Enrique Rojas

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Ciencia

Enrique Rojas, 78 años, psiquiatra: "La felicidad consiste en tener buena salud y muy mala memoria"

La definición de la felicidad varía mucho según la época, la cultura, el entorno, y nuestras vivencias.

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Las claves

Enrique Rojas, psiquiatra, define la felicidad como el resultado de una personalidad equilibrada y un proyecto de vida sólido basado en amor, trabajo, cultura y amistad.

Distingue entre felicidad puntual (momentos de placer) y felicidad estructural, que implica un balance vital y la evaluación de los cuatro ejes de la vida.

Rojas destaca la importancia de saber olvidar experiencias negativas para proteger el bienestar psicológico, evitando que la memoria mal gestionada cause sufrimiento.

El amor, entendido como un trabajo constante que incluye vínculos de pareja, familia y amistad, es fundamental para alcanzar la felicidad según el experto.

Definir qué es la felicidad puede ser fácil y muy complejo al mismo tiempo. No importan solo los instantes más felices; de hecho, estos instantes se vuelven inocuos si no existe una base de coherencia, vínculos y propósito. La felicidad suele verse como ese conjunto de instantes felices, pero los expertos coinciden en la necesidad de una estructura previa.

Así lo explica el conocido psiquiatra Enrique Rojas en una larga entrevista en la que habla, sobre todo, de la felicidad y de cómo deberíamos definirla e interpretarla. Para el experto, la felicidad es más una forma de interpretar y entender el mundo y nuestras vivencias, y no la típica suma de placeres, como se suele concebir en la cultura general. Y, dentro de este proceso, olvidar o tener "falta de memoria" sería clave, aunque suene paradójico.

Para Rojas, la felicidad precisaría de dos pilares básicos. Por un lado, poseer una personalidad equilibrada, que para el psiquiatra sería "la puerta de entrada al castillo de la felicidad"; y, por otro lado, poseer un proyecto de vida basado en el amor, el trabajo, la cultura y la amistad.

En opinión de Rojas, la felicidad no es un estado absoluto, sino más bien un equilibrio dinámico e imperfecto. De hecho, él distingue entre dos "tipos" de felicidad. Por un lado, tendríamos la felicidad puntual, donde cabrían momentos concretos de placer y disfrute: vacaciones, fines de semana, celebraciones específicas. Los ya comentados "placeres de la vida", cuya suma definiría la felicidad en la cultura popular.

Sin embargo, también tendríamos la felicidad estructural, la cual sería más relevante: hacer cuentas con uno mismo, un balance vital. Es decir, una evaluación profunda de cómo funcionan esos cuatro ejes del proyecto de vida que explica Rojas, y cómo vamos progresando sobre los mismos a lo largo de la vida. No bastaría con sumar momentos felices (felicidad puntual), sino que lo que en realidad importa sería la arquitectura de fondo de la vida (felicidad estructural).

De hecho, Rojas desglosa cada uno de esos cuatro ejes del proyecto de vida, focalizándose especialmente en el amor: "¿Cómo es mi vida afectiva? No hay felicidad sin amor y el amor se abre en abanico". Pero Rojas no entiende el amor solo como el sentimiento hacia una pareja, sino también hacia la familia, amigos y otros vínculos. Además, explica, el amor no es algo espontáneo ni automático, sino que requiere un trabajo constante y también puede deteriorarse si no se cuida.

En cuanto al amor de pareja, Rojas deja algunos consejos prácticos para aquellas parejas que padezcan dificultades: evitar discusiones innecesarias, no sacar a la luz rencores del pasado, aprender a perdonar y olvidar, y dar a los conflictos la importancia real que tienen. Como también nos recuerda, es muy común idealizar el amor sin llevar a cabo un trabajo constante, lo cual acaba finalmente en una alta tasa de rupturas.

Respecto a los otros tres ejes, Rojas explica que el trabajo sería una gran fuente de identidad y sentido, "no hay trabajo pequeño si se hace con amor", explica. En este aspecto, nos recuerda que la profesionalidad y la mejora continua han demostrado ser factores protectores frente a la ansiedad y la sensación de vacío. Por su parte, la cultura nos ayudaría a ordenar la mente y estructurar la memoria, nos daría libertad. Finalmente, la amistad sería "como una especie de pirámide donde la mayoría se queda en la banda media, alta o baja. Entonces, pocos atienden a la amistad"; se trataría de un eje poco atendido y a su vez clave para poseer una protección emocional.

Finalmente, Rojas habla sobre la memoria, y cómo es necesario olvidar. Nos recuerda que, anatómicamente, la memoria se organiza entre la corteza prefrontal (donde reside la atención y el control) y el hipocampo (el "archivo emocional"). En este aspecto, el psiquiatra habla sobre cómo la capacidad de olvidar las cosas negativas actuaría como un factor protector, y cómo la memoria mal gestionada se convertiría en una fuente de sufrimiento.

Rojas señala que recordar no es un proceso neutro, sino más bien una actividad activa que puede llegar a volverse patológica si se orienta de forma reiterada hacia lo negativo. La memoria, explica no archiva solo hechos, sino también emociones, interpretaciones y significados. Si todos estos "archivos" se organizan de forma caótica, es posible que terminen erosionando nuestro bienestar psicológico. De ahí, insiste, en la importancia de olvidar, pero no con el objetivo de "negar la realidad", sino buscando impedir que determinadas experiencias sigan ocupando un lugar central en nuestra mente.