El cráneo cúbico descubierto en México.

El cráneo cúbico descubierto en México. Archivo Técnico de la Sección de Antropología Física del CINAH Tamaulipas

Ciencia

El misterioso cráneo cuadrado con 1.400 años de antigüedad que ha aparecido en México: "Podría ser un chamán"

Este peculiar resto humano, que ha aparecido en lo alto de la Sierra Madre Oriental mexicana, es fruto de la deformación intencional.

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Las claves

Arqueólogos hallaron un cráneo de 1.400 años con forma cuadrada en Balcón de Montezuma, México, mostrando una deformación craneal intencional poco documentada en la región.

El individuo, un hombre mayor de 40 años, presenta una modificación llamada "tabular superior o paralelepípeda", rara en la zona y asociada a prácticas culturales para expresar identidad o estatus.

Los análisis de isótopos indican que el hombre era originario del lugar y fue enterrado con cuentas de concha, lo que sugiere un papel social diferenciado, posiblemente ritual o de chamán.

La deformación craneal era una práctica aplicada en la infancia para marcar pertenencia y diferencia dentro de la comunidad, y su variante en este caso apunta a conexiones o influencias externas.

En Balcón de Montezuma, en lo alto de la Sierra Madre Oriental, en México, apareció una cabeza que parece salida del videojuego Minecraft: un cráneo de hace unos 1.400 años con la parte superior tan plana que, visto de perfil, recuerda más a un bloque que a una cabeza humana. Hay algo inquietante en esa geometría deliberada, como si alguien hubiese diseñado a una persona con aristas.

Aunque pueda tener un aspecto extraterrestre, fue modelado para que el individuo destacara con una silueta imposible de ignorar. No es una rareza de la naturaleza: el Instituto Nacional de Antropología e Historia del país (INAH) sostiene que es deformación craneal intencional, una práctica cultural que en esta región apenas se había documentado, y que abre la puerta a la pregunta grande: ¿quién era este hombre para que su identidad empezara por la forma de su cabeza?

El hallazgo se vincula a Balcón de Montezuma, también conocido como Los Indios, una zona arqueológica situada en la cima de una elevación de la Sierra Madre Oriental, con una historia de ocupación larga y, por momentos, fronteriza: por los materiales arqueológicos, el INAH plantea dos grandes fases, una temprana (del año 1 al 900) y otra posterior (del 1.200 al 1.500).

Un caso único en la zona

Lo que ha puesto el foco ahora es un individuo varón de más de 40 años, fechado en el periodo Clásico mesoamericano (400-900 d.C.). El antropólogo físico Jesús Ernesto Velasco lo describe como el primer indicio de que en esta "urbe" huasteca del norte también se practicó el modelado cefálico. La clasificación no es menor: el equipo lo encuadra como "tabular erecto" (aplanamiento frontal y occipital), pero con un rasgo extra que no encaja con lo habitual en la región: un aplanamiento superior que genera una apariencia poliédrica. De ahí el nombre que aparece en el boletín del INAH: tabular superior o "paralelepípeda".

Para entender por qué esto importa hay que mirar más allá del efecto visual. La deformación craneal artificial es una modificación corporal permanente, casi siempre aplicada en la infancia, cuando los huesos del cráneo aún son maleables. En términos generales, las clasificaciones bioantropológicas distinguen grandes familias según la dirección y el tipo de compresión: la tabular (anterior–posterior), lograda con superficies relativamente rígidas o almohadillados colocados delante y detrás, y la anular o circunferencial, asociada a vendajes y ataduras que "tiran" del crecimiento hacia formas más altas o alargadas. No es un detalle técnico: cada variante deja huellas distintas en hueso y suturas, y permite rastrear tradiciones culturales.

La pregunta inevitable es "¿para qué?". La literatura científica lleva décadas insistiendo en que no se trata solo de estética. En su revisión sobre modificaciones la bóveda craneal en Mesoamérica, Vera Tiesler resume el consenso: estas prácticas se han usado, de forma transcultural, para expresar identidad, pertenencia, belleza, género o estatus; y su significado se aclara cuando se cruza la forma del cráneo con otros datos arqueológicos (ajuares, patrón funerario, contexto del asentamiento). Dicho de otro modo: la cabeza no se moldeaba en el vacío, sino en una red social.

En Balcón de Montezuma, además, el caso tiene una vuelta de tuerca: los propios investigadores subrayan que no todos los esqueletos completos del sitio muestran esta modificación. Eso sugiere diferenciación —una manera de destacar dentro del grupo—, aunque sin traducirla automáticamente como "élite". En la información difundida por el INAH se abre incluso la hipótesis de un papel particular, compatible con figuras rituales o "tipo chamán", precisamente porque la señal es visible, sostenida en el tiempo y, por tanto, socialmente legible.

Isótopos para rastrear el origen

El equipo científico ha hecho especial hincapié en tratar de averiguar si fue alguien venido de fuera o era originario de la región. Para ello, el equipo comprobó si esa forma, documentada en otros lugares como El Zapotal (Veracruz) y más recientemente en el área maya, implicaba migración o movilidad directa. Para eso recurrieron a una herramienta clásica en bioarqueología: isótopos estables de oxígeno en colágeno y bioapatita de hueso y diente, que ayudan a inferir origen geográfico a partir de señales ambientales registradas en el cuerpo. Los resultados apuntan a que el individuo nació, vivió y murió en esa parte de la sierra.

También se menciona un rasgo poco común en esa tumba: pequeñas cuentas circulares de concha usadas como adorno personal. Estas, en Mesoamérica, suelen ser más que decoración, hablan de intercambio, de rutas, de acceso a materias primas y de códigos simbólicos asociados al cuerpo. En un sitio que el INAH vincula a corredores de contacto —por su carácter fronterizo y su posible papel en rutas huastecas—, el detalle funciona como pista. Este hombre no solo fue modificado, también fue "presentado" con objetos que comunican algo.

Lo cierto es que la deformación craneal actúa como un "experimento cultural" sobre un sistema anatómico complejo. Un estudio analizó cómo distintas modalidades de deformación artificial alteran la integración morfológica del cráneo (cómo covarían neurocráneo y viscerocráneo), y encontró que el patrón de cambios depende del tipo de fuerzas aplicadas: no "deforma" todo igual, sino que reorienta el crecimiento y la relación entre partes. Es una forma de recordar que estas prácticas no solo son símbolos sociales: también dejan huellas mensurables, comparables y útiles para reconstruir técnicas y cronologías.

Si el individuo es local, pero comparte una variante registrada fuera de la región, el foco se desplaza hacia contactos, imitaciones, alianzas o prestigios que cruzan territorios sin necesidad de desplazamientos masivos. Lo que se está excavando, en el fondo, no es solo piedra: es la forma en que una comunidad decidió escribir su diferencia en el cuerpo de sus hijos.