Región

San Isidro, de antiguo hospicio a barrio residencial

25 marzo, 2018 11:29

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca a través de los recuerdos de niñez de sus habitantes.

Hoy es el turno para San Isidro, denominado así por la iglesia del mismo nombre, un barrio surgido, al igual que Delicias, a mediados del siglo XX durante el proceso de ensanche de la ciudad hacia el norte tras la Guerra Civil. Así, tras el transcurso de la contienda bélica, la zona era un conjunto de huertas alrededor del Colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Poco a poco se fueron construyendo casas bajas en torno al antiguo Hospicio de San Rafael, hoy convertido en residencia para la tercera edad. Así lo recuerda Ramiro Sánchez, quien a sus 87 años lleva casi medio siglo residiendo en San Isidro, casi desde su origen.

Plaza de Trujillo con el antiguo mercado de abastos

Al igual que los barrios anexos, la mayoría de sus habitantes trabajaban en la estación de ferrocarril y las fábricas del Alto del Rollo. Era, por tanto, una zona obrera, humilde, que con el ‘boom’ de la construcción en los años sesenta y setenta del siglo XX fue viendo cómo las casas de planta baja se transformaban en altos edificios. Entre medias, un mercado de abastos en la plaza de Trujillo, epicentro comercial de la zona, “los ultramarinos, las clásicas tiendas donde comprábamos de todo, he llegado a pagar en reales”. Pero este edificio también sucumbió al progreso y la propia evolución del comercio, quedando en desuso hasta que Caja Duero lo transformó a comienzos del siglo XXI en un moderno centro de ocio y cultura. “Había un garaje y aparcábamos allí los coches, ahora no hay sitios en las calles”, recuerda Ramiro Sánchez.

San Isidro era un barrio tranquilo, “nos conocíamos todos, era la vida como en un pueblo, cuando no te encontrabas con el vecino en los ultramarinos era en la calle, donde se hacía mucha vida, ahora está todo el mundo metido en sus casas”. Los niños jugaban a la pelota junto al colegio de las Esclavas, las niñas a la comba y otros juegos femeninos, porque antaño los roles de género estaban muy diferenciados, en una sociedad donde la igualdad era una utopía. Y los jóvenes, en busca de mozas residentes en las Esclavas, colegio únicamente femenino hasta hace poco más de un cuarto de siglo.

Un barrio, pequeño en su extensión, desde el Camino de las Aguas hasta el hoy parque Picasso, donde también destacaban sus fiestas de verano. “Las verbenas eran espectaculares, hasta los niños iban, se juntaba toda la familia, era un auténtico festejo, no como ahora, que van más músicos que espectadores”, recuerda Ramiro Sánchez. Es el sino de los tiempos, que también han convertido a San Isidro en una zona meramente residencial.