Víctor Ballesteros, filósofo.

Víctor Ballesteros, filósofo.

Ciencia

Víctor Ballesteros (28 años), filósofo, sobre la felicidad: "Para ser feliz, lo mejor es ser una persona auténtica"

Este experto recomienda que reflexionemos con más frecuencia sobre nuestras decisiones y acciones para vivir una vida mejor.

Más información: Valentín Fuster (82), cardiólogo: "La felicidad se alcanza con las 4 'aes': actitud, aceptación, autenticidad y altruismo"

J. Rodríguez
Publicada
Actualizada

Las claves

Víctor Ballesteros, filósofo español, sostiene que no existe una receta universal para la felicidad y que es mejor centrarse en llevar una vida auténtica y reflexiva.

Ballesteros considera que la irreflexión y las prisas son los principales enemigos de la felicidad, y anima a meditar sobre nuestras decisiones y acciones cotidianas.

Defiende que el pensamiento nos aleja de lo instintivo y nos acerca a lo humano, permitiéndonos actuar con inteligencia y elegancia.

Ser buena persona y revisar constantemente nuestras acciones son valores fundamentales que, según Ballesteros, contribuyen a una vida más satisfactoria.

Qué es la felicidad y si existe una receta universal para obtenerla son dos preguntas que se llevan haciendo los filósofos durante siglos. Y, por desgracia, las preguntas siguen sin tener una respuesta general. Algunos, de hecho, se preguntan si realmente se pueden contestar.

Esto es lo que se pregunta el filósofo español Víctor Ballesteros, escritor también del libro La vida pensada en el que aborda estas cuestiones. "No hay secreto para la felicidad, no lo puede haber. Yo creo que hay una serie de claves", explica este filósofo.

Y es que Ballesteros asegura que merece mucho más la pena apuntar a otros objetivos en la vida que a la felicidad, que a veces nos puede parecer un concepto algo difuso. Objetivos que se puedan lograr a través de rutinas del día a día más concretas y efectivas.

"Es mejor llevar una vida reflexiva que no llevarla, por ejemplo. Es mejor llevar una vida auténtica. Y entonces tendríamos que definir qué es auténtico y qué no", explica este experto. Es decir, construir una vida en ciertos valores más que en el ideal de la felicidad.

"Pero claro, nosotros encontramos la felicidad en tantas cosas que a veces es un poco complicado determinar cuál es la raíz de la felicidad", añade en una entrevista con el portal Cuerpo Mente. "Sí que creo que hay placeres superiores a otros".

En este sentido, considera que un paseo por el Museo del Prado sería un placer superior a una noche de botellón. "Más allá de esto, no me gusta pontificar sobre el tema. Sí que animo a la gente a que busque su camino, su manera de ser feliz, de realizarse", dice.

Si existe un enemigo de la felicidad, Ballesteros asegura que es la "irreflexión". Invita, por tanto, a meditar más a menudo sobre nuestras decisiones y acciones de nuestro día a día, centrarnos en aumentar nuestro ejercicio de reflexión y la felicidad vendrá con él.

Parar para reflexionar

"Las prisas que llevamos constantemente, la poca reflexión de lo que hacemos, el no tener ese parón para pensar acerca de nuestras cuestiones morales es lo que más nos está contaminando. La clave está ahí, la clave está en nosotros, en poder detenernos un poco".

Pero, ¿por qué sería tan importante pensar? Pues, según Ballesteros, porque el pensamiento es lo que nos aleja de nuestra naturaleza animal y nos acerca a lo humano. Es decir, nos brinda la posibilidad de actuar frente al comportamiento instintivo.

"Nos permite definir dónde acaban nuestros límites animales, fisiológicos, y donde empieza lo más humano. Pensar se relaciona también con el concepto de inteligencia. Y la raíz de la inteligencia no es más que saber elegir. Una persona inteligente también es elegante", dice.

Otro de los valores que Ballesteros reivindica a la hora de armar nuestro plan de vida es la bondad y es que es de los que piensa que aspirar a ser buena persona nos permite vivir mejor. Esto se debe a que vivir en sociedad se compone de compartir ciertos códigos.

"Ojo, porque lo de ser bueno tiene esa necesidad de estar revisándose constantemente, de no creer que uno está en posesión de la verdad absoluta, sino que, en efecto tiene que revisar y calibrar lo que está haciendo", advierte este filósofo.