahí aparece el concepto técnico que articula todo su trabajo. Tal como señala el ingeniero, “las combinaciones a distancia 5 tienen la propiedad de que cualquier pareja que se tome dentro de la combinación tiene como mínimo 5 signos distintos”. No es una intuición, sino una propiedad matemática bien definida, tomada de la teoría de códigos.

La llamada distancia 5 implica que cualquier par de columnas difiere, como mínimo, en cinco partidos. Esto obliga al sistema a explorar escenarios realmente distintos. No importa el orden ni el equipo: ninguna apuesta se parece demasiado a otra. El boleto deja de ser una repetición y se convierte en un espacio bien distribuido.

Una geometría invisible

Hernández suele recurrir a metáforas sencillas para explicarlo. Apostar columnas similares es como colocar paraguas todos juntos bajo una tormenta. Separarlos estratégicamente permite cubrir más superficie. La distancia 5 actúa así como una geometría invisible que ordena el azar del fútbol de cada jornada futbolística.

Aplicando este principio, el ingeniero ha logrado construir sistemas con más de un centenar de combinaciones optimizadas. Como él mismo resume, estas estructuras “forman las combinaciones con la probabilidad más alta de acertar una y solo una columna de 12”, un matiz clave que define toda su propuesta.

Como ha señalado Hernández, la distancia 5 representa un punto de inflexión claro para quien busca jugar con criterio. “Yo considero a estas combinaciones como las reducidas al 12 al punto de inflexión”, explica, porque maximizan la probabilidad sin inflar artificialmente el número de apuestas necesarias.

A diferencia de las reducidas clásicas, que buscan garantizar premios mínimos con el menor número de apuestas, este enfoque persigue otra lógica. Se trata de identificar cuántas columnas pueden convivir manteniendo una separación estricta, evitando que el presupuesto se disperse en apuestas que compiten entre sí.

El propio diseño del sistema impone límites claros. “No pueden contener dos columnas con 12 aciertos porque estarían a distancia 4”, aclara Hernández. Esa restricción evita duplicar resultados equivalentes y convierte cada columna en una exploración distinta del espacio de resultados posibles.

El trabajo de Hernández se inscribe en una tradición internacional de combinatoria aplicada al juego. Es un ámbito donde cada avance se compara con tablas previas. En este caso, reconoce que “no existen tablas de récords publicadas” para este tipo de combinaciones, lo que añade complejidad al análisis.

Ese vacío se ha ido cubriendo gracias a colaboraciones técnicas. Con la ayuda del forista conocido como Código y la participación de Joan Duatis, Hernández logró igualar marcas previas y mejorar varias. Aun así, mantiene una cautela constante sobre los límites reales del sistema.

Uno de los resultados más destacados de su trabajo es la combinación de once triples a distancia 5, que requiere 729 columnas. Hernández la considera la reducida perfecta al doce, un equilibrio exacto entre eficiencia matemática y cobertura máxima, donde cada apuesta cumple una función diferenciada.

Este enfoque conecta con lo que han defendido expertos internacionales en estadística aplicada al azar. Investigadores como Mark Glickman recuerdan que ningún sistema elimina la aleatoriedad, pero sí puede evitar errores estructurales que reducen artificialmente las probabilidades.

Al final, la propuesta de Francisco Hernández no promete milagros. Los domingos seguirán siendo imprevisibles y el fútbol mantendrá su capacidad de sorpresa. Pero su fórmula introduce la idea de que incluso en el azar, pensar mejor no garantiza ganar, pero sí evita perder por ignorancia matemática.