El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto al resto de la dirección nacional del partido, celebra la victoria de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, el pasado domingo

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto al resto de la dirección nacional del partido, celebra la victoria de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, el pasado domingo

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El 'efecto Mañueco' pone techo a Vox y enciende la mecha de los pactos con la vista puesta en las elecciones generales

Los resultados de las elecciones autonómicas de Castilla y León han demostrado que el PP puede liderar sin ceder en exceso y llevar la batuta en las negociaciones y han obligado a los de Abascal a rebajar sus expectativas.

Más información: Mañueco se abre a un Gobierno de coalición con Vox en Castilla y León pero advierte: "Hablaremos medida a medida"

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Poco después de las 23:00 horas de la noche del pasado 15 de marzo, el presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, apareció en el salón del Hotel Alameda Palace de Salamanca rodeado de aplausos de los suyos.

Sin grandes gestos, pero con tono firme, fue rotundo. "Los ciudadanos han hablado claro: quieren un Gobierno liderado por el Partido Popular", afirmó.

Los resultados ya eran contundentes: el PP lograba 33 procuradores, dos más que en 2022, superaba el 35 % de los votos y ampliaba la distancia con el PSOE y, sobre todo, con Vox.

En Valladolid, el Hotel AC Santa Ana, donde Vox seguía los resultados mostraba, en cambio, rostros serios. La formación de Santiago Abascal sumaba solo un escaño más, 14 en total, y se quedaba por debajo del 19%, lejos del techo del 20 % que algunos sondeos le habían prometido.

Por primera vez en este ciclo electoral, Vox no conseguía el crecimiento esperado. El 'efecto Mañueco' acababa de materializarse, con un PP que gana terreno, frena a los de Santiago Abascal y demuestra que puede liderar sin ceder en exceso y llevar la batuta en las negociaciones.

Unos resultados en Castilla y León que, en apenas dos días, ya se ha convertido en referencia para Génova y en un problema para la sede de Vox en la calle Bambú de Madrid.

Los números del cambio

Con el escrutinio cerrado, los datos son claros. Mañueco ha subido alrededor de cuatro puntos respecto a 2022 y ha triplicado la ventaja sobre los socialistas en porcentaje de voto.

Vox ha mejorado ligeramente, pero no ha roto la barrera psicológica del 20% y ha quedado muy por debajo de las expectativas que manejaban sus dirigentes.

Mañueco no solo ganó: lo hizo mejorando en escaños y voto donde otros presidentes del PP habían tenido problemas. En Extremadura o Aragón, los barones populares habían perdido fuelle o quedado más expuestos a las exigencias de Vox.

En la Comunidad, en cambio, el PP ha consolidado su hegemonía y ha dejado a los de Abascal a en un crecimiento modesto. "Hemos duplicado en votos a Vox y triplicado la ventaja con el PSOE", resumió el presidente en su comparecencia.

El mensaje ha calado rápido en Madrid: el centroderecha puede crecer sin ceder protagonismo.

Un nuevo escenario

El contexto ayuda a entenderlo. En diciembre de 2021, Mañueco adelantó elecciones para evitar una moción de censura de su entonces socio, Ciudadanos.

El resultado fue el primer Gobierno de coalición entre PP y Vox en una autonomía, con la Vicepresidencia para Juan García-Gallardo y tres consejerías para los de Abascal.

El pacto duró hasta julio de 2024, cuando Vox salió de todos los gobiernos tras la aceptación por parte de los populares del reparto de menores inmigrantes no acompañados del Gobierno de España.

Mañueco gobernó en minoría casi dos años y llegó a 2026 fortalecido. La gestión en empleo, sanidad rural y medidas contra la despoblación le permitió mantener el pulso. Los sondeos le daban ventaja y la campaña, discreta y centrada en temas autonómicos, funcionó.

Cuando la noche electoral tendió la mano a Vox, lo hizo desde posiciones de fuerza. "Si hay que hablar de coalición, partiremos de la base del acuerdo de 2022", afirmó. No pidió; ofreció.

Los de Abascal, que mantienen bloqueos en Extremadura y Aragón, se vieron obligados a responder con un tono más moderado y a rebajar sus exigencias y el líder de Vox mostró su voluntad de entrar en ambos gobiernos y también en el de Castilla y León.

El 'método Mañueco'

En Génova ya hablan del 'método Mañueco'. No se basa en discursos duros ni en polémicas diarias, sino en un recorrido por las nueve provincias, poner el énfasis en despoblación, vivienda y conciliación, y una campaña sin estridencias.

Mientras Abascal subía el tono contra Feijóo, Mañueco hablaba de presupuestos, carreteras y atención sanitaria en el medio rural. El resultado electoral ha sido demoledor para Vox. Por primera vez, un barón del PP frena su ascenso de forma clara.

Fuentes del PP atribuyen el frenazo de Vox al desgaste por los bloqueos en Extremadura y Aragón, a las disputas internas y, sobre todo, a que Mañueco ha demostrado que se puede gobernar con ellos… y sobrevivir sin ellos.

Ahora Génova toma nota: negociar desde la fuerza, con un marco nacional que deje claro quién lidera. Alberto Núñez Feijóo reaccionó rápido. El lunes 16 reunió a su equipo en Génova y el mensaje fue directo: "Las urnas obligan a pactos sólidos liderados por el PP".

El 'efecto Mañueco' ha abierto la puerta que Vox mantenía cerrada.

Las generales de 2027

El cambio de tono en Vox es notable. Hace semanas Abascal advertía de "dificultades" con el PP, pero tras el resultado de este domingo, el discurso es otro y ha mostrado su voluntad de entrar en los gobiernos. El techo electoral les ha obligado a moderar sus exigencias.

Pero el foco no está solo en las tres comunidades. Está en la Moncloa. Feijóo ha repetido que el 15-M sería clave para el ciclo. Ahora lo refuerza: Castilla y León demuestra que el PP puede absorber voto de centro, frenar a Vox y mantener opciones de pacto sin parecer débil.

Si Mañueco cierra un acuerdo estable en semanas, el mensaje nacional será potente: PP y Vox contra Sánchez, pero con los populares al mando.

Génova ya trabaja en un documento marco con líneas rojas claras en inmigración, fiscalidad, vivienda y clima, pero sin cesiones en igualdad o memoria. Para Vox el panorama se complica, ya que Abascal aspiraba a poder imponer sus condiciones más duras.

El 'efecto Mañueco' le ha recordado que, sin crecimiento, su influencia cae. Si en las generales se repite el patrón, con un PP fuerte y un Vox estancado, los de Abascal pasarán de amenaza a apoyo secundario.

El bloque de derechas, cuando se coordina, gana terreno. Y Castilla y León, feudo histórico del PP y en el que gobierna ininterrumpidamente desde hace 39 años, vuelve a ser laboratorio y supone el primer frenazo real al ascenso de Vox.

Los pactos se aceleran

El presidente de la Junta se ha convertido en el ejemplo del dirigente autonómico del PP que crece absorbiendo voto moderado, contiene a los de Abascal y mantiene abierta la puerta de los pactos sin parecer rehén.

Mañueco, el barón popular que sobrevivió a la coalición más polémica de los últimos años en España, ha demostrado que la gestión tranquila también gana elecciones.

Ahora Vox debe decidir entre aceptar un rol más subordinado o arriesgarse a quedar fuera de gobiernos clave y pagarlo en las próximas elecciones.

Feijóo prepara la foto: tres presidentes autonómicos sellando acuerdos con Vox… pero con el PP al mando. La mecha está encendida. Los pactos llegarán pronto. Y cuando lleguen, no serán solo noticia autonómica sino que serán el ensayo de lo que puede pasar en las generales.

Porque, como dijo Mañueco mirando a cámara la noche del 15 de marzo: "Los ciudadanos han hablado". Y lo que dijeron fue que el PP manda… y a Vox, de momento, le toca adaptarse.