Los investigadores Santiago Giralt (izquierda) y Marc Oliva (derecha) han realizado varias expediciones en Groenlandia..

Los investigadores Santiago Giralt (izquierda) y Marc Oliva (derecha) han realizado varias expediciones en Groenlandia.. Cedida

Ciencia

Inquietud en Groenlandia entre los científicos españoles: "Trump niega el calentamiento pero quiere aprovecharse de él"

Los investigadores defienden que su presencia en la zona responde a razones "puramente científicas", y lo que sucede en el Ártico también afecta a España.

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Las claves

Científicos españoles en Groenlandia expresan preocupación por la inestabilidad política provocada por las amenazas de Donald Trump y su interés estratégico en la isla.

El deshielo por el cambio climático facilita el acceso a Groenlandia, lo que aumenta el interés de Estados Unidos en rutas marítimas y recursos como las tierras raras.

Investigadores españoles destacan que la situación política actual es inédita y temen que pueda dificultar sus campañas científicas en la región.

El creciente poder del movimiento independentista inuit y las tensiones con Dinamarca y EEUU han alterado la percepción y el ambiente en Groenlandia.

Las amenazas que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lleva lanzando en las últimas semanas sobre Groenlandia no sólo las está notando la población local. Los científicos españoles que trabajan en la isla también perciben que la situación no tiene precedentes.

El investigador de Geociencias Barcelona (CSIC) Santiago Giralt decidió dar el salto de la Antártida al Ártico hace 10 años porque lo que sucede en esta zona también atañe "de una forma muy directa" a España.

Desde entonces, la política y la ciencia se habían mantenido aparte, pero la incertidumbre actual está siendo tan grande como nunca: "Siempre hay un poco de ruido de fondo, pero no tanto como ahora".

Confía, eso sí, en que no le influya directamente en su próxima campaña, prevista para mediados de abril. Lleva preparándola durante cinco meses, por lo que espera que no haya interferencias políticas. Por el momento no ha recibido ninguna directriz de que no pueda ir.

Expectación ante los cambios

En una situación parecida se encuentra Marc Oliva, investigador de la Universidad de Barcelona que lleva realizando expediciones a la isla desde 2018. La última fue en mayo del pasado año y no tuvieron ningún problema.

Ahora están pendientes de un pequeño proyecto que deberían comenzar a gestionar "desde ya". Desconoce si el contexto político les afectará de alguna forma. "Estamos expectantes". Lo que sí tiene claro es que, para ellos, la situación "a mejor no va a ir".

Puede que se encuentren hasta con más problemas, por ejemplo, con los vuelos. "Con el interés que está habiendo ahora, quizás suban los precios". Para Oliva será más notorio porque suele trabajar en el noroeste de la isla, donde está precisamente la base estadounidense.

En 2023, se cambió su nombre para respetar la toponimia local, aunque su instalación, hace ya cinco décadas, estuvo marcada por el desplazamiento forzado de la comunidad de Uummannaq.

Aun así, la sensación de los investigadores españoles es que los groenlandeses, sobre todo en el norte, "eran bastante receptivos", pero al amenazar con ocupar, la percepción en la isla cambia.

Creen incluso que si Trump hubiera actuado de una manera más pausada, el desenlace habría sido distinto, ya que alguna de las medidas que tomó Dinamarca a lo largo del pasado siglo (imponer el danés o esterilizar a parte de la población) aún pesan sobre este pueblo.

Por ello, el movimiento independentista está cobrando cada vez más poder. "Por fin han conseguido sentirse inuits y estar orgullosos de ello". Este debate se ha visto enturbiado por el discurso de querer apropiarse por la fuerza de la isla.

El investigador Marc Olvida junto con el cazador inuit que se llama Igaja Alataq.

El investigador Marc Olvida junto con el cazador inuit que se llama Igaja Alataq. Cedida

No obstante, su poder frente a Dinamarca es mayor. "Antes pedía permisos al gobierno danés; ahora, al de Groenlandia", explica Giralt. También tiene que dejar las muestras para que las inspeccionen, evitando la falta de control que existía en épocas anteriores.

Cómo son las campañas

Las campañas, a diferencia de lo que sucede en la Antártida, tienen una duración bastante reducida, de entre tres y cuatro semanas. El trabajo de campo, de hecho, apenas supera la veintena de días.

La época del año se decide según el objeto de estudio. Para reconstruir el clima pasado a partir de sedimentos de los lagos les interesa que estén congelados, por lo que acuden entre abril y mayo, cuando las temperaturas no son tan extremas, lo que en Groenlandia significa unos -20 ºC.

Si tienen que estudiar los glaciares, el momento idóneo es el verano porque la nieve ha desaparecido y es posible observar cambios en la rotura del hielo, además de que les permite poder tomar muestras de rocas.

Oliva fue uno de los pioneros en este tipo de expediciones. Cuando comenzó, y como él mismo hizo durante ocho años, lo habitual era realizarlas en la Antártida, puesto que España cuenta con dos bases en esta región.

En este tiempo se ha dado cuenta de que la manera que tiene nuestro país para estar presente en el Ártico no es otra que a través de proyectos como los suyos. "Cada vez se nos piden más informes para dar salida a una geoestrategia que está encubierta".

Tierras raras, una excusa

El propio investigador reconoce que percibe más el interés estadounidense por controlar la isla que el de otros países como Rusia o China, que cuenta con un claro predominio de las tierras raras.

Groenlandia se considera uno de los territorios con mayor potencial del mundo en estos recursos. Aunque la mayoría aún no está explotado tanto por los costes como por las dificultades que entraña.

De izquierda a derecha, los investigadores Santiago Giralt, Dermot Antoniades, Sergi Pla y el explorador Ángel Sánchez en Groenlandia.

De izquierda a derecha, los investigadores Santiago Giralt, Dermot Antoniades, Sergi Pla y el explorador Ángel Sánchez en Groenlandia. Cedida

En invierno, las temperaturas pueden alcanzar los -50 ºC, con vientos de hasta 100 kilómetros por hora. Tampoco hay luz solar en este periodo, por lo que las minas sólo serían rentables durante seis meses al año.

"Además de que los groenlandeses no quieren que se exploten estas zonas, conseguir un permiso de exploración minera es extremadamente complicado", añade Giralt, quien cree que se trata de una excusa más por parte de EEUU, cuyo verdadero interés son las nuevas rutas.

Y es que "pese a que Trump siempre ha negado el calentamiento global, ahora se podría aprovechar de él", ya que está provocando que haya zonas más accesibles por el deshielo, como demuestra el Paso del Noroeste.

Esta ruta marítima pasa entre el archipiélago ártico canadiense y conecta con el Atlántico a la altura del estrecho de Davis, frente a la costa occidental de Groenlandia. Antes era infranqueable, pero ahora comienza a haber momentos del año en que está deshelada.

Aunque aún es pronto, puede que incluso se convierta en una alternativa a la ruta que atraviesa el canal de Suez para el tráfico entre Europa y Asia oriental, lo cual "tendría una enorme importancia estratégica".

Tanto Giralt como Oliva anhelan que estos cambios no les afecten: "Por nuestra parte, lo geoestratégico no existe". Ellos van "por razones puramente científicas". Aun así, "está siendo preocupante porque si la invade EEUU, veremos qué pasa con nuestras investigaciones".