Mañueco, subido a un tractor durante la presentación de la caravana electoral

Mañueco, subido a un tractor durante la presentación de la caravana electoral Rubén Cacho / ICAL

Opinión Puntadas con hilo

PP y Vox a la conquista del voto rural

La campaña electoral que vienen desarrollando Feijoó-Mañueco y Abascal-Pollán por la conquista del voto de las pequeñas poblaciones se ha convertido en una lucha cuerpo a cuerpo.

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Sherlock Holmes hubiera aspirado con lentitud su pipa, a la par que observaba las fotos publicadas estos días atrás en los medios informativos y con sus buenas dotes para manejar su magistral método deductivo que aplicaba a casos difíciles de resolver, habría concluido que el Partido Popular y Vox están lanzados a la disputa y conquista del voto rural. Incluso habría adelantado su intuición al Doctor Watson.

No es necesario poseer las destrezas del genial detective de la ficción para presentir que en las elecciones autonómicas que en Castilla y León se celebrarán este próximo domingo, las dos formaciones políticas de la derecha española han trazado un plan para hacerse con santo y peana de los votos que aportan los pequeños municipios de la comunidad autónoma, que son centenares.

Incluso pudiera parecer paradójico, pero PP y Vox están dispuestos a destrozar muchos de los axiomas de la ciencia política. Por supuesto que pelean para ganar voto rural el PSOE y los partidos regionalistas o provincialistas como UPL, Por Ávila y Soria ¡Ya!.

Sin embargo, la pugna PP y Vox tiene tintes delibesianos por el entorno de “terruño” donde tiene lugar el duelo al sol entre populares y abascalianos. La marcha del campo y la despoblación son tan descarnados como describió Delibes en su novela El disputado voto del señor Cayo.

Las relaciones entre el tipo de hábitat y el comportamiento del electorado de Castilla y León, desde que el Partido Popular lograse el gobierno de la comunidad autónoma con aquella lejana victoria de José María Aznar, permiten deducir sin poseer la pericia de Sherlock Holme, que los populares han “reinado” durante décadas en el veredicto de las urnas de los territorios rurales de la comunidad autónoma.

La campaña electoral que vienen desarrollando Feijoó-Mañueco y Abascal-Pollán por la conquista del voto de las pequeñas poblaciones, se ha convertido en una lucha cuerpo a cuerpo. Ya dicen los estrategas militares que el terreno lo ocupa la infantería.

Para las elecciones de este domingo, incluso los “generales” de cuerpo de ejército como Feijoó y Abascal han abandonado sus cuarteles para pisar primera línea de fuego.

Los teóricos de la ciencia política quedarían patidifusos ante semejante táctica. El voto urbano -aún solo siendo por la superioridad numérica de los electores- resulta de vital importancia como motor de los grandes “vuelcos” políticos.

Así sucedió a nivel nacional con la pérdida del gobierno por parte del PSOE y la primera victoria en las urnas de José María Aznar. El sentido del voto de los habitantes de grandes núcleos urbanos contribuyó de forma decisiva al cambio de inquilino en el palacio de la Moncloa.

Los populares habían ya logrado hacerse dueños de las almenas de los bastiones de muchas de las grandes o emblemáticas capitales españolas en las previas elecciones municipales de 1995, que otorgó visibilidad a aquellas combativas alcaldesas del Partido Popular como Rita Barberá, Luisa Fernanda Rudi, Celia Villalobos o Teófila Martínez. Arrolladoras, lograron convertirse en estrellas de los platós de televisión.

El Partido Popular de Castilla y León parece temeroso por la tempestuosa irrupción de Vox en el ámbito rural de la comunidad. Es evidente que Abascal ha demostrado ser capaz de movilizar adhesiones en su gira de visitas a municipios castellanos y leoneses, incluso capitales de provincia.

Los populares han “contraatacado” con visitas de Feijoó a zonas territoriales de economía agraria. Tanto PP como Vox son conocedores que el voto rural ha venido demostrado en Castilla y León que siempre es capaz de movilizarse con mayor fuerza y fidelidad que el urbano.

Los expertos demoscópicos afirman que el primero resultará diferencial en las elecciones del 15M. Unos puñados de votos pueden decidir la atribución de un escaño a uno u otro partido, en virtud de nuestro sistema electoral que rige el método D'Hondt.

Por ese atascadero caminan Feijoó-Mañueco y Abascal-Pollán, como aquellos militantes partidarios que entraron en tropel en la imaginaria aldea burgalesa de Cureño para camelar al señor Cayo.

PP y Vox deberían reflexionar que a pesar de su combate agrio y a la greña Castilla y León sigue desesperanzada en la misma tragedia contemporánea que narra Delibes: el abandono del campo.