El humo se eleva tras un ataque aéreo en el centro de Teherán, Irán

El humo se eleva tras un ataque aéreo en el centro de Teherán, Irán EFE

El campo

De Castilla y León a las carreras de camellos de Dubái: la guerra de Irán pone en jaque el negocio más exótico del campo español

Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos importan cada año más de 280.000 toneladas de alfalfa española para alimentar a caballos pura sangre y camellos de carreras valorados en millones de dólares.

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La escalada militar en Oriente Medio, iniciada el pasado 28 de febrero con la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha provocado el cierre virtual del Estrecho de Ormuz y ha paralizado el tráfico marítimo hacia los puertos del Golfo Pérsico, golpeando de lleno a un sector estratégico del campo en Castilla y León: la producción y exportación de alfalfa deshidratada.

Castilla y León se mantiene como una de las regiones más relevantes de España en este cultivo, situándose habitualmente en el segundo o tercer puesto nacional tanto en superficie cultivada como en volumen producido.

Aunque el Valle del Ebro concentra la mayor parte de la producción española, la Comunidad aporta decenas de miles de hectáreas, muchas de ellas equipadas con regadíos modernizados y sistemas eficientes que aseguran un forraje de elevada calidad, muy valorado en los mercados internacionales.

La alfalfa castellana y leonesa comparte con la del resto del país su alto contenido proteico y su excelente digestibilidad, cualidades que la han convertido durante décadas en el alimento predilecto de veterinarios y gestores de cuadras de élite en la Península Arábiga.

Este forraje se destina principalmente a caballos pura sangre árabe de competición, ejemplares de enduro de alto rendimiento y camellos de carreras, animales cuyo valor alcanza millones de dólares en hipódromos de Dubái y Abu Dabi o en las pistas nacionales de Arabia Saudí.

280.000 toneladas de alfalfa

Precisamente Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos absorben más de 280.000 toneladas anuales de alfalfa española, lo que equivale a cerca del 40% del total exportado, y una proporción significativa de ese volumen sale de las explotaciones y plantas deshidratadoras de Castilla y León. El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha suspendido o desviado envíos clave justo en el arranque de la campaña.

Las grandes navieras, como Maersk y Hapag-Lloyd, han anunciado la suspensión de operaciones en la zona hasta nuevo aviso, mientras que las rutas alternativas, como la que rodea el Cabo de Buena Esperanza, añaden hasta veinte días de navegación y encarecen los fletes en más de un 256%, lo que convierte muchos contratos en inviables desde el punto de vista económico.

En Castilla y León, donde las balas deshidratadas representan la gran mayoría de las exportaciones nacionales y los pellets completan el resto, el impacto ya se deja notar con fuerza. Agricultores, cooperativas y plantas deshidratadoras acumulan stocks, sufren retrasos en los pagos y enfrentan el riesgo de pérdidas importantes si la crisis se prolonga.

Esta interrupción amenaza con erosionar la posición privilegiada que el sector ha construido en el mercado árabe durante décadas, ya que los compradores podrían buscar proveedores alternativos para garantizar el abastecimiento continuo a sus instalaciones de élite y eventos deportivos.

Un "esfuerzo de décadas"

Ante esta situación, COAG ha calificado el momento como una emergencia comercial de primer orden y ha reclamado al Gobierno de España y a la Junta de Castilla y León una respuesta inmediata y coordinada.

La organización exige la habilitación urgente de líneas de avales y aplazamientos financieros para los productores y cooperativas afectadas por la paralización de envíos al Golfo, gestiones diplomáticas que aseguren la continuidad de los contratos vigentes con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, y la reapertura de una mesa de crisis sectorial que permita evaluar el desvío de volúmenes hacia mercados alternativos que no dependan del Estrecho de Ormuz.

Javier Fatás, responsable de Forrajes de la Comisión Ejecutiva de COAG, ha subrayado la gravedad del problema al recordar que España "exporta alfalfa por más de 400 millones de euros al año" y que, en comunidades como Castilla y León, "detrás de cada tonelada hay familias agricultoras que han invertido en modernización de regadíos, maquinaria y sistemas de calidad".

"No se puede permitir que un conflicto ajeno destruya en semanas un esfuerzo sostenido durante décadas", ha advertido. Con la campaña apenas iniciada, las pérdidas en Castilla y León podrían agravarse rápidamente si las rutas comerciales no se restablecen pronto.

El sector forrajero de la Comunidad, que constituye un pilar de renta en amplias zonas rurales, reclama medidas decididas para amortiguar el golpe y preservar este negocio singular que une las llanuras castellanas y leonesas con las pistas de competición del Golfo Pérsico.